< April 05, 2020 >

Comentario del San Mateo 27:11-54

 

¿Quién es Jesús?

Este capítulo de la pasión según San Mateo despliega múltiples posibles identidades de Jesús por boca de diferentes personajes. Cada declaración revela lo abierto o cerrado que la persona o grupo están ante el testimonio que Jesús da de sí mismo. ¿Es Mesías, Rey de los Judíos, Hijo de Dios? ¿Es culpable o inocente de una blasfemia, o sencillamente de sobrepasarse y atribuirse una identidad más exaltada de lo que amerita su condición de carpintero? La identidad de Jesús sería un tema muy serio para los judíos cristianos que recibieron el evangelio de Mateo en el primer siglo de nuestra era. Esta comunidad de creyentes estaría implicada en la polémica que se suscitó entre ellos y los demás judíos sobre la interpretación de la identidad y vocación de Jesús.1 Del mismo modo, en nuestra época, este evangelio reta al lector o a la lectora para que respondan a la inquietud ¿Quién es Jesús para ?

¿Qué nos dice el evangelio acerca de la identidad de Jesús? El evangelio de Mateo abre y culmina con sueños que identifican a Jesús. Los sueños en el mundo de la Biblia frecuentemente son momentos sagrados a través de los cuales Dios habla con los humanos. En el primer capítulo, José, el prometido de María, recibe un sueño en el cual Dios lo anima a que no rechace a su prometida. En esta intervención divina, la voz de Dios afirma la identidad de Jesús. “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (1:21-22). Mateo representa a José como un judío fiel que pertenece al linaje de David. Esta es una de las razones por las cuales, en el transcurso del evangelio, a Jesús también se lo llama “hijo de David.” Sin embargo, en el caso de Jesús este término adquiere un sentido más amplio:

Mateo maneja su material para relacionar la unción y la sanación con su título “Hijo de David.” Hace esto para presentar a Jesús como el “Cristo” ungido, el Hijo de David que ha venido a sanar y que es en este respecto (y otros), mayor que su padre David.2

El título “hijo de David” desaparece en el relato del juicio de Jesús ante Pilato que se nos cuenta en el capítulo 27 y se destaca en cambio el nombre “Rey de los judíos.”

En el relato de la pasión nos enteramos de un sueño que viene a través del testimonio de una mujer gentil, la mujer de Pilato (v. 19). Este sueño dirigido a una mujer gentil tiene un antecedente importante. Los reyes magos, que aparecen al principio del evangelio de Mateo, son gentiles, guiados por Dios a través de los sueños (2:12):

Los contextos de estos dos sueños son sorprendentemente similares. En cada caso, el sueño tiene lugar en relación con un complot oficial para matar a Jesús. En el caso de los magos, esto incluye al representante oficial del gobierno romano, el rey Herodes, que ha “reunido a todos los jefes sacerdotes y escribas del pueblo” (2:4).3

Estos hombres gentiles buscaban al niño Jesús cuya estrella seguían y al cual le dieron la identidad “rey de los judíos” (2:2).

La designación de Jesús como “rey de los judíos” desaparece después por completo del evangelio hasta que aparece de nuevo en el relato de la pasión. Reaparece en el contexto del complot oficial para ejecutar a Jesús. En esta situación, la esposa de Poncio Pilato, incomodada por un sueño, le envía un mensaje a su esposo: “Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: ‘No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de él’” (v. 19). La mujer no sitúa a Jesús dentro de la historia de los poderosos de Israel, pero sí da testimonio de la inocencia de este desconocido ante su esposo.

¿Por qué surge de nuevo el título “Rey de los Judíos” durante el juicio de Jesús ante Pilato? La posición social de una persona en el tiempo de Jesús dependía del ambiente en el cual había nacido, pero también de la honra que adquiriera por sus acciones. Jesús, un pobre artesano carpintero, no tenía una posición muy elevada. Sin embargo, su honra había crecido por su enseñanza, la sanación de los enfermos y su apoyo a las personas pobres y de poca honra. Al entrar en Jerusalén, la multitud lo aclama diciendo “¡Hosana al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!” y “Este es Jesús, el profeta, el de Nazaret de Galilea” (21:9-11). El evangelio nos dice que los enemigos de Jesús temían a la muchedumbre porque la gente lo consideraba un profeta (21:46). La creciente honra de Jesús amenazaba a los gobernantes del pueblo, y por lo tanto buscaban una manera de deshonrarlo.

