Second Sunday of Easter

Buscando la Fe en Medio del Miedo

Jesus appears to Thomas
JESUS MAFA. Jesus appears to Thomas, from Art in the Christian Tradition, a project of the Vanderbilt Divinity Library, Nashville, Tenn. 

April 23, 2017

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Comentario del San Juan 20:19-31



Buscando la Fe en Medio del Miedo

El apóstol Tomás habla solamente tres veces en el evangelio de San Juan. La primera es una declaración profunda de fe. Jesús anuncia que tiene que regresar a Judea porque su querido Lázaro ha fallecido. Los discípulos le avisan que no vaya porque “los judíos intentaban apedrearte” (11:8). Jesús está resuelto y Tomás solo—a pesar del peligro—les dice a los demás: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (11:16). La segunda vez sucede mientras Jesús enseña a los discípulos acerca del lugar que él les iba a preparar en la casa del Padre. Tomás solo responde y pregunta: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (14:5). Su sencilla curiosidad provee la ocasión para la poderosa declaración de Jesús: “Yo soy el camino…” (14:6). La tercera vez ocurre en nuestra perícopa del Segundo Domingo de Pascua. Esta es la ocasión en la que normalmente pensamos al oír el nombre de Tomás. ¿Por qué es este el momento en que pensamos en Tomás? Porque la tradición cristiana y la historia de la interpretación nos han enseñado a asociar a Tomás con el momento de duda que supuestamente ocurre en esta historia. Sin embargo, este no es el único sentido del texto. 

Primera Escena (vv. 19-23) 

De nuevo el texto litúrgico nos presenta con el tema de miedo. Juan establece el escenario con preciso detalle. Es por la noche del mismo día en que Jesús había resucitado. Hasta este momento, solo María Magdalena ha visto al Cristo Resucitado personalmente. Pedro y el otro discípulo—“aquel a quien amaba Jesús” (20:2)—han visto la tumba vacía pero “aún no habían entendido la Escritura: que era necesario que él resucitase de los muertos” y “volvieron los discípulos a los suyos” (20:9-10). Es decir, huyen y se esconden “por miedo de los judíos” y con “las puertas cerradas” (v. 19). De nuevo Jesús aparece en medio del miedo y este es el contexto en que debemos entender el episodio entero, incluso las palabras y actitudes de Tomás. 

Jesús pasa por la puerta cerrada, se encuentra con ellos/as y los/as consuela: “¡paz a vosotros!” (v. 19). Antes de comisionarlos/as, les asegura que está vivo mostrando sus heridas. Entonces respira sobre ellos/as y les ofrece el poder del Espíritu Santo. Pero Tomás no está allí. Algunos dicen que su ausencia es su error, la fuente de su duda; el hecho de que se separa de la comunidad. Aunque sea posible, sólo sabemos que él no está allí. Y sabemos que los otros discípulos se regocijan al encontrarse con el Señor, así que debe ser con gran alegría que comparten la noticia con Tomás.  

Segunda Escena (vv. 23-29) 

Una semana después, Tomás está presente cuando Jesús aparece de nuevo. Pero Tomás no cree inmediatamente. Había dicho: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré” (v. 25). Por eso lo nombramos “Tomás, el Incrédulo.” ¿Cómo podía el mismo hombre que antes había prometido tal lealtad y fe expresar ahora esta duda? ¿Pero es su duda algo tan malo? ¿Es justo pensar que él “duda”? 

Tomás pide pruebas y por eso lo llamamos “incrédulo.” La prueba que exige Tomás— ver y tocar las heridas de Jesús—es la misma prueba que habían recibido los demás discípulos. ¿Su demanda es realmente tan irracional? Tomás no puede creer porque no ha tenido la misma experiencia que los demás. Tomás no puede creer, pero sus palabras sugieren que él quiere creer. Tomás sinceramente busca la fe verdadera. Y al creer, mientras que los demás se habían regocijado al ver al Señor (v. 20), Tomás ofrece un acto de alabanza: “¡Señor mío y Dios mío!” (v. 28). 

Fe en Medio del Miedo 

Todos los discípulos tienen gran miedo después de la crucifixión y reaccionan ante el trauma de formas diferentes. Algunos se congregan, mientras Tomás prefiere estar solo. El grupo tiene una experiencia comunitaria del Cristo Resucitado en el que él les confiere una misión. Luego, Tomás tiene otra experiencia con Cristo. No es justo declarar que una sea superior a la otra. En los dos casos, se destaca la conexión entre la fe y la vista. La fe se confirma y se establece por ver algún signo de la realidad de Cristo. 

Para el grupo, el proceso es comunitario e instantáneo. Para Tomás, se desarrolla a pasos. El resultado es igual: Cristo responde a la necesidad de su pueblo de una forma que aumenta la fe y demanda responsabilidad. Tomás no es “incrédulo,” sino más bien alguien “en busca de fe.” En Tomás también se destaca la diferencia de conocimiento y fe. Él no quiere simplemente saber que Cristo vive. Quiere conocer al Cristo Crucificado. Personas en medio de las tormentas de la vida—en medio del miedo—necesitan conocer a Cristo, su consuelo, y su paz. 

Epílogo (vv. 30-31)

“Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron” (v. 29). El dialogo con Tomás termina con estas palabras de Jesús y después San Juan concluye su evangelio con un epílogo que se dirige al lector y a la lectora. Tomás—así como los demás discípulos—ha creído por ver, pero ¿qué tal de “los que no vieron”? Aunque no vean a Cristo, hay las “señales” que Juan ha “escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (v. 31). Ahora, pues, una fuente de la fe es el testimonio de las señales de Jesucristo. 

Entonces, en medio del miedo y de las tormentas de la vida, Cristo es conocido de tres formas: en la experiencia comunitaria del pueblo de Dios, por las personas que lo buscan personalmente, y por recibir el testimonio de los/as fieles. ¿Quiénes son las personas que más necesitan este encuentro hoy en día? ¿Cómo lo facilita la iglesia en sus varios contextos particulares?