< December 02, 2018 >

Comentario del San Lucas 21:25-36

 

“Vuestra redención está cerca” (v. 28).

Este primer domingo de adviento nos invita a reencontrarnos con la promesa de salvación de Dios. Hay un nuevo tiempo por venir. El presente que se hace por veces agobiante y difícil de soportar y al que cuesta sobreponerse será superado por la acción salvífica de Dios hacia su pueblo sufriente. Adviento es un tiempo de esperar lo que viene. Lo que despunta en el horizonte es la salvación de Dios.

Introducción

La porción del texto que nos toca para este domingo es parte de un discurso más amplio de Jesús a sus discípulos que se inicia con la observación/admiración que les produce el templo (v.  5) y la respuesta de Jesús afirmando que será destruido (v. 6). Es un discurso que se da dentro del ámbito del templo. Los vv. 19:47 y 21:37 dan el marco de la actividad cotidiana de Jesús en el templo y 20:1 sitúa concretamente a Jesús allí. Todo parece indicar que Jesús permanece en el mismo lugar durante toda esta parte (21:1, 5).

Sin embargo, hay una clara distinción entre las palabras de Jesús en los vv. 8-24 y las de los vv. 25-36 del capítulo 21 de Lucas. En la primera parte, se habla de la destrucción del templo y de Jerusalén y de los acontecimientos alrededor de ese evento, con indicaciones bien concretas y prácticas (vv. 21-23). En cambio, a partir del v. 25 el texto se sale de esos hechos históricos concretos y localizables tanto geográfica como temporalmente y se refiere a eventos cósmicos que alcanzan a todo el mundo. Ya no se habla de Jerusalén sino de todas las naciones (v. 25); ya no abarca a esta ciudad, sino al mundo (v. 26) y no sólo a los habitantes de Jerusalén, sino a todas las personas que habitan toda la faz de la tierra (v. 35).

Los hechos de los vv. 8-24 son muy probablemente hechos ya ocurridos para “Teófilo” (primer público destinatario según 1:3), como lo son para el público actual. Si bien narrativamente Jesús ha dicho estas palabras durante su ministerio y por lo tanto antes de la destrucción del templo y Jerusalén bajo el imperio romano, el evangelio de Lucas fue escrito después de esos eventos y por eso el público destinatario ya sabe que esto ha sucedido. Esto cobra una importancia particular en la perspectiva del lector pues, al haberse ya cumplido los eventos anunciados en vv. 8-24, se nos da a entender que lo mismo sucederá con los anuncios de los vv. 25-36 que apuntan al futuro.  

Finalmente, es importante aquí hacer una digresión para dar cuenta de algunas interpretaciones sobre este texto en la realidad política actual en Medio Oriente. Lo antes dicho nos permite ver con claridad que los vv. 25-36 no tienen ninguna vinculación con Jerusalén ni con los eventos pasados, actuales o futuros de Palestina y el actual estado de Israel. Es importante no perder de vista esta perspectiva frente a lecturas que intentan por un lado confundir el Israel bíblico con el presente estado de Israel y al mismo tiempo justificar la ocupación ilegal de Palestina en términos del cumplimiento de promesas bíblicas.

Redención en el Horizonte

Nuestra porción está estructurada en tres partes. Una primera (vv. 25-28) que anuncia las señales (v. 25, que retoma el v. 7) precursoras de la venida del “hijo de la humanidad” (v. 27; la versión Reina Valera 1995 traduce “Hijo del hombre”) y culmina con un mandato al ánimo y la esperanza (v. 28). La segunda parte (vv. 29-33) está dominada por la parábola de la higuera que ilustra la unidad anterior. La tercera parte (34-36) concluye con una exhortación a estar atentos/as y perseverar.

Las señales cósmicas anunciadas en el v. 25 culminan con la venida del “hijo de la humanidad” (v. 27). Estas señales cósmicas sucederán en el sol, la luna, las estrellas y la tierra. Aquí el texto se detiene para señalar con más precisión: las naciones (etnos) en confusión, ruido del mar y las olas. Antes de hablar del desenlace de los acontecimientos (v. 27), el texto hace una pausa más para referirse a la respuesta de la humanidad (v. 26). Ésta queda sin aliento, agitada ante “el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra” (oikoumene).

En contraste, para el auditorio del evangelio (nótese el cambio de tercera a segunda personal plural en el v. 28) éste no será un tiempo de aflicción sino de redención. Por eso el mandato/exhortación a ponerse de pie. La venida del “hijo de la humanidad” es una referencia clara a Daniel 7:13 y que Lucas ha venido anticipando desde 9:26 y ha desarrollado en varias partes del evangelio: 11:30; 12:8, 40; 17:22-37; 18:8. La venida del “hijo de la humanidad” será con poder y gran gloria. Justamente la irrupción de lo divino en poder y gran gloria trae la redención, transformando el presente que es de andar abatido, cabizbajos. Así lo deja ver la exhortación del v. 28.

Perseverar en la Esperanza

Después del anuncio de las señales y de la ilustración con la parábola de la higuera, sigue una advertencia (vv. 34-35) y una exhortación (v. 36). Primero, llama a no dejarse caer en la trampa que traen la vida disipada y las preocupaciones de este mundo (ver 8:14 en la parábola del sembrador). La imagen de la trampa que estas formas de vida traen al ser humano ayuda a comprender y revisar el sentido de libertad que atribuimos a nuestras decisiones. Estos versículos nos ilustran claramente cómo algunas acciones y prácticas pueden funcionar como trampas que impiden a partir de ese momento la libertad. Hay algunas decisiones que son un fácil viaje de ida pero un entrampado viaje de regreso. Como consecuencia de esto, la exhortación es a mantenerse atentos/as, perseverantes en la fe.

Lucas ya ha tratado en varios textos la preocupación que origina la tardanza de la salvación frente a un presente difícil de sostener. La parábola sobre el mayordomo que no cumple su tarea porque “mi Señor tarda en venir” (12:45) y la parábola del juez injusto y la viuda (18:1-8) que concluye preguntándose si el “Hijo de la humanidad” “hallará fe en la tierra” (18:8) a su regreso son ejemplos concretos de esto y pueden ilustrar nuestro texto.

En conclusión, este primer domingo de adviento nos reitera la promesa de un nuevo tiempo que Dios hará para sus hijas e hijos. Es un tiempo de liberación. Esa certeza nos da ánimo, nos pone de pie y nos fortalece para permanecer firmes en la vocación en la que hemos sido llamados/as. Ánimo, la redención está cerca.