< April 08, 2018 >

Comentario del San Juan 20:19-31

 

Esta sección del evangelio de Juan nos coloca frente a las reacciones de los discípulos ante el testimonio de la resurrección que da María Magdalena.

El relato coloca algunos elementos que nos permiten palpar el trauma y el drama que viven como grupo. Al mismo tiempo es el desenlace después del anuncio de María Magdalena y nos presenta la tradición de las apariciones de Jesús a sus discípulos, a quienes ahora llama “hermanos” (Jn 20:17), en dos momentos que nos permiten profundizar en algunos elementos teológicos determinantes para Juan, y que nos abren la posibilidad de reinterpretarlos hoy, a la luz de nuestras propias experiencias y contextos.

Los exegetas Mateos y Barreto1 han delimitado esta perícopa en tres partes: “La Nueva Pascua: Creación de la Comunidad Mesiánica” (vv.19-23); “Tomás: La Fe de los que No Hayan Visto” (vv.24-29); y los versos del 30 al 31, como un “Colofón de la Vida de Jesús.” Haremos uso de esta estructura para comentar el texto, porque varios elementos en la perícopa anterior (vv.1-18) y en esta, nos dan señales de un nuevo comienzo, de una nueva creación. Es en realidad un tema recurrente en el evangelio de Juan.

Comentario

Vv. 19-23: La temporalidad es un elemento que da continuidad respecto de la perícopa anterior.  Se reitera el señalamiento de que se trata del primer día de la semana (20:1.19), pero ya no es el amanecer, sino el fin de la tarde, el principio del anochecer.2

El espacio es otro; es indeterminado y lo determinaremos como la “casa” a puertas cerradas (no sólo con llave, sino con tranca), por temor a los judíos (v. 19). El indicio de las puertas bien cerradas (v. 19) nos hace pensar que era una casa; esta situación se repetirá en el v. 26. El sentimiento de miedo ya lo encontramos en Jn 7:13 y Jn 19:38, lo que indica el medio hostil en que viven el seguimiento. Estaban reunidos todos los discípulos, excepto Tomás. En esa primera aparición o presencia del Resucitado a este grupo, él se coloca en medio de ellos. Este detalle es importante, porque es muestra de una visibilidad total. El saludo de Jesús en el v. 19b "Paz a vosotros," que se repite en el v. 21, adquiere mucho sentido para una comunidad agitada por la pérdida, el miedo y también por el anuncio de María Magdalena, que ha visto al Señor.

El Resucitado muestra sus manos y su costado herido, después del saludo de paz, y esto llena de alegría a los suyos (echaresan es el verbo en el original griego del v. 20 que la versión Reina Valera 1995 traduce como “se regocijaron”). Esta alegría ya ha sido anticipada en Jn 16:20-22 y Jn 17:13: la tristeza se volverá gozo y ese gozo será perfecto. Tres acciones se destacan en este encuentro del Resucitado con sus discípulos: el doble saludo de paz, la muestra de las marcas del crucificado, y el envío seguido del soplo para que reciban el Espíritu Santo (v. 22). De las palabras “a quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (v. 23) destacamos el uso en el original del verbo griego aphiémi que la versión Reina Valera 1995 traduce como “perdonar.” Este verbo, que es usado en Juan en quince ocasiones, significa distanciamiento o separación de un lugar, de la actividad de otro, producir una situación que deja solo a alguien, o dejar algo a alguien cuando uno toma distancia. En el caso de nuestro versículo tiene el sentido de dejar libre a alguien, declararlo libre.

Vv. 24-29: La segunda aparición a sus hermanos se da ocho días después, o sea, en el siguiente domingo. Jesús aparece en la casa, aunque las puertas están cerradas, y notemos que, a diferencia de la primera aparición de Jesús a los discípulos, no se menciona que tengan miedo de los judíos como en v.19. Nuevamente Jesús se coloca en medio de ellos, y les da la paz. Esta vez están todos, hasta Tomás llamado el Mellizo (“Dídimo” lo llama la versión Reina Valera 1995, transliterando el original griego). Ya los otros discípulos han contado a Tomás que habían visto al Señor, coincidiendo también con el testimonio de María Magdalena, que lo vio primero. El v. 25b nos cuenta lo que piensa Tomás, y por eso es comprensible que Jesús le muestre sus manos y lo invite a tocar sus heridas y palpar su costado, diciéndole “no seas incrédulo, sino creyente” (v. 27). Surge así la confesión de Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” (v. 28), que da lugar en boca de Jesús a la bienaventuranza “bienaventurados los que no vieron y creyeron” (v. 29).

