< May 31, 2015 >

Comentario del San Juan 3:1-17

 

Nos encontramos de nuevo con una perícopa en la que el evangelio juega con dobles significados del lenguaje para transmitir su mensaje.

Esta técnica es muy común en el evangelio de Juan: la enseñanza “espiritual” de Jesus se entiende, en un primer momento, de una forma literal/carnal/terrenal. Este malentendido da lugar a una explicación que abre el entendimiento del interlocutor (en el evangelio), o del intérprete (nosotros y nosotras) a una nueva dimensión. En este caso el texto juega con el doble sentido de nacer: por un lado el nacimiento es un hecho biológico pero, por otro lado, nacer se presta a una serie de significados poéticos, teológicos, o metafóricos.

El texto comienza con una breve descripción del interlocutor de Jesús. Se nos dice que es fariseo y que es un representante autorizado de los judíos. En este sentido, Juan retrata a un hombre culto, conocedor de la tradición, y con poder dentro de la comunidad que representa (3:1,10). Esto es importante porque sitúa a ambos personajes a un mismo nivel. El diálogo tiene un cariz pedagógico y no se centra en la polémica. En el capítulo 2 Jesús ya se había enfrentado a los mercaderes del templo (2:13-16). De esta forma Juan acentúa el antagonismo entre Jesús y “los judíos” que, como grupo, rechazan su mensaje (2:18) y no comprenden la realidad teológico-espiritual de su mensaje (2:21). El carácter polémico del ministerio de Jesús queda patente al final del capítulo 2 cuando el evangelista afirma que a pesar de que muchos creían en Jesús por los signos que llevaba a cabo, él no confiaba en ellos (2:24-25).

El pasaje de Nicodemo representa un equilibrio ante el tono polémico de Jesús para con los judíos. Por un lado, Nicodemo es un representante de la élite judía que no comprende el mensaje de Jesús. Por otro lado, sin embargo, el evangelio lo presenta con rasgos positivos como un hombre con curiosidad por aprender (3:9) que defiende a Jesús ante aquellos que buscaban prenderlo, especialmente los miembros del poder establecido (7:45-51), y que honra el cuerpo de Jesús después de haber sido crucificado (19:39-42).

Una vez que Nicodemo entra en escena, el lector se da cuenta de que el personaje se encuentra en un nivel literal de interpretación y que no se halla en disposición de captar la profundidad del mensaje. Sin embargo, a diferencia del tono polémico que guió al Jesús que nos presenta el capítulo 2 del evangelio, Jesús se muestra paciente con este rabino. En cierta medida, Juan ridiculiza al personaje presentándolo primero como un erudito y luego poniendo en su boca una pregunta que suena en cierta medida infantil. Jesus sintetiza este rasgo del carácter de Nicodemo cuando le pregunta de forma retórica cómo podía ser que siendo un maestro no se diera cuenta del nivel profundo del diálogo, de que era posible nacer de otro modo (3:10). Ahora bien, la incomprensión de Nicodemo no se sitúa en el nivel de la incredulidad o del antagonismo. En este sentido, el personaje simboliza el proceso de transformación propio del discipulado resaltando la ambivalencia del camino de seguimiento.

Si bien es cierto que Nicodemo permanece en un nivel literal/carnal de interpretación, la enseñanza de Jesús avanza hasta la revelación del destino que le espera. El maestro trata al rabino como alguien capaz de entender el evangelio en toda su complejidad. Jesús recurre a una tradición que Nicodemo como fariseo conoce bien para hacerle entender de forma pedagógica la relación entre fe y vida eterna (3:14-15). En estos versículos Jesús hace referencia a Nm 21:1-9 en los que Moisés recibe el mandato por parte de Yahvé de construir una serpiente de bronce para que, a pesar del pecado del pueblo, aquellos que creen puedan vivir. El alzamiento de la serpiente se equipara al alzamiento de Jesús (8:28; 12:32). La enseñanza adquiere su punto álgido en 3:16 donde Jesús sintetiza cuál es su origen, su misión, y su destino. Lo que comenzó como una pregunta sobre la autoridad del maestro (3:2) termina con una respuesta sobre la naturaleza de todo el ministerio de Jesús y una afirmación de la universalidad de su mensaje.

Consideraciones pastorales desde una perspectiva queer

Nicodemo es un personaje que ofrece una versión matizada de lo que representa ser discípulo. El evangelio de Juan presenta en ocasiones una versión muy polarizada del juicio. Así, inmediatamente después del texto que nos ocupa, el evangelio afirma de forma categórica que el que no cree está condenado y que el mundo ya ha sido juzgado porque los hombres han actuado haciendo el mal (3:18-19). La actitud de Nicodemo ayuda a deshacer estas polaridades. Como en el caso de tantos otros personajes menores en el evangelio de Juan, desconocemos cuál es el nivel de compromiso de Nicodemo con la misión de Jesús: ¿abandona Nicodemo sus previos vínculos con el poder? ¿Renuncia a sus privilegios religiosos, políticos, económicos como miembro de la elite a la que pertenece? No hay respuesta definitiva a estas preguntas. Mientras que su disposición en ciertos momentos aparece como ingenua y superficial, lo que salva a Nicodemo es esa misma disposición, junto con su curiosidad y su disponibilidad para “ir más allá.”

La marginación que las minorías sexuales y las personas que no se identifican con las categorías clásicas de género experimentan en las comunidades cristianas hace que se identifiquen con el aspecto de Jesús en el que este juzga de manera sistemática y categórica la negativa del mundo a escuchar la palabra. Es decir, las personas queer, al experimentar la incomprensión total de su identidad, pueden caer en la tentación de juzgar al mundo de manera categórica. El personaje de Nicodemo ofrece un antídoto ante esta tentación con su recordatorio de que la disposición de aprender y escuchar, si bien es no es suficiente en sí misma, constituye el primer paso para una comprensión global de la realidad que experimentamos. Así Nicodemo cumple una doble función: por un lado, recuerda a las comunidades cristianas el valor de la curiosidad y de la apertura a aprender y, por el otro, invita a las personas queer a desarrollar pedagogías y teologías que dejen abiertas las vías de comunicación entre distintas facciones dentro de las iglesias. Por ejemplo, la perspectiva creyente queer ha de ayudar a la comunidad cristiana a pasar desde una visión literal/carnal de lo que es la sexualidad a una visión global/teológica. O dicho de otro modo, hemos de abandonar una concepción biológica de nuestro cuerpo y nuestra afectividad y adoptar una dimensión espiritual en la que el amor se mida por el sacrificio que somos capaces de hacer por el otro (3:16).