< October 19, 2014 >

Comentario del San Mateo 22:15-22

 

DAD A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Este pasaje del Evangelio se encuentra en una unidad que incluye varias narraciones de conflictos de los diferentes grupos religiosos de la época con Jesús y se refiere específicamente a los fariseos1 y los herodianos2 que fueron a preguntarle a Jesús sobre el pago de tributo a Roma, no con el propósito honesto de conocer su opinión, sino con el objetivo de tenderle una trampa que les permitiera acusarlo de estar en contra del imperio.

En esta ocasión, los fariseos no se enfrentaron directamente con Jesús como lo habían hecho otras veces, sino que enviaron a sus discípulos como mensajeros. Resulta interesante la “alianza” entre los fariseos y los herodianos, porque tenían diferentes creencias y diferente status social. Los fariseos eran una secta religiosa y los herodianos, un partido político que apoyaba al gobierno de Roma. Eran grupos opuestos, pero en esta ocasión pudieron unirse en contra de Jesús.

1. Una pregunta para tentar a Jesús

Los enviados se dirigen a Jesús en forma aduladora e hipócrita, diciéndole: “Maestro, sabemos que eres amante de la verdad y que enseñas con verdad el camino de Dios, y no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres” (v. 16). Con esas palabras parecería que efectivamente lo reconocían como un maestro que enseñaba la verdad, que no se dejaba sobornar por nadie y que no discriminaba a nadie. Pero la verdadera intención de su pregunta era comprometer a Jesús con la respuesta, ante el pueblo judío y ante el gobierno romano.

Después de la introducción lisonjera, hacen la pregunta: “¿Está permitido dar tributo a César, o no?” (v. 17). El original griego utiliza para “dar” el verbo dounai, con lo cual parecería que no discuten la obligación legal de pagar el tributo, sino que estarían preguntando si Jesús lo consideraba lícito y justo.

El pago de los impuestos era un tema sensible para la población judía. Puede ser que la pregunta a Jesús se refiriera a la “capitación,” que era un tributo personal que debían pagar al César todas las personas, incluidos los siervos: los hombres desde los catorce años, y las mujeres desde los doce, y tanto como hombres como mujeres hasta los sesenta y cinco años de edad. Pero lo más probable es que la pregunta se refiriera en general a todos los impuestos que los judíos tenían que pagar, directa o indirectamente, a Roma, en contraposición a la moneda de medio “siclo” que, por motivos religiosos, debían pagar al templo.

Jesús se dio cuenta de la intención de los corazones de quienes le preguntaban, y por eso les dice: “¿Por qué me tentáis, hipócritas?” (v. 18). En varias ocasiones Jesús llamó hipócritas a los fariseos, porque aparentaban decir palabras sinceras, pero el espíritu que los animaba era otro.

2. La respuesta inesperada de Jesús

Cualquier respuesta comprometía a Jesús. Si Jesús decía que no, se ponía en contra del imperio romano y su sistema tributario, y si decía que sí, se ponía en cuestión su rol de profeta judío, ya que el pago del tributo era una manera de someter a la población judía y establecer la autoridad, además de ser una fuente de riqueza para Roma, lo cual provocaba el resentimiento, especialmente del pueblo pobre, y animaba a la rebelión. Hubo rebeliones por motivos similares en otros momentos históricos del pueblo judío, y los zelotes eran un grupo revolucionario contemporáneo de Jesús que se oponía al pago de impuestos a Roma.

Jesús no responde inmediatamente. Primero pide que le muestren una moneda. Ellos le muestran un denario,3 una moneda que exhibía la imagen y los títulos del emperador, a quien se atribuía un origen divino y se reconocía como autoridad suprema.

Jesús continúa dialogando con ellos y les pregunta: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” (v. 20). Jesús deja que ellos mismos den la respuesta. Ellos respondieron, como no podía ser de otra manera: “de César” (v. 21). Y entonces Jesús da su respuesta terminante: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (v. 21). Los discípulos de los fariseos y los herodianos se quedaron entonces sin recursos para seguir preguntando a Jesús y se retiraron (v. 22).

3. ¿A quién debemos fidelidad?

Cristianos y cristianas de todos los tiempos se han preguntado: ¿a quién debo obedecer?, ¿quién merece toda mi fidelidad? Los apóstoles lo tenían en claro. Cuando “les ordenaron que en ninguna manera hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús,” y tuvieron que elegir entre obedecer a Cristo y obedecer a las autoridades, Pedro y Juan respondieron: “juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios” (Hch 4:18-20). En muchos casos, la fidelidad a Dios antes que a los hombres, llevó a los discípulos y discípulas de Jesús a sufrir martirio.

En Ro 13:1-7, Pablo pide a los cristianos en Roma que se sometan a las autoridades superiores. Les manda que paguen los tributos, que honren sus impuestos, y que respeten a quien corresponda respetar. Para Pablo esto no era contradictorio con la obligación de dar a Dios lo que era de Dios. ¿Qué es lo que le pertenece a Dios?

Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Jn 18:36). Su reino no tiene fin; ya está entre nosotros y nosotras, y terminará de establecerse al final de los tiempos cuando con Cristo vengan un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21:1). Nuestra fidelidad y lealtad a Jesucristo y a su reino debe ser total. Pero mientras tanto también somos ciudadanos y ciudadanas de esta tierra con las consiguientes responsabilidades, deberes y derechos. Debemos cumplir con nuestras responsabilidades terrenales estando atentos y atentas al hecho de que podrían interferir en nuestra lealtad y fidelidad a Cristo. En caso de que se suscite un conflicto entre nuestras obligaciones para con Cristo y las obligaciones para con el mundo, deben primar las obligaciones para con Cristo.

 


 

1 Los fariseos eran miembros de una secta judía. Su nombre significa “los segregados.” Eran celosos estudiosos de la ley y antirromanos. Lograron que sus interpretaciones de la ley fueran aceptadas por la mayoría de los judíos y tomaron así el control del judaísmo “oficial.”

2 Los herodianos eran judíos influyentes que respaldaban al rey Herodes y al gobierno romano. Defendían la lealtad a Roma manifestada en la tributación obligatoria.

3 El denario era la moneda oficial del imperio romano y estaba hecha de plata. El valor de la moneda no equivalía al de su contenido en metal precioso. Era el pago por un día de trabajo de 12 horas. Antiguamente la moneda llevaba figuras de divinidades romanas y más tarde, el retrato del personaje que la autorizaba. En el tiempo de Jesús era la imagen de Octavio Augusto y luego la de Tiberio.