Es el evangelio de Juan que nos introduce a Tomás llamado el Mellizo, para llevarnos al punto crucial del testimonio y de la fe. Marcos y Lucas apuntan más bien a la incredulidad de los discípulos al mensaje de las mujeres. ¿Por qué no cree Tomás en el testimonio de sus hermanos?  ¿Qué quiere representar la comunidad joanina a través de este personaje? Wikenhauser responde a estas preguntas con una propuesta que nos parece acertada “Con esta solemne profesión de fe de Tomás, el cuarto Evangelio alcanza su punto culminante en el aspecto teológico, y llega a lo que es su conclusión primitiva.”3

Podríamos agregar que Tomás nos invita a comprender mejor la fe, a partir del testimonio del quehacer de Jesús y de otros y otras que nos han precedido. Ya no como testigos oculares, sino por la fe y la experiencia con el Resucitado. La bienaventuranza de Jesús al respecto de quienes no vieron y creyeron, nos alcanza a muchas y muchos.

Vv. 30-31: Este cierre de la perícopa que nos ocupa hace hincapié en las otras señales/signos que hizo Jesús en presencia de los suyos (v. 30). Una clave de lectura para el evangelio de Juan son las señales, signos o “milagros” en este evangelio. Se habla de siete señales/signos a través del libro, compuesto además por una serie de discursos de Jesús. No deja de llamar la atención que encontramos expresiones parecidas a “muchas otras señales” (v. 30) en Jn 12:37 (“tantas señales”) y en Jn 21:25 (“otras muchas cosas”).

Se pone énfasis en que podamos llegar a creer por las cosas “que se han escrito” (gegraptai en el original griego), y en que unidos a Jesús podamos tener vida. El título cristológico que se da a Jesús como Mesías (“Cristo”) e Hijo de Dios tiene mayor fuerza después del encuentro con Tomás y su confesión de fe. Para el autor del libro, este título tiene especial importancia, y es confirmado en la relación filial tan íntima con el Padre.

Pistas Hermenéuticas para la Predicación

Nueva comunidad, que se constituye al colocarse Jesús en medio de ella. Si bien el dolor y el duelo les envuelven, la cercanía de Jesús y su visibilidad en medio de ellos/as, genera cercanía, comunión y circularidad. Esta nueva comunidad se verá totalmente conformada alrededor de Jesús vivo y presente, el que fue crucificado y ahora ha resucitado. 

Saludo de la paz, ¡qué importantes y tan necesarias son las expresiones de paz! El saludo de Jesús, que es usual, adquiere singular vitalidad en el contexto de la resurrección. Les comunica su paz, expresada también en Jn 14:27 y 16:33. ¡Cómo apreciamos la paz en situaciones en que el miedo y la desesperanza nos agobian! 

La misión, es dada por Jesús con el soplo del Espíritu Santo. El envío es dado de una manera sencilla y práctica. Así como él fue enviado por el Padre, el Resucitado envía a los discípulos. Ya antes les había dicho que no les dejaría solos; que enviaría al Consolador para que no quedaran huérfanos. La nueva comunidad a la que nos ha llamado el Resucitado, se alimenta y vive de la misión desarrollada en este mundo quebrado por el dolor.

Testimonio de fe, ver nos hace testigos; incluso el creer sin ver nos hace bienaventurados/as. La fe es sustentada en la cotidianidad de la convivencia con el Resucitado y su amor por la justicia.  Por eso la dimensión del perdón toca profundamente la humanidad de mujeres y hombres. Pecar es constituirnos en partícipes de las injusticias, y cometerlas. La fe pasa también por la posibilidad de la redención y de la transformación del entorno.

Tienen razón Mateos y Barreto al hablar de la nueva pascua: “Mientras podía esperarse una descripción del ‘día solemne’ anunciado en 19,31, Jn sitúa inmediatamente después de la preparación el primer día de la semana. Terminada la creación (19,30) y preparada la Pascua (19,31-42), comienza sin interrupción el nuevo ciclo: el de la creación nueva y la Pascua definitiva.”4 Esto es lo que inaugura la Resurrección de Jesús en nuestro texto. ¡Celebremos!


Notas:

1. El Evangelio de Juan: Análisis Lingüístico y Comentario Exegético (Cristiandad: Madrid, 1982), 861-884.

2. Juan no cuenta el día como los hebreos, para quienes el nuevo día comienza con la puesta del sol.

3. Alfred Wikenhauser, El Evangelio según San Juan (Editorial Herder: Barcelona, 1967), 514.

4. El evangelio de Juan: Análisis Lingüístico y Comentario Exegético (Cristiandad: Madrid, 1982), 844.