< May 17, 2015 >

Comentario del San Juan 17:6-19

 

Este pasaje es parte de la oración que cierra los “discursos del adiós.” Se la conoce como la “oración sacerdotal.”

Como toda oración, está llena de énfasis, de repeticiones, de efectos. Jesús le pide al Padre por sus seguidores y seguidoras; los de entonces y los de todos los tiempos.

En la antigüedad era frecuente que los discursos de despedida concluyeran con una oración. En la cultura judía ocurría lo mismo, como se ve en el discurso de Abraham en el Libro de Jubileos,1 que termina con una oración en favor de Jacob. Otro ejemplo en los evangelios es el discurso de Jesús en Lucas 22:14-38, que finaliza con una oración en favor de Pedro.2

Algunos temas recurrentes

Los dualismos son típicos de Juan. En este caso, el texto está construido alrededor del dualismo creyentes / mundo. Si la oposición fuera iglesia / mundo, habría que interpretar “mundo” como un ámbito, tal como la iglesia es un ámbito. En cambio, en este caso, Juan opone “creyentes” a “mundo.” Por eso es que hay que entender “mundo” como grupo de personas, y puesto que los creyentes son las personas que tienen a Dios, el “mundo” tiene que referirse a las personas sin Dios.

“He manifestado tu nombre a los hombres del mundo que me diste” (v. 6) significa que Jesús les ha revelado a Dios mismo. Justamente la deidad de Jesús es una de las isotopías3 principales del evangelio de Juan, como puede verse también en 9:37, en 12:45, en 14:9, donde Jesús dice: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre,” y sobre todo en el prólogo (1:1-18). Los judíos usaban mucho la expresión hebrea ha Shem (el Nombre), como una forma reverente de referirse a Dios, ya que estaba prohibido pronunciar el nombre propio de Dios, YHWH.

“Padre Santo” (v. 11) es una invocación muy usada en el evangelio de Juan. “Santo” no expresa aquí uno de los atributos de Dios, sino el hecho de que Dios es el “Totalmente Otro,” como decía Karl Barth. Dios no pertenece al ámbito de lo fenoménico, como nosotros y nosotras, sino al de lo trascendente.

Santificación no significa perfección ni bondad. Tampoco es una cualidad moral, como popularmente se cree. En el lenguaje bíblico significa separación, consagración; estar separado de lo profano y cercano a lo divino. En la medida en que alguien o algo se aproximen a la sacralidad de lo trascendente, se los llama “santo.”4

La unidad es otro concepto constante en Juan. Solo en Dios y por la gracia de Dios se puede lograr la unidad.5 La unidad del Padre con el Hijo es la base para la unidad de los creyentes y las creyentes entre sí, como dice el famoso texto usado por el movimiento ecuménico: “para que todos sean uno; como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (17:21).

El verbo teréo, que la versión Reina Valera 1995 traduce como “guardar” y que también signfica “velar por,” “preservar,” “conservar,” o “mantener,” aparece cuatro veces en nuestro texto (en los vv. 6, 11, 12 y 15). El sentido de este verbo cambia cuando está acompañado por una preposición. En los vv. 11 y 12, en que está acompañado por la preposición en tiene el sentido de “mantener en,” mientras que en el v. 15, en que está acompañado por la preposición ek (“fuera de”) significa “guardar de.”6 Jesús pide que sean guardados “del mal,” o literalmente, “del maligno.”7 En la oración del v. 15, cuando Jesús dice “que los guardes del mal” (en el original griego: all’ hína teréses autóus ek toû poneroû), se emplea un imperativo aoristo, y esto implica que el Padre aún no había comenzado a guardar del mal a los discípulos.8 Jesús pide la protección del Padre para sus seguidores y sus seguidoras, porque sabe que su pasión está cerca.

