< December 09, 2018 >

Comentario del San Lucas 3:1-6

 

Para este segundo domingo de adviento, el evangelio de Lucas nos invita a caminar con Juan el Bautista.

El domingo anterior estaba marcado por la fuerte promesa de un nuevo tiempo: “vuestra redención está cerca” (Lc 21:28). El texto de este domingo es un llamado a estar atentos, a dejarse encontrar con la salvación que Dios está gestando, a cambiar de caminos, a convertirse para la liberación de los pecados.

Presentación Profética de Juan

No es la primera vez que nos encontramos con Juan en el evangelio de Lucas. A diferencia de Mateo y Marcos, en Lucas la figura de Juan no sorprende a sus lectores/as o escuchas, sino que su presencia ya ha sido anunciada y a estas alturas es largamente esperada (1:80).

Inmediatamente después del prólogo del evangelio (1:1-4), se nos relata el anuncio del nacimiento de Juan a su padre Zacarías (1:5-25). Luego se nos relata el encuentro de Juan con Jesús, ambos aún en el vientre de sus madres Elisabet/Isabel y María (1:39-45). Continúa después con su nacimiento y circuncisión, el cántico “lleno del Espíritu Santo” de Zacarías que llena de esperanzas y expectativas, y la indicación acerca de su vida apartada en espera del tiempo apropiado para revelarse (1:57-80). Entonces, quien lee/escucha el evangelio no se encuentra en el capítulo 3 con un nuevo personaje. Por el contrario, mucho se ha dicho y se espera de él.

De hecho, hay diversos aspectos mencionados en estos capítulos previos que son relevantes para entender nuestro texto. Juan es presentado como profeta. En 1:17, el ángel Gabriel anticipa que el espíritu y el poder de Elías estarán con él, y Zacarías, su padre, lleno del Espíritu Santo afirma que será llamado “profeta del Altísimo” (1:76). Efectivamente, la presentación de Juan en 3:1-3 trae a la memoria la introducción de los libros proféticos (por ej., Isaías 1:1; Jeremías 1:1-3), confirmando así su identidad profética. Dicha identidad profética también será confirmada por Jesús en 7:26.

Sin embargo, si uno compara los vv. 1-2 de nuestro texto con las introducciones a los libros proféticos, podemos ver cómo la información importante se dilata para ser dada recién al final. El texto comienza situándonos cronológicamente, desde el poder imperial, pasando por los poderes regionales, para desembocar en el poder religioso. En este viaje desde Tiberio César hasta Anás y Caifás, la mente de quien lee o escucha no deja de hacer también un recorrido geográfico en el que vamos sumando expectativas por la acción a ser narrada. Desde 1:80, se espera la manifestación de Juan y ésta no aparece ni en los palacios gubernamentales ni en el templo, sino en el desierto.

El Desierto

El desierto no es un lugar más en la tradición bíblica. El desierto es aquel lugar del caminar entre la esclavitud y la tierra prometida, esa que se encuentra atravesando el Jordán. El desierto es donde Dios sostuvo a su pueblo con el maná y cubriéndolo con la nube; es donde Dios reveló el corazón de su Torah e hizo una alianza de comunión (Éxodo 19:4-6). Al desierto huye Elías para escapar de Acab y allí lo encuentra Dios en el “silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19). En el desierto reside Juan a la espera del tiempo de su manifestación (Lucas 1:80). Al desierto irá Jesús después de su bautismo (Lucas 4:1-13) y allí será tentado. Allí, sostenido por el Espíritu Santo, se afirmará en su misión de anunciar un evangelio de liberación a los cautivos, vista a los ciegos, libertad a los oprimidos y año de gracia del Señor (4:18-19).

El desierto no sólo es un lugar; es también un tiempo necesario antes de atravesar el Jordán. Tal vez necesitemos este tiempo de adviento para que la acción de Dios no pase desapercibida de nuestras vidas. Anthony de Mello comparte el siguiente diálogo que titula “Vigilancia”:

-¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?

-Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.

-Entonces, ¿para qué valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?

-Para estar seguro de que no estáis dormidos cuando el sol comienza a salir.1

Tal vez el segundo domingo de adviento necesite estar marcado por este estar atentos, por este prepararse para recibir lo nuevo que viene de Dios. Sólo quien espera se prepara.

Bautismo, Conversión, Liberación

El v. 3 hace una síntesis tremenda del contenido de la proclamación de Juan (el domingo próximo tendremos la oportunidad de conocer ejemplos concretos de ese anuncio). Juan proclama “un bautismo de conversión para liberación de los pecados.” Esto no es lo que dice la versión Reina Valera 1995. La versión Reina Valera dice que Juan predica “el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados,” pero para mí es preferible traducir el original griego metanoia como “conversión” y no “arrepentimiento,” pues metanoia implica una nueva comprensión, una nueva visión que conduce a una transformación. También propongo traducir el original griego áfesis como “liberación” en lugar de “perdón.”

Esta brevísima síntesis del mensaje de Juan dispara muchas preguntas para el lector/oyente y la lectora/oyente del evangelio. Esta síntesis se debe nutrir de la información que ya se nos ha dado en 1:67-79. Zacarías, lleno del Espíritu Santo, anuncia que en el nacimiento/circuncisión de Juan se da cumplimiento a la promesa divina; Dios “ha visitado y redimido a su pueblo,” levantando una fuerza de salvación (1:68-69). Es decir, hay una acción salvífica de Dios que se ha hecho presente, y esta nueva realidad posibilita una nueva visión y exige una transformación liberadora.

La segunda parte del anuncio de Juan “…para liberación de los pecados” también puede entenderse a partir de las palabras de Zacarías en 1:77. En este caso, la salvación es dada en la “liberación de sus pecados.” Al mismo tiempo Jesús, utilizará el mismo término “liberación” dos veces en 4:18 al señalar que su ministerio es para “proclamar a los cautivos, liberación…poner a los oprimidos en libertad.2

Esta acepción de áfesis es importante pues nos permite entender el verdadero rostro del pecado. Es necesario superar una mirada meramente moralista y ensimismada según la cual el pecado es aquello que ser humano hace. El pecado es algo más profundo, que apresa, mata y domina al ser humano (ver también Génesis 4:6).

En resumen, la salvación de Dios anunciada el domingo anterior, se está ya realizando. Esta acción divina que se ha ido gestando en los márgenes de Galilea (1:26), y en la región montañosa de Judea (1:39) posibilita una nueva visión. Esta nueva visión a su vez hace posible y exige una transformación de nuestra vida que libera del pecado que nos ataba y se manifestaba en ella.

Adviento es un tiempo de esperanza. Dios todavía escucha. Dios todavía habla, allá en el desierto. Esta oportunidad de Dios para la humanidad se está gestando; se trata de estar atentos, de no “estar dormidos cuando el sol comience a salir.”


Notas:

1. Anthony de Mello S. J, ¿Quién puede hacer que amanezca? (Santander: Sal Terrae, 1996), 24.

2. Esta es mi traducción. La versión Reina Valera 1995 dice: “a pregonar libertad a los cautivos…, a poner en libertad a los oprimidos.”