Para destruir la honra de Jesús, los gobernantes (sacerdotes, escribas y autoridades romanas) llevaron a cabo un ritual de degradación.4 En un proceso público como este, la honra de una persona es planteada de nuevo, para destruir su credibilidad e identidad pública. Este ritual incluye humillar a la persona para clasificarla como un pervertido social, o sea, alguien que se atribuye a sí mismo una posición más exaltada de la que realmente le pertenece. En el relato de la pasión, los que participan en este ritual de degradación usan el título poderoso de “Rey de los judíos” para mofarse de Jesús, quien no parece tener suficiente poder para librarse de la mano de sus enemigos. Pilato abre el juicio con una pregunta: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Y Jesús contesta: “Tu lo dices” (v. 11). Para el romano, esta es una pregunta política en el sentido de que solamente el emperador de Roma podía aprobar y apoyar el reinado de sus vasallos. Este pobre carpintero no tenía el nivel social para atribuirse a sí mismo la identidad de rey. Pilato se burla no solamente de Jesús, sino también de los sacerdotes, los escribas y la muchedumbre. Al dirigirse a los que piden la crucifixión de Jesús, Pilato usa otro nombre, “el Cristo,” o sea, Mesías, cuando les pregunta: “¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?” Pilato usa un título que significa ungido y que tradicionalmente proyectaba la liberación del pueblo de Dios de sus opresores.

El ritual de degradación continúa. El nombre “rey de los Judíos” también ocurre en la boca de los soldados romanos que se burlan de Jesús vistiéndolo e imponiéndole una corona de espinas (vv. 28-31). Además, “también los principales sacerdotes, junto con los escribas, los fariseos y los ancianos, se burlaban de él y decían: ‘A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él’” (vv. 41-42). Los romanos también lograron burlarse de los propios judíos, al ponerle un rótulo a Jesús crucificado, desnudo, en condición de esclavo: “¡Salve, rey de los judíos!” (v. 27).

La ironía es una técnica literaria por la cual el significado completo de las palabras y acciones de un personaje son claras para la persona que lee, pero desconocidas para algunos de los personajes en la historia. Todos los títulos usados para burlarse de Jesús—hijo de Dios, Mesías, Rey de los Judíos—revelan su verdadera identidad. Por lo tanto, los que claman por la muerte de Jesús son cómplices en la destrucción del mismo Mesías que tanto esperaban. La ironía también se nota en el caso de los gentiles, pues los mismos soldados que se burlaban de Jesús antes de la crucifixión, son los que reconocen su verdadera identidad y declaran “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (v. 54).

¿Quién es Jesús para mí?  Esta pregunta interpela al lector o a la lectora de la pasión según San Mateo. El evangelio nos proporciona un rico tapiz donde podemos buscar la identidad de Jesús en cada momento de nuestras vidas—Hijo de David, Rey de los Judíos, Mesías. Pero, ¿aceptamos a Jesús Mesías, Hijo de David, Rey de Israel, tanto en el sufrimiento como en el gozo? Nuestra respuesta a la pregunta de quién es Jesús toca cada momento en que damos testimonio de vida. Nuestra vida habla, porque manifiesta consciente e inconscientemente la imagen de Jesús que habita en nuestro ser y esta se manifiesta en palabra y acción.


Notas:

1. Raymond E. Brown, The Death of the Messiah, From Gethsemane to the Grave, Volume 1: A Commentary on the Passion Narratives in the Four Gospels (The Anchor Yale Bible Reference Library: New York, Doubleday, 1994), 61.

2. Kim Paffenroth, “Jesus as Anointed and Healing Son of David in the Gospel of Matthew,“ Biblica, 80, 4, 1999, 554. Traducción de R. Furst.

3. Patrick Henry Reardon, “The Wife of Pilate,” Touchstone: A Journal of Mere Christianity, 22, 3, 2009, 48. Traducción de R. Furst.

4. Bruce J. Malina and Richard L. Rohrbaugh, Social Science Commentary on the Synoptic Gospels (Fortress Press: Minneapolis, 2003), 412-13.