< April 10, 2011 >

Comentario del San Juan 11:1-45

 

Este es el cuarto en una serie de encuentros con Jesús en el libro de Juan esta Cuaresma, y ofrece otro texto largo y maravillosamente desarrollado para la predicación.

El camino cuaresmal, que nos ha llevado a través del Valle de Sombra de Muerte en el domingo cuarto, ahora nos lleva a los huesos secos de Ezequiel 37:1-14 y la tumba de Lázaro y el don de la vida de la muerte.

Aunque la culmina con la resurrección de Lázaro, también es la historia de sus hermanas, Marta y María, y su experiencia de dolor y ausencia. Jesús no viene inmediatamente cuando ellas llaman, y las dos le dicen que su hermano estaría vivo si no hubiera retrasado. Como es una historia de lamento al principio, será últimamente una historia de la resurrección y la vida.

También es una historia sobre el amor. La familia de Betania, con "uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba" de la segunda mitad del Evangelio, son los únicos individuos en Juan quién Jesús específicamente se dice amar (11:5). Jesús ama a "los suyos" (13:1, 34), y el Hijo ama al Padre (14:31), y Jesús ama a Marta, María y Lázaro. Entonces esta historia, también, se acerca de eso -- lo que significa estar en una relación con Jesús, lo que significa amarlo y estar amado por él.

Amor es vinculado inextricablemente a muerte en Juan ("Nadie tiene mayor amor que este..." 15:13; "De tal manera amó Dios al mundo..." (3:16), y también es verdad en la historia de esta familia. Su relación con Jesús no significa que cosas malas no ocurren. Él no previene la muerte de Lázaro. Pero él es últimamente presente a ellos, y Dios es glorificado aún en una situación que parece llena de dolor, y esta familia querida es parte de la gloria de Dios.

Marta y María también aparecen en Lucas 10:38-42 pero sin mención de su hermano Lázaro. En la narración de Juan, ellas aparecen otra vez al comienzo del próximo capítulo cuando ofrecen una cena para Jesús en la que Marta sirve, Lázaro está vivo y bien y en la mesa con Jesús, y María unge los pies de Jesús con perfume caro y los limpia con su pelo en un acto de amor extravagante, que Jesús identifica como preparación para su entierro. La familia se identifica en 11:2 con una referencia al acto de María. (Nota que en Juan es esta María que unge los pies de Jesús, no María Magdalena, quien es de Galilea y nunca se dice ungir en cualquier Evangelio.)

Al principio de la narración Jesús está en refugio al otro lado del Jordán después del segundo intento de apedrearlo en Jerusalén al fin de Juan 10. Cuando les dice a sus discípulos que regresarán a Judea, se oponen a base del peligro para Jesús. Uno de las confusiones típicas en diálogos de Juan sigue cuando Jesús dice que despertará a Lázaro y los discípulos protestan que si está dormido, estará bien. La referencia a caminar durante el día en la luz del mundo que recuerda del pasaje la semana pasado cuando Jesús dice que ellos deben hacer los actos de él que lo envió mientras es de día y Jesús, la luz del mundo, está presente.

La escena siguiente ocurre cerca del pueblo de Betania mientras Jesús se acerca. Marta saluda  a Jesús e inmediatamente lamenta su tardanza porque ella sabe que podría haber salvado la vida de su hermano. Su conversación culmina en uno de las declaraciones "Yo soy" de Jesús más reconfortante. No es que su hermano levantará otra vez en la resurrección en el último día, una creencia común entre los judíos del primer siglo, pero que Marta, de hecho, está cara a cara y es amada por el uno quien es en sí mismo la personificación de vida. Marta responde con una confesión de fe, que a veces se considera el equivalente en Juan a la confesión sinóptica de Pedro en Cesarea de Filipo (también ver la declaración de Pedro en Juan 6:68-69).

En la próxima escena Marta ha regresado a la casa para recoger su hermana, quien sale rápidamente y le encuentra a Jesús en el lugar donde le encontró a Marta. María se cae a sus pies, donde la vemos también en la historia de Lucas y donde estará al principio de Juan 12:1-8, que prefigura el lavado de pies en 13:5 cuando Jesús estará a los pies de ellos que ama.

El lamento de María repite el de Marta pero sin mencionar el poder de Jesús de ayudar. María no razona; solo llora. Jesús, quien llorará también, se estremece en espíritu y se conmueve. El primero de estos verbos tal vez incluye un elemento de ira o indignación.

El segundo verbo se usa otra vez cuando el alma de Jesús está preocupada al llegar su hora en 12:27 y después en 13:21 para describir el alma cuando anuncia que uno de suyos lo traicionará. Jesús lo usa otra vez en 14:1 y 27 cuando les dice a los discípulos que no se turben sus corazones a su salida. Los dos verbos combinan aquí para describir la emoción humana más profunda. Aún él que es sí mismo la resurrección y la vida está muy inquieto a pensar de dolor y muerte humano.

En la escena final las hermanas llevan a Jesús a la tumba y, después de expresar inquietudes razonables, que indican que no pueden  imaginar lo que va a pasar, ellos quitan la piedra, Jesús llama a Lázaro, y por supuesto, Lázaro sale.

Lo que pasa después, aunque no está en este texto leccionario, es esencial para entender el pasaje. Aunque unos espectadores creen, otros reportan a Jesús a las autoridades, y es sobre esta base que deciden definitivamente a ejecutarlo. El camino a la cruz y la tumba de Jesús empieza aquí donde Jesús  cariñosamente da vida al mundo. Ellos intentan matar a Lázaro también después de filtrarse su historia (12:10-11).

Tener una relación con Jesús significa enfrentarse a la muerte y el dolor con él y aprender que todavía, a pesar de la muerte y la sequedad y la finalidad de la puerta a la entrada de la tumba de nuestras esperanzas, Jesús todavía es la vida. Nada puede ser tan muerto que lo previene de ser esa en sí mismo y para nosotros. Y en Juan esa vida no es solamente una esperanza futura. La vida abundante es para siempre.

Mientras nos acercamos a la Semana Santa, tener Jesús en nuestras tumbas también significa que debemos seguirlo a la suya. Debemos soportar el silencio de su sábado mientras soportamos los silencios de nuestros propios. Pero los soportamos, ya sabiendo sin duda que domingo vendrá, que cuando caminamos en el jardín de nuestro dolor, lo encontramos de nuevo.