< June 05, 2016 >

Comentario del San Lucas 7:11-17

 

Este pasaje nos muestra la compasión de Jesús ante las circunstancias desoladoras que las personas pueden atravesar y su autoridad y poder.

Descripción de la Escena

Esta es una historia que sólo encontramos en el evangelio de Lucas. Después de sanar al siervo de un centurión gentil en Capernaúm (7:1-10), Jesús fue a la ciudad de Naín. Como de costumbre, sus discípulos y muchas otras personas lo seguían. Estando cerca de la puerta de la ciudad observó que estaba ocurriendo un evento. Iban a enterrar al hijo único de una mujer judía que era viuda. Había allí muchas personas de la ciudad.

Compasión que Conduce a un Milagro

A esta mujer ya no le quedaba ningún miembro de su familia; su esposo había muerto y ahora había perdido a su único hijo. El evangelista Lucas nos indica que en estas circunstancias “había con ella mucha gente de la ciudad” (v. 12). Este grupo de personas puede representar a la comunidad de fe de esta mujer. Pero de todas formas, con la muerte de su hijo ella había quedado sola. Esto significaba también que estaría sin la protección social y económica que el hombre daba a la mujer en la sociedad de esos tiempos.1 Cuando una mujer quedaba viuda eran los hijos quienes pasaban a dar esa protección.

En la narración, Lucas se refiere a Jesús como Señor (v. 13), lo cual apunta hacia el milagro que estaba por ocurrir. Cuando Jesús vio a esta viuda en su dolor “se compadeció de ella” (v. 13). Sus entrañas más íntimas fueron tocadas al ver su situación. En el caso del centurión de Capernaúm, este le pidió a Jesús que sanara a su siervo. La mujer viuda estaba envuelta en su dolor y es Jesús quien, sin ser requerida su ayuda, fue a ella. Es ahí cuando le dijo: “No llores” (v. 13). Pero, ¿acaso no se puede llorar cuando se está de luto? Jesús sabía por qué le decía esto. Esta era su forma de anunciar que ocurriría un milagro (Lc 8:52; 23:28).

Efectivamente así ocurrió. Jesús se dirigió al joven y le ordenó que se levantara. Al incorporarse el joven, Jesús inmediatamente “lo dio a su madre” (v. 15), pues este era su propósito cuando se compadeció de ella. Jesús restauró a este joven a la vida y a la familia.2

Resultados y Reacción ante el Milagro

Las personas de la ciudad glorificaban a Dios ante el milagro ocurrido. Jesús había actuado al estilo de los profetas del Antiguo Testamento, especialmente de Elías y Eliseo, a quienes había mencionado en Lc 4:25-27. Las personas allí presentes estaban asombradas; consideraron que Jesús era un profeta y que Dios había “visitado a su pueblo” (v. 16).

El Señor ejecutó este milagro por compasión hacia esta mujer, pero este acto divino hizo que su fama se extendiera “por toda Judea y por toda la región de alrededor” (v. 17). Después de este milagro Jesús es conocido como un gran profeta más allá del territorio judío.3

Nuestro Pasaje en su Contexto

Ya vimos que Jesús había sanado al siervo del centurión en Capernaúm antes de dirigirse a la ciudad de Naín. También es importante notar que luego de la resurrección del joven, Lucas continúa su evangelio con la historia sobre los mensajeros de Juan el Bautista que llegaron para preguntar si él era “el que había de venir” (v. 19). Como mencionamos, la fama de Jesús se había extendido grandemente. Esto llegó a oídos de Juan el Bautista, quien envió sus mensajeros a Jesús. Ante la pregunta, Jesús primero en “esa misma hora sanó a muchos” (v. 21) y luego respondió: “Haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados [énfasis añadido] y a los pobres es anunciado el evangelio” (v. 22). Todos estos milagros y actos divinos indicaban quién era Jesús.

Las personas de la ciudad de Naín reconocieron en Jesús a un profeta, pero Jesús era el Mesías que había de venir, el hijo de Dios. Jesús es el Señor, quien tiene autoridad sobre la vida y la muerte.

Lo que nos Enseña este Pasaje Bíblico

Todos los seres humanos reconocemos que muchas veces la vida es dura. Experimentamos la muerte, enfermedades y muchas otras situaciones difíciles. Consideremos lo difícil que sería enfrentar situaciones desoladoras como estas sin ninguna ayuda de Dios, sin la comunidad de fe, y sin esperanza. Pero sí hay esperanza y compasión divina en medio de estas experiencias difíciles.

Este pasaje bíblico nos lleva a preguntarnos a quién debemos ir ante las situaciones desesperantes de la vida. Tenemos un Dios que se compadece de nosotros y nosotras. Ahora bien, es bueno aclarar que Jesús resucitó al hijo de esta mujer viuda, pero no levantó a cada persona muerta. No siempre Dios actúa o responde de la misma manera, pero su compasión no nos falta. Años atrás perdí un hijo de sólo cuatro meses de vida. No hubo una sanidad milagrosa en cuanto a mi hijo. Pero ocurrió otro milagro. Dios me sostuvo y me dio fuerzas sobrenaturales en medio de mi dolor. Su compasión y cuidado están presentes hoy.

También el texto bíblico nos lleva a preguntarnos: ¿A quién reconocemos en los “milagros” de cada día? Dios está con sus hijos e hijas en todos los aspectos de la vida. En todos estos aspectos y momentos debemos identificar y agradecer la acción de Dios a nuestro favor, independientemente del medio que utilice para bendecirnos. Despertamos a un nuevo día cada mañana, mientras que para otras personas no hay un nuevo amanecer. Tenemos el sustento diario mientras hay quienes no tienen qué servir en su mesa. Disfrutamos la bendición de la familia y amistades mientras otros viven en soledad.

¡Dios es un Dios de milagros y compasión en nuestras situaciones más difíciles y en nuestro cotidiano vivir!


 

Notas:

1 Sharon H. Ringe, Luke (Louisville: Westminster John Knox Press, 1995), 101.

Ibid., 102.

3Jesús estaba en Galilea. Capernaúm y Naín pertenecen a Galilea. Hay dos posibles razones por las cuales Lucas dice que la fama de Jesús se extendió por toda Judea. La primera es la que sugiere Robert C. Tannehill, quien dice que el autor del evangelio ha usado el término “Judea” para referirse a todo el país de los judíos, incluyendo Galilea (en 4:44), y que en este pasaje (7:17) el autor hace lo mismo. Véase Robert C. Tannehill, Luke (Nashville: Abingdon Press, 1996), 128. La otra posibilidad es que simplemente desde Galilea se extendió la fama de Jesús hasta Judea.