< March 13, 2016 >

Comentario del San Juan 12:1-8

 

Este texto de Juan comienza indicándonos cuándo y dónde ocurren los hechos, quizá no con un interés puramente histórico, sino desde una clave teológica.

Se trata de una historia que también encontramos en Mt 26:6-13, Mc 14:3-9 y Lc 7:36-38. Cada evangelista presenta su propia identidad en su versión de la historia.

Tradición del texto

En dos de los evangelios se trata de una mujer desconocida (Mt 26:7 y Mc 14:3), en Lucas de “una mujer de la ciudad, que era pecadora” (Lc 7:37), y en Juan es María de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro (v. 3). También existen confusiones con respecto al lugar. Marcos, Mateo y Juan lo ubican en Betania, mientras que para Lucas habría sucedido en Galilea (al menos según Lucas 7:1 Jesús está en Capernaúm y según 7:11 en Naín, que son dos pueblos de Galilea). El anfitrión es otro dato controversial. Mateo y Marcos citan la casa de Simón el leproso (Mt 26:6 y Mc 14:3), pero en el caso de Lucas se trata de la casa de un fariseo llamado Simón (Lc 7:40). Juan, el evangelio más tardío de los canónicos, presenta una configuración independiente, sin desmerecer los datos históricos que puede contener (por ejemplo el hecho de que Judas era el tesorero del grupo de Jesús y de que la cena se realiza en Betania).

María, la profetiza, y Judas Iscariote, el avaro

Otras notables diferencias se descubren desde la perspectiva de género. Marcos (14:3) y Mateo (26:7) indican que la unción es sobre la cabeza, como a un rey, mientras que para Lucas (Lc 7:38) y Juan (v. 3) fue en los pies, como se ungía a los cadáveres. Esto significa que María habría captado antes que nadie los hechos violentos a los que se enfrentaba Jesús por venir a Betania, tan cerca de Jerusalén, para resucitar a su amigo Lázaro (Jn 11:8).

A diferencia de Marcos, que tenemos como una de las fuentes del evangelio de Juan, este omite la alabanza de Jesús a la mujer: “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella” (Mc 14:9). Creo que Juan en su texto mueve a la audiencia a otro ámbito (no se centra en las palabras de Jesús, sino en la consecuencia de la acción de María); la casa se llena del olor del perfume de nardo puro y caro. Juan hace que se embellezca la oikia[1] con la acción profética de María.

María es el gran personaje de este relato de Juan. Por más que esté silente y no diga palabra, ella habla con su cuerpo y con sus gestos, en un lenguaje que Jesús capta a la perfección. Ella se adelanta a los hechos haciendo un aporte generoso desde lo que ella disponía y consideraba importante (llenar de fragancia el ambiente). En el texto anterior a este relato se nos cuenta que los jefes de los sacerdotes acuerdan darle muerte a Jesús (Jn 11:53) y María le da continuidad a esta decisión con una acción concreta: ungiendo los pies del amigo y maestro con quien tanto había dialogado y aprendido.

En cambio Judas Iscariote muestra cómo el dinero ha corrompido su corazón. Para el autor de este evangelio, Judas ya tenía el mal adentro (Jn 13:2.27) y era el mismo diablo (Jn 6:70). La acción y la entrega de María, que demuestran que le tiene un amor incondicional a Jesús, se contrapone a los pensamientos usureros de Judas. Por eso el evangelista Juan no sólo nos adelanta que Judas Iscariote es “el que lo había de entregar” a Jesús (v. 4), sino que también aclara que su protesta en nombre de los pobres que se podrían haber beneficiado con dinero si el perfume se vendía no ocurre “porque se preocupara por los pobres, sino porque era ladrón y, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (v. 6). De modo que tenemos dos opciones: podemos optar por un discipulado como el de María o uno como el de Judas. “Ninguno puede servir a dos señores, porque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6:24). Mientras María optó por el Dios de Jesús, Judas lo hizo por las riquezas; eran incompatibles, por supuesto.

Hacia una verdadera ética cristiana: anticapitalista y antipatriarcal

Desde una clave de género se podría afirmar que María de Betania libera a las mujeres del anonimato y anima a su amigo Jesús para enfrentar su propia muerte en coherencia con su vida y sus enseñanzas, que ella disfrutó. Desde el silencio de sus acciones, María muestra su rebeldía ante los presentes al descubrir su cabellera (lo cual estaba totalmente prohibido para una mujer) para secar los pies de Jesús y entregar a su amigo una unción íntima de su ser y su sentir.

Con esta acción María da por inaugurada la última semana de misión de Jesús, ante la mirada incrédula y mezquina de Judas Iscariote y quizá también de otros hombres presentes, que se incomodaron con su actitud de entrega total y espontánea. Es necesario “despatriarcalizar” nuestra mirada sobre los textos para que las mujeres nos sintamos liberadas por aquellas mujeres que son mencionadas en los mismos, y con más motivo si tienen nombre propio, como en el caso de María en el texto de hoy. Algo grande habrán realizado para que sus nombres queden en la memoria de la oralidad de la vida de Jesús.

El capitalismo es un sistema que impera hoy en el mundo, dejando un saldo de miles de millones de pobres en el mundo. Lamentablemente muchos líderes sociales de nuestra América han luchado con la bandera anticapitalista y en contra del neoliberalismo, pero después de tener el poder se olvidaron de sus principios y de su ética; se vendieron a la diosa Mamona[2] por muy pocas monedas. El capital corroe el corazón y mata el anhelo de sociedades igualitarias y comunitarias.

José “Pepe” Mujica, expresidente del Uruguay tiene una frase célebre: “La economía sucia, el narcotráfico, la estafa, el fraude y la corrupción, son plagas contemporáneas cobijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos más felices si nos enriquecemos sea como sea.”[3]

¡Que el sentimiento de Judas Iscariote no nos invada, para que no traicionemos al Dios de la vida, que trae la vida en abundancia para todos y todas! ¡Que al igual que María sepamos intuir la sabiduría y entregarnos incondicionalmente a Jesús!

 

[1] Oikia es el sustantivo femenino griego usada por Juan que la versión Reina Valera 1995 traduce como “casa” (v. 3). Tiene un significado casi idéntico al del sustantivo masculino oikos, también usado en el original griego del Nuevo Testamento. De estos sustantivos griegos se derivan las palabras en español economía, ecumenismo, ecología y ecosistema, entre otras.

[2] Palabra tomada del arameo que se utiliza en el original griego de Mateo 6:24 y que la versión Reina Valera 1995 traduce como “riquezas.”

[3] Véase http://www.olapolitica.com/content/pepe-mujica-un-presidente-del-mundo (consultado: 29 de enero, 2016).