< December 24, 2014 >

Comentario del San Lucas 2:1-14, (15-20)

 

Aquí estamos, terminando la temporada de Adviento y continuando con los momentos epifánicos de Jesús en medio nuestro: el día de Navidad, la visita de los Sabios de Oriente (Reyes Magos), el bautismo de Jesús, la boda en Canaán y la Transfiguración; todos parte de la temporada litúrgica de Epifanía.

Tal vez su comunidad/congregación esté preparando una comida para disfrutarla en comunidad, al igual que lo hicieron los Sabios de Oriente, José, María y Jesús. O tal vez, los niños y los niñas de su congregación estén preparando una obra con todos los animales, recordándonos que tanto los animales como las personas somos criaturas de Dios, y que pertenecemos al mismo ecosistema y debemos tratar a la creación de Dios con cuidado, justicia y limitación/responsabilidad. Sólo espero que no esté utilizando un pino natural en su casa o congregación. Al cortar los pinos, convertimos suelos fértiles en desiertos. Hoy día, la agroindustria ha invertido en plantaciones de pinos, modificando el suelo y reemplazando la biodiversidad de los bosques. Esto es algo que debemos evitar para así poder celebrar a Jesús cuidando del bienestar de nuestra Pachamama (Madre Tierra).

No podemos olvidar que esta noche tan especial le pertenece a una comunidad muy vasta, compleja y diferente llamada el “Cuerpo de Cristo” por todo el mundo. También debemos tener presente que la predicación sobre estos textos de Navidad debe estar incorporada en la temporada litúrgica de Adviento y Epifanía. Recuerde que la Epifanía es acerca de la exuberancia, esplendor y luz, de bailarines, vestidos, procesiones, agua, obsequios del mundo (obsequios de los Sabios de Oriente). Esta temporada es fundamentalmente acerca de la encarnación, de Emmanuel, de Dios con nosotros y nosotras.

La expectativa, la anticipación de lo que está por venir, y de que esto que está por venir va a cambiar el mundo, se mantiene hasta el 24 de diciembre. Todo el mes de diciembre es una preparación para recibir las nuevas que van a cambiar al mundo: “Yo os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (vv. 10-11). ¡Este es el corazón del evangelio: el anuncio de las buenas nuevas de Jesús! Las buenas nuevas de que Dios está en medio nuestro. ¡Esta noticia tiene el poder de cambiar al mundo entero!

Este anuncio es un reto para los aspectos perversos de la globalización, que deja a los poderosos el control de las riquezas de la tierra y los bienes del mundo. El anuncio de que Dios llega a nosotros y a nosotras debe hacer temblar a todos los poderes y a los poderosos, porque el nuevo reino de igualdad y justicia ¡está por venir!

Este texto captura el momento en la vida del imperio romano en que se está tratando de llevar a cabo un censo; quiénes y cuántos forman parte del mismo. Para cumplir con este deber social, José y María tienen que viajar y mudarse fuera de donde vivían. Jesús no tenía un lugar en donde nacer; todo estaba ocupado. Por eso nació en un pesebre, en medio de animales, sin ningún tipo de comodidad, como muchos niños y niñas que nacen hoy en circunstancias horribles, sin un lugar apropiado ni cuidado médico. El nacimiento de Jesús puede contarse entre el sinnúmero de nacimientos de niños y niñas alrededor del mundo que suceden en situaciones peligrosas, bajo algún tipo de ataque, sospecha o falta de las más elementales condiciones sociales. El nacimiento de Jesús nos debe llevar a ver las formas en que hoy las mujeres dan a luz alrededor del mundo. Hoy hay muchos otros “Jesús” naciendo alrededor del mundo, sin ninguna condición para poder desarrollar una vida plena.

Nuestra labor como pueblo cristiano en esta Navidad es ser como los pastores y los sabios de oriente. Ir en busca de los lugares en donde Jesús nacería hoy, siguiendo la estrella del Espíritu Santo. ¿Hacia dónde nos está llevando el Espíritu en esta Navidad? ¿Dónde está Jesús naciendo bajo condiciones desafiantes hoy día?

Deberíamos considerar una tradición proveniente de México llamada “Procesiones de Posada.” Una posada es un mesón o un lugar para quedarse, y las procesiones de posada son manifestaciones de hospitalidad. Las procesiones se dan desde el 16 de diciembre hasta la Nochebuena. En esta celebración, los niños y niñas son los actores principales al vestirse con disfraces y pedir por un lugar para quedarse, reinterpretando así la historia del nacimiento de Jesús. ¿Qué tipo de hospitalidad vamos a ofrecer a Jesús en esta Navidad? ¿Dónde están los niños y las niñas que debemos recibir en nuestras iglesias, hogares y sociedades hoy? ¿Habrá algún cuarto disponible en nuestras casas para los inmigrantes, la persona solitaria, la viuda, y para quien vive en la pobreza?

Al reunirnos como comunidad, estamos llamados y llamadas a celebrar esta noticia que cambia vidas, la de que Jesús va a nacer. Debemos hacerlo uniéndonos a hermanas y hermanos alrededor del mundo para cantar desde lo más profundo de nuestros corazones con alegría y gozo eterno. Todos los instrumentos musicales deben desempolvarse y ponerse en uso; debemos hacer todo el sonido que sea posible, y ofrecer todo nuestro canto al Dios Emmanuel, ¡Jesús con nosotros y nosotras! ¡Celebra y canta al mundo paz! ¡Nadie ha recibido nunca una noticia mejor que esta! ¡Nadie puede cantar otra noticia igual! Es por eso que debemos levantar nuestros corazones en gozo y celebración, porque tenemos la responsabilidad de ser portadores del gozo de Dios al mundo. ¡Cantémoslo de manera fuerte e intensa y hasta perder la voz! ¡Jesús viene al mundo!

De igual forma, además de reunirnos y cantar, debemos transitar el camino de los pastores y los magos de oriente, y buscar los lugares en donde Jesús está naciendo en el mundo hoy. Renovemos nuestro compromiso con los inmigrantes sin documentos, ofreciéndoles hospitalidad. Oremos por aquellas personas que están cruzando el desierto de México con la intención de ingresar en los Estados Unidos. Oremos por quienes están cruzando las fronteras hoy. Que Jesús reciba un lugar en nuestros corazones para nacer de nuevo. Que Jesús encuentre un lugar en el mundo en donde pueda ser recibido, honrado y bendecido. ¡Seamos nosotros y nosotras una comunidad hospitalaria y acogedora que recibe a Jesús!