< July 31, 2016 >

Comentario del San Lucas 12:13-21

 

El Texto en su Mundo Bíblico

Cada Evangelio, además de narrar la historia de Jesús desde un contexto particular, es el reflejo de la experiencia de vida de la comunidad que lo produjo.

Esto se hace particularmente notorio en el Evangelio de Lucas cuando se habla de las relaciones entre ricos y pobres, o de la administración de las riquezas, o del deber que el rico tiene de compartir sus bienes para cuidar de los desamparados. El énfasis que Lucas da a este tema nos hace pensar que la comunidad de Lucas era un grupo mixto que estaba luchando por integrarse. No solo estaba en el proceso de combatir la discriminación étnica como comunidad integrada por creyentes judíos, samaritanos y de otros grupos gentiles, sino que estaba lidiando con y tratando de sanar la brecha de la gran disparidad económica existente entre los miembros que vivían en la opulencia y aquellos que vivían en la extrema pobreza. Parte de esta realidad hace eco en algunas de las populares parábolas de Lucas, tales como “el vecino generoso” (10:25-37), “los hermanos sin herencia”1 (15:11-32), “el mayordomo deshonesto” (16:1-13), y “Lázaro y el hombre rico” (16:19-31), entre otras.

Con este contexto en mente abordamos ahora el texto de Lucas 12:13-21, o la que podemos llamar la parábola del “rico egoísta.” Una primera lectura de este texto nos permite distinguir tres posibles momentos dentro del relato: primero, la interacción de Jesús con un hombre de la multitud que le pide que intervenga en una disputa familiar, invitación que Jesús rechaza; segundo, la exhortación que Jesús les ofrece tanto a los hermanos como a la multitud, por medio de un sabio consejo en respuesta a la primera petición; y tercero, la ilustración que Jesús relata a la multitud sobre un hombre rico egoísta, para que todos y todas aprendan la lección contra la avaricia.

En los versículos previos a nuestro pasaje encontramos a Jesús en medio de la multitud, exhortándola a cuidarse de la hipocresía de los fariseos y a confesar su fe sin temor. Es en medio de esta multitud que se escucha la voz de un hombre pidiéndole a Jesús que intervenga para que su hermano comparta con él la herencia. No contamos con más detalles sobre la historia. Solo podemos especular que quizá, igual que en el caso de la parábola de “los hermanos sin herencia,” un hermano se ha gastado ya su herencia y ahora le pide a Jesús que medie para que su hermano mayor le dé una porción de la doble herencia que por ley recibía como el primogénito. Jesús rehúsa jugar el papel que cualquier otro rabino en su lugar habría podido asumir; es evidente que Jesús no quiere desviarse de su misión atendiendo a una petición posiblemente motivada por la avaricia. 

En lugar de perder tiempo en litigios, Jesús les da un consejo que constituye el punto central de la perícopa: “Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (v. 15).

Acto seguido Jesús relata la parábola del “rico egoísta,” un hombre que al parecer está solo en el mundo, y cuya su vida consiste únicamente en la abundancia de bienes que posee—con orgullo dice: “mis bienes,” “mis frutos,” “mis graneros,” “mi alma”—una vida egoísta diametralmente opuesta a lo que Jesús acaba de aconsejar. Si todo lo que tenemos son posesiones y no buscamos compartirlas, somos pobres para con Dios, pues nos hemos separado y cortado de la comunidad y del tesoro de compartir.

El Texto desde Nuestra Realidad

Resulta interesante leer los diferentes títulos que este pasaje ha recibido en varias de las traducciones de la Biblia en español: “el rico insensato,” “el rico tonto,” “el rico estúpido,” “advertencia contra la avaricia,” “el peligro de las riquezas.” Casi todos estos títulos se centran en catalogar al hombre ficticio de la parábola, pero no al supuesto personaje real que dialoga con Jesús. El título que más se acerca al mensaje central de la parábola es “advertencia contra la avaricia.”

Es impresionante la facilidad que tenemos hoy en día para adquirir bienes a bajo costo; no hace falta ser una persona rica para tener una abundancia abrumadora de bienes, y no solo de productos locales sino también de bienes que podemos adquirir de cualquier parte del mundo. Basta con observar la proliferación de negocios de self-storage (auto-almacenamiento, o también llamado servicio de guardamuebles o bauleras) que se ha dado en mi ciudad para reconocer que la abundancia de bienes nos está ahogando en nuestras casas y por lo tanto es necesario crear espacios alternos donde seguir acumulando. Cuando los bienes abundan, pero no buscamos con quién compartirlos, las posesiones pierden su sentido práctico y de servicio, y se tornan en preocupación, en carga económica, en obsesión que consume la vida.

El Texto para la Predicación

Si prestamos atención a los tres momentos que el texto nos ofrece, podemos encontrar varias semillas para la predicación. En el primer momento, cuando el hombre le pide a Jesús que intervenga en su disputa familiar, me parece interesante la petición que surge sin mayores detalles. ¿Por qué Lucas usa a este personaje? ¿Por qué el hombre busca la mediación de Jesús? ¿Acaso cree que es un caso que amerita justicia y que solo Jesús puede concedérsela? ¿Será posible que el hombre quiera manipular a Jesús moviéndolo a compasión? Jesús responde casi con indignación, como ofendido porque se le ha pedido hacer algo que no tiene nada que ver con su misión. No queda clara la razón por la que el hombre aborda a Jesús, pero sí es claro que en muchas ocasiones invocamos la ayuda de Dios para acumular posesiones. ¿De qué manera estamos buscando a Jesús?

En esta era de alto consumismo, el consejo que encontramos en el segundo momento del texto nos puede ayudar a discernir que, ya desde el primer siglo, cuando todavía el volumen de consumo de bienes no había alcanzado los niveles que hoy tenemos, las posesiones han creado la falsa ilusión de que tener más es equivalente a ser más feliz. La lucha contra la avaricia no es contra los objetos en posesión, sino contra el lugar que dichos objetos tienen en nuestro corazón. La pregunta es: ¿qué es lo que me está dando vida hoy?

Y por último, el tercer momento nos ofrece un desafío, el de responder a la pregunta: ¿qué significa ser rico para con Dios?


Notes

1. Esta parábola es más conocida como del "hijo pródigo," pero se trata de un título que resalta a uno solo de los hermanos. Por ello es que he preferido llamarla la parábola de los "hermanos sin herencia." Este título destaca en cambio el hecho de que ambos se encuentran con las manos vacías al final, uno porque ha derrochado la herencia, y el otro porque no sabía que tenía una. A pesar de que el hijo mayor permanece en casa, no se sabe heredero; al contrario, vive como esclavo de su padre, resentido por lo que su hermano ha derrochado. Esta parábola, al igual que las otras que hablan sobre la administración de las posesiones, nos muestra respuestas alternativas a la forma en que nos relacionamos con los bienes materiales y las subsecuentes consecuencias.