< December 20, 2015 >

Comentario del San Lucas 1:39-45, (46-55)

 

Una Espera con Espíritu de Alegría…

Respecto del texto que tenemos para este domingo me gustaría señalar un par de temas que son muy importantes para Lucas. Son temas que recorren todo el evangelio y marcan una forma de comprender el seguimiento a Jesús. Tenerlos en cuenta en este tiempo de adviento, ya en la preparación de la Navidad, es una linda forma de celebrar.

1. El Espíritu Santo

Para el evangelio de Lucas la acción del Espíritu Santo no comienza a partir de Pentecostés. Tal vez esta es una idea que tenemos prefijada en nuestra comprensión, la de que el Espíritu Santo es una donación luego de la partida de Jesús. Si bien en la Trinidad están presentes el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es común que sólo atribuyamos al Espíritu Santo acciones que son posteriores a Pentecostés.

Sin embargo, hay que notar que este texto dice que el Espíritu Santo llena a Elizabet (v. 41). Con esto estamos diciendo varias cosas: que es una mujer la que recibe el Espíritu Santo, que la recepción sucede incluso antes del nacimiento de Jesús, y que se da en el encuentro con María.

Seguramente que esto no se correspondía con la concepción que circulaba en aquellos tiempos acerca de quiénes habían recibido o podían recibir al Espíritu Santo. El texto lucano, desde su comienzo, amplía el grupo de personas que son receptoras del mismo.

La donación del Espíritu Santo no se queda en Elizabet. Si seguimos el relato, encontraremos en 1:67 que también a Zacarías habrá de habitarlo el Espíritu Santo. Y más adelante, en 2:25-27, se nos dice que el Espíritu Santo estaba sobre Simeón y que su actuar era movido por este Espíritu.

Entonces podemos ver que el Espíritu Santo no es una donación exclusiva a un grupo de discípulos, sino que también es dado a personas como Zacarías, Simeón y Elizabet. Es indudable que la perspectiva universalista de Lucas se hace patente desde el mismo comienzo de sus relatos.

Esta visión inclusiva tiene un punto fuerte de inflexión en Lucas 11:13 cuando Jesús dice: “Pues si ustedes siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” Este dicho de Jesús aparece también en Mateo 7:11, pero ahí en lugar de “Espíritu Santo” dice “buenas cosas”. Vemos que en Lucas la sugerencia no es pedir cosas buenas o valiosas sino ir más allá y animarse a pedir ese espíritu que habitó en aquellos personajes que fueron significativos en la historia de la salvación. En Lucas es animarse a pedir el espíritu que abrió las expectativas y llevó a buscar e incorporarse al camino del Reino a mujeres y varones como Zacarías, Simeón, Elizabet y María.

2. La Alegría

Tal vez este no sea un tema que nos ocupe mucho en nuestras predicaciones, pero tenemos que ser conscientes de que la alegría es una preocupación de nuestros pueblos y sin lugar a dudas de nuestro Dios.

En este sentido el evangelio según Lucas muestra una serie de pasajes que se refieren a la alegría. El primero lo podemos encontrar en 1:14. La llegada de Juan anunciada por el ángel será un motivo de gozo y alegría para el propio Zacarías, pero también para muchos más.

En el texto que nos toca para este domingo el tema de la alegría aparece cuando, luego del saludo entre las dos mujeres, el bebé de Elizabet salta en su vientre. En 1:44 leemos la interpretación que da Elizabet da a ese movimiento: “la criatura saltó de alegría en mi vientre.” Muchas veces asociamos a Juan el Bautista con una persona seria, dura, estricta, y lo vaciamos de ese contenido de alegría que el texto también señala cuando se refiere a su persona. Creo que tenemos prestar atención a que la alegría es fundamental para la vida plena. Juan era un ser que venía a traer alegría.

Ciertamente habrá que revisar qué hechos, motivos, expectativas, son los que, en el evangelio, se asocian con la alegría. En el texto que nos ocupa, el encuentro de estas dos mujeres produce alegría, y luego, en un canto (1:46-55), María muestra su alegría (v. 47) porque Dios mira a una mujer humilde, derriba a los poderosos y levanta a los humildes. Y después de este relato, Lucas cuenta que la alegría se “contagia” ya que en 1:58 el nacimiento de Juan es motivo de alegría entre vecinos y parientes.

No puedo olvidar la conocidísima parábola llamada tradicionalmente del “hijo pródigo,” en la cual el factor alegría es determinante en el padre que recibe al hijo perdido. Esta alegría se transforma en fiesta. En Lucas, el reencuentro de quien se había perdido siempre es un profundo motivo de alegría. Las tres parábolas del capítulo 15, en realidad, terminan con el anuncio de la alegría de quien encuentra (15:5-7; 15:9-10 y 15:22-25.32) y el llamado a disfrutar de esta alegría en comunidad. En Lucas, la conversión de un pecador o de una pecadora es un motivo de gran alegría. Y podríamos agregar que, del mismo modo, debería ser motivo de gran alegría la conversión de todo ser humano o sistema que vuelve a la vida plena.

Para Pensar en Nuestros Tiempos

Estos dos temas están muy metidos en nuestras búsquedas hoy en día. Hoy podemos hablar del Espíritu Santo y también de muchos otros espíritus que se siembran y recorren tiempos, vidas y comunidades. En particular hay un espíritu que hace un tiempo que se viene sembrando y es el espíritu de temor, de miedo. Es increíble (o no…) ver cómo se propaga el miedo. Miedo al terrorismo, miedo a la crisis económica, miedo a cataclismos, miedo a enfermedades, miedo a los inmigrantes, miedo a la inseguridad, miedos…miedos… Aquí es donde el Espíritu Santo tiene que ser recibido con esa seguridad de que es un espíritu que libera de miedos y abre a proyectos de vida, de libertad y justicia.

En relación con lo anterior, podemos decir que donde reina el miedo se pierde la alegría. ¡Y el evangelio es alegría! Tenemos que animarnos a ser comunidades en las que la alegría se construya cuando alguien recupera vida, cuando alguien regresa, cuando alguien es perdonado. Tenemos que ser como ese padre que de la alegría hace fiesta, como Elizabet que de la alegría se le mueve el cuerpo entero, como María que de la alegría canta a su Dios que mira a las personas sencillas.