 Estructuras

Juan 17:14-16

 A no son ouk eisín (v. 14b)
   B del mundo ek toû kósmou
     C no pido que los saques del mundo (v. 15)
     C’ sino que los guardes del mal
   B’ del mundo ek toû kósmou (v. 16)
A’ no son ouk eisín

Aquí hay una estructura en quiasmo, es decir con un centro de dos miembros, a diferencia de las estructuras concéntricas, cuyo centro es una unidad. En la traducción se pierde el quiasmo entre “no son” y “del mundo”, que en griego están en posición invertida. Como las estructuras siempre deben hacerse teniendo como base el idioma original, tomamos en cuenta la forma en que el texto está expresado en griego. Esta inversión de términos, en forma de quiasmo entre el comienzo y el final de un pasaje marca claramente el cierre del correspondiente pasaje.

En el medio encontramos un paralelismo antitético9 (C-C’): no se trata de que Dios saque del mundo a los creyentes, sino de que los guarde del mal. Esto está en paralelo con el Padrenuestro en Mateo 6:13: “líbranos del mal” (en el original griego: rhûsai hemâs apò toû poneroû). Como dice Léon-Dufour: “El mundo no es intrínsecamente malo: por muy oscura que sea su condición de rechazo, sigue siendo objeto del amor preveniente divino y su conversión a Dios es el horizonte de la oración del Hijo.”10

 Juan 17:17-19

A   santifícalos en la verdad (v. 17)
   B   tu palabra (en griego: ho lógos ho sos, que literalmente significa “tu palabra la tuya”) es verdad
     C   como a mí me enviaste al mundo (v. 18)
     C’ también yo los envié al mundo
   B’ y por ellos me santifico a mí mismo (Jesús es el lógos, según Juan 1:1-2) (v. 19)
A’ para que sean también ellos santificados en verdad

Otra estructura en quiasmo, en cuyo centro hay un paralelismo sinónimo11 entre dos envíos: el Padre envía al mundo al Hijo y, a su vez, el Hijo envía al mundo a los discípulos. En los extremos se repite el pedido para que los discípulos sean santificados, es decir, apartados en la verdad. Y la verdad es el lógos (“la palabra”) de Dios, o sea Jesucristo,12 quien se santifica y se consagra a sí mismo para que sus seguidores y seguidoras sean apartados y consagrados en él.

Antes de partir, Jesús pidió al Padre que protegiera y guiara a sus seguidores y seguidoras de todos los tiempos. Poco después de la ascensión de Jesús al cielo, los discípulos y discípulas recibieron el Espíritu Santo. Desde entonces hemos sido guiados y protegidos por Dios mismo a través de su Espíritu. De esa forma, también hemos sido santificados/as, apartados/as para Dios.


Notas:

1. Libro canónico para la iglesia ortodoxa etíope, pero apócrifo o pseudoepígrafo para las demás iglesias cristianas.

2. Charles H. Talbert, Reading John. A Literary and Theological Commentary on the Fourth Gospel and the Johannine Epistles (New York: Crossroad, 1994), 223.

3. Temas recurrentes que, atravesando todo el evangelio, sirven de ejes de sentido para transmitir un mensaje.

4. Cf. mi artículo “Santificación. Uso del término en el Nuevo Testamento griego”, en Juan José Barreda Toscano (ed.), Diálogos de vida. Ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (Buenos Aires: Kairós, 2006), 65-76.

5. Rudolf Schnackenburg, El Evangelio según San Juan. Exégesis y Excursus Complementarios (Barcelona: Herder, 1987), 189.

6. Xavier Léon-Dufour, Lectura del Evangelio de Juan, vol. III (Salamanca: Sígueme, 1995), 237n40.

7. “El mal,” o literalmente “el maligno,” que en el original griego es toû poneroû, es exactamente la misma expresión que se usa en Mateo 6:13 en el Padrenuestro.  

8.  La diferencia entre un imperativo aoristo y uno presente es que el aoristo implica justamente que la acción aún no ha comenzado. En cambio, el uso de un imperativo presente habría indicado que la acción ya estaba en curso y que se pedía que continuara.

9. En el paralelismo antitético, el segundo miembro dice lo contrario al primero.

10. Xavier Léon.Dufour, Op. Cit., 241.

11. Dos conceptos equivalentes en paralelo.

12. Según la propia Biblia, la única Palabra de Dios es Jesucristo, el lógos de Dios.