< April 21, 2019 >

Comentario del San Juan 20:1-18

 

El sábado terminó con el entierro de Jesús.

El domingo, primer día de la semana, abre un nuevo capítulo con tres escenas.

Primera escena (vv. 1-2):

María Magdalena se levanta “de mañana, siendo aún oscuro” y va sola al sepulcro. María Magdalena, según los evangelistas, no era prostituta. Esa identificación equivocada surge mucho más tarde, en la Edad Media. Más probable, según San Lucas, es que María Magdalena fuera la mujer sanada por Jesús de unos demonios (Lc 8:2). El evangelista San Juan, en coincidencia con los evangelios sinópticos, la presenta como la primera discípula que va al sepulcro después de que termina el sábado. Es ella quien proclama al Jesús resucitado (v. 18).

No sabemos por qué María se acerca al sepulcro tan temprano. El trabajo de cuidar al cuerpo ya había sido hecho por Nicodemo y José a la noche. Ellos habían untado el cuerpo con “cien libras” de mirra y áloes y lo habían envuelto “en lienzos con especies aromáticas” (Jn 19:39-40). Si María no se acerca para cuidar el cuerpo, ¿qué (a quién) está buscando? Los ángeles se lo van a preguntar en la tercera escena, pero por el momento, María es la primera testigo del sepulcro vacío. ¿Quería ver a Jesús? ¿Quería ver si todavía estaba ahí? ¿Será que ella creía sin saber? La primera escena termina con María corriendo a anunciarles a Pedro y al discípulo a quien Jesús amaba que no sabía a dónde se habían llevado al cuerpo de Jesús.

Segunda escena (vv. 3-10):

La segunda escena empieza con una carrera de los dos discípulos al sepulcro.1 El amado le gana a Pedro (v. 4) y llega primero al sepulcro. Pedro llega segundo, pero es el primero en entrar al sepulcro. El amado entra segundo. Pero el amado es quien “vio, y creyó” primero (v. 8). Gail O’Day pregunta cómo puede un discípulo ver el sepulcro vacío y creer sin saber qué le ha pasado al cuerpo. Respuesta: el discípulo amado creyó las promesas de Jesús mientras enseñaba (14:1-3, 18-20, 23, 16:33).2 Cree sin ver el cuerpo resucitado. Después de una muerte tan violenta y profundamente dolorosa, “creer sin saber” lo que ha pasado es una tremenda demonstración de fe. Pero no es la única demonstración de fe en las tres escenas.

No obstante, ni Pedro ni el discípulo amado “habían entendido la Escritura” por completo según Juan (v. 9). Su reacción al encontrarse con el sepulcro vacío es, simplemente, volver “a los suyos” (v. 10). En esta segunda escena, vemos que con cada discípulo/a que se acerca “corriendo” al sepulcro (María llega primero, el amado segundo y Pedro tercero; el amado entra primero, Pedro segundo y María se queda afuera), otra posibilidad para creer se ofrece. En estos pasos de cada discípulo/a acercándose al milagro del sepulcro vacío, San Juan nos está llevando a sus oyentes—y a nosotros/as—más y más cerca de la verdad de Jesús, no solo de su muerte, sino también de su resurrección y glorificación. Anunciamos con María que “no sabemos dónde lo han puesto” (v. 2); vemos con el amado “los lienzos puestos” (v. 5); entramos con Pedro y creemos con el amado sin entenderlo del todo (vv. 6-9). Y damos un paso final a la creencia y al entendimiento cuando escuchamos el testimonio de María “de que había visto al Señor” (v. 18).

Según el evangelio de San Juan, algunas personas se quedan creyendo en Jesús después de mantener una conversación con él (Nicodemo, la mujer samaritana, el ciego, Marta, etc.) Aquí, tres discípulos/as—una mujer y dos hombres— vienen corriendo a buscar a Jesús. Cada discípulo/a llega un poco más cerca de la verdad, pero no lo entienden por completo hasta la tercera escena. Tampoco han “visto” a Jesús. Los dos hombres se van del sepulcro sin entender por completo.

