< June 26, 2016 >

Comentario del San Lucas 9:51-62

 

Este pasaje nos enseña sobre el discipulado conforme al plan y a la manera de Dios y sobre la actitud correcta ante el rechazo.

Descripción de la Escena

Jesús se dirige hacia Jerusalén, pues el tiempo para cumplir su misión ha llegado (v. 51). Envía “mensajeros delante de él” a hacer los preparativos para que lo recibieran en una aldea de los samaritanos (v. 52). Así como Juan el Bautista (que ya estaba preso) preparó el camino al Mesías, estos discípulos harían lo mismo, pero primordialmente en cuanto a lo que tenía que ver con hospedaje y comida. Los samaritanos lo rechazan, y los discípulos, Jacobo y Juan, en venganza, quieren usar el poder supernatural para destruirlos. Jesús los reprende y los instruye.

Conforme al Plan de Dios

En Lucas todo ocurre conforme al plan de Dios. Al dirigirse a Jerusalén, Jesús sabe lo que le espera y que ha llegado su tiempo. La expresión “afirmó su rostro” (v. 51) denota determinación ante el sufrimiento que le tocaría enfrentar.

La intención de Jesús de hacer su viaje atravesando el territorio de los samaritanos juega también un aspecto importante en la narración y en el plan divino. Apuntaba hacia la inclusión de los samaritanos en el reino de Dios.

Los judíos evitaban pasar por Samaria cuando se dirigían a Jerusalén, aunque esta era la ruta más directa. Esto se debía a que los judíos evitaban todo contacto con los samaritanos. Para los judíos los samaritanos representaban corrupción e impureza, ya que se habían viciado en cuanto a su etnicidad y a sus prácticas religiosas.1 La religión de los samaritanos estaba centrada en el monte Gerizim y rechazaban que Jerusalén tuviera algún lugar en el plan de salvación. Es por ello que no recibieron a Jesús.

A pesar de este rechazo, los samaritanos estaban incluidos en el plan divino. Más tarde en la narración, Jesús utiliza a los samaritanos como ejemplos positivos (10:29-37; 17:11-19). En el libro de Hechos, que es el segundo tomo de la historia que Lucas está narrando (Hch 1:1), vemos que Samaria pasa a ser un área donde el evangelio es recibido (Hch 8).

Observamos también que en Lucas Jesús no sólo es rechazado por los samaritanos. También es rechazado en Galilea (4:23-30; 10:13-16), por los gentiles (8:37), y en Jerusalén (9:22; 19:41-44).2 Pero Jesús continuó desarrollando su ministerio con determinación y cumpliendo el plan de Dios a pesar del rechazo.

A la Manera de Dios

Ante el rechazo de los samaritanos, los discípulos Jacobo y Juan juzgan la situación a su manera y quieren castigar a la aldea samaritana de la misma forma en que Elías en su momento había clamado que descendiera fuego del cielo y consumiera a los capitanes del rey y a sus soldados (2 R 1:10-12).

Pero Jesús trabajó con el rechazo en forma diferente, conforme al plan divino. Jesús no vino para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas (v. 56). Es por esto que reprende a los discípulos ante sus intenciones (v. 55). La actitud de los discípulos y lo que querían hacer tendría como consecuencia que todas esas almas se perderían, y no era eso lo que quería Jesús.

Falta de Entendimiento de los Discípulos

Lucas ubica este pasaje en un contexto donde los discípulos muestran una reiterada falta de entendimiento de cuál era el significado del discipulado. Cuando Jesús se transforma ante Pedro, Juan y Jacobo, estos quieren hacer una enramada para perpetuar esta manifestación (9:28-36), pero Lucas aclara que no sabían lo que decían (v. 33). Al anunciar Jesús su muerte por segunda vez (9:43b-45), los discípulos no entendieron (v. 45). Los discípulos también entraron en una discusión en cuanto a quien sería el mayor (vv. 46-48). La respuesta de Jesús es contraria a cualquier intención política y personal, y contraria también al entendimiento de los discípulos. La persona que quisiera ser discípula de Jesús debía estar dispuesta a ser la más pequeña (v. 48). En adición, cuando una persona que no era parte de los discípulos, estaba echando fuera demonios en el nombre de Jesús, los discípulos le prohibieron que lo siguiera haciendo (vv. 49-50), pero Jesús les responde: “El que no está contra nosotros, por nosotros está” (v. 50). Aunque no estuvieran de acuerdo con dicha persona, los discípulos no debían detener el avance del mensaje.

Vemos pues, en este contexto, que los discípulos no entendían el verdadero significado de su llamado. Tampoco lo entendían otras personas que intentaron seguirle (vv. 57-62) Pero Jesús constantemente los y las confronta con los principios divinos y pone en claro las implicaciones del discipulado.

Aplicación

Es bueno preguntarnos: ¿Qué actitud asumimos frente a la forma como las personas reaccionan ante el evangelio o los asuntos relacionados con Dios? ¿Qué actitud asumimos cuando rechazan el evangelio? ¿Quiénes somos para condenar o juzgar a alguien, aun cuando esa persona esté actuando en contra de los principios divinos? Debemos alinearnos al plan de Dios, que sobrepasa todas las barreras humanas, sean de nacionalidad, raza o religión.

Consideremos también: ¿Qué actitud tomamos cuando somos rechazados o rechazadas en algún aspecto de nuestra vida? Procuremos entender y trabajar a la manera de Dios con las situaciones de rechazo que la vida nos trae.

Por otro lado, ¿estamos entendiendo el verdadero significado del discipulado de Dios en nuestras vidas? Miremos el reino de Dios y sus asuntos con una mente abierta, sin intereses personales, especialmente cuando no estemos de acuerdo con otras personas que también proclaman el evangelio. Debemos procurar servir a Dios conforme a su plan y a su manera.


Notas:

1Sharon H. Ringe, Luke (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995), 149. Ringe aclara que el odio entre estos dos grupos se remonta al tiempo de la conquista de Samaria por los asirios en el siglo octavo AC. y que los samaritanos siempre sostuvieron que habían mantenido la adoración al Dios de Israel en su tierra, mientras que eran los otros israelitas (es decir, los judíos del reino del reino del sur) quienes se habían corrompido durante el tiempo del exilio. Véase Ibid.

2Robert C. Tannehill, Luke (Nashville: Abingdon Press, 1996), 170.