Tercera escena (vv. 11-18):

María tampoco entiende, pero se ha quedado cerca al sepulcro. Llora y sigue buscando a Jesús—dentro del sepulcro. Habla con ángeles, casi sin prestarles demasiada atención. Distraída, entra en una conversación con Jesús sin saberlo. Nota Bene: no pasemos demasiado tiempo buscando a Jesús en una tumba, sin dar la vuelta y mirar con María Magdalena en la otra dirección.

Cuando María ve a Jesús, a quien ella estaba buscando, no lo reconoce. No lo reconoce hasta que, como una oveja fiel llamada por el buen pastor (10:1-5), le escucha pronunciar su nombre, “¡María!” (v. 16).

Mientras tanto, sigue la conversación, y María piensa que está hablando con el jardinero.

Hagamos una pausa. ¿Cuándo nos detenemos a hablar en serio con un jardinero o a prestar atención a una conversación entre un jardinero y una campesina? Los jardineros o campesinas  hacen crecer las plantas que comemos, las frutas que saboreamos, las flores que embellecen las calles y los árboles que dan la sombra que refresca. Disfrutamos de su trabajo en los ritmos de vida y muerte. Por su actividad, ¿no son ellos, un jardinero o una campesina, personas expertas en resurrección?

Conocer a Jesús resucitado es más que cuidar el cuerpo o ver el sepulcro vacío. Es más que correr y entrar al sepulcro e incluso más que ver a Jesús resucitado. Pero cada paso de los/as discípulos/as lleva a toda la comunidad más cerca de la verdad: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (v. 17). María es el/la discípulo/a por excelencia. En la tercera escena, ella muestra el camino del discipulado fiel cuando obedece a Jesús y lleva las buenas noticias a todos/as (v. 18).

Como había prometido, Jesús no deja solos a María ni a los discípulos (Jn 14:18). Cuando encuentra a María llorando (vv. 11, 13), la llama por su nombre (v. 16). Y cambia su dolor a alegría, como lo había prometido a todos/as sus discípulos/as (Jn 16:22).

Volvamos por un instante al momento en que María ve a Jesús y piensa que es el jardinero (v. 14). En la narración, María se equivoca—todavía no reconoce al Señor. Pero en otras comunidades sí reconocen a Jesús en un jardinero. Por ejemplo, un artista en la comunidad de Solentiname, Nicaragua, pinta a Jesús resucitado como un jardinero en medio de un huerto voluminoso, lleno de flores tropicales, árboles llenos de frutas, y plantas exuberantes.3 Ver a Jesús resucitado hoy en día requiere una mente abierta. Jesús nos busca en los huertos, en los sepulcros, en nuestro dolor y luto, y en las celebraciones de nuestras comunidades. Incluso, puede ser que se nos aparezca como un jardinero. Deberíamos cuidar más a los jardineros, no solo porque trabajan primeramente con la resurrección de la naturaleza, sino porque en cualquiera de ellos podría estar acercándose a nosotros/as el propio Jesús.


Notas:

1. Esta idea me viene de un sermón que le escuché predicar a David Barlett, estimado profesor mío, en New Haven CT, Yale Divinity School, durante los años 1993-1996. Me impresionó mucho y se me ha quedado grabada esa imagen de la carrera de los discípulos al sepulcro. El Profesor Bartlett está en su resurrección y su enseñanza no ha dejado de influirnos.

2. R. Alan Culpepper and Gail R. O’Day, The New Interpreter’s Bible, vol. 9: Luke to John (Nashville: Abingdon Press, 1996), 844.

3. Philip and Sally Sharper, The Gospel in Art by the Peasants of Solentiname (New York: Orbis Books, 1984), 67.