< July 07, 2013 >

Comentario del San Lucas 10:1-11, 16-20

 

Los muchos lobos

Jesús de Nazaret realiza este envío desde un territorio teológicamente sospechoso. Samaria era la puerta del mundo de los diferentes, el mundo de las y los sospechosos según los códigos de pureza y santidad vigentes. El compromiso con quienes son estigmatizados tanto por nuestra sociedad como por algunas de nuestras comunidades de fe, nos coloca en ese espacio sospechoso. Nuestro diálogo y contacto permanente con los grupos y las personas en situación de vulnerabilidad al estigma y la discriminación también nos han hecho sospechosos a muchos bien pensantes y en ese contexto escuchamos el mensaje del Evangelio de hoy.

Números y símbolos

El número setenta tiene una función simbólica ya que representa, para aquella mentalidad, la totalidad de los pueblos y naciones del mundo, tal como se contabilizaba en el libro del Génesis. Nadie queda fuera de la convocatoria del proyecto de Aquel que nos hace uno. Hoy también recibimos la misma misión donde ningún grupo ni ninguna persona en situación de vulnerabilidad al estigma y la discriminación pueden quedar excluidos o excluidas.

Bautizados para liberar

El bautismo en agua y fuego, ese primer gesto de exorcismo que la iglesia ha realizado en nuestras vidas, gesto de liberación de ideologías y teologías opresivas, nos ha transformado en personas libres para que podamos servir y liberar a otros y otras. Ese es el gran exorcismo al cual estamos llamadas y llamados a proclamar; ese es el núcleo de toda misión evangélica.

Las indicaciones que nos da Jesús de Nazaret se contraponen a nuestros criterios financieros, económicos y de planificación estratégica. Las indicaciones de Jesús son tan simples que no podemos más que admirarnos. Lo más importante de una acción misionera no son los recursos sino el carisma, la conciencia de un llamado a transformar una realidad. De nada valen los recursos de nuestras organizaciones para alcanzar el objetivo de esta misión si no tenemos el espíritu, el carisma, la visión y el compromiso. Aun sin recursos estamos llamados a emprender esta misión que siempre se ha de realizar en medio de muchos lobos.

Esa simplicidad de vida es una forma de comunión y de compromiso con quienes viven en los márgenes de este sistema de exclusión. Sabemos que nuestra utopía depende totalmente de Dios y que somos pobres instrumentos en sus manos. Esta simplicidad y pobreza tienen como objetivo desenmascarar aquellos lobos y lobas que solamente quieren vivir de las ovejas.

Misión entre lobos

El contenido más profundo y genuino de esta misión a todas las personas y los grupos en situación de vulnerabilidad a todos los estigmas es proclamar, vivir y compartir la gran afirmación: "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios." El reinado de Dios ya ha comenzado, su proyecto ya está en medio de todos los pueblos, de todas las personas y de todos los grupos vulnerables a la exclusión. Indudablemente esta convicción encontrará oposición en aquellos lobos que quieren sostener el sistema de marginación actual, tanto en la sociedad como en la iglesia porque nuestra misión no puede entrar en compromisos que le quiten radicalidad al mensaje del Evangelio.

Esa radicalidad puede producir exclusiones. Muchos hermanos y hermanas que vienen caminando en comunión con las personas y los grupos vulnerables a todos los estigmas ya han sufrido signos de falta de hospitalidad.

La oración es siempre una toma de conciencia de las necesidades de nuestro mundo, de nuestra sociedad y de nuestra vida. Somos invitados a pedir, es decir, a tomar conciencia de nuestra situación precaria, y al pedir obreros, estamos comprometiéndonos en esta acción transformadora del Reino. Estamos llamados a liberar a la sociedad y a la iglesia de los muchos demonios que la oprimen. En el camino emprendido por Jesús de Nazaret hacia la cruz en Jerusalén también nosotras y nosotros estamos llamados a vivir su paradigma, su modelo de vida.

El reino de Dios está cerca

Hoy, en medio de los muchos lobos ideológicos y teológicos, podemos regocijarnos porque sabemos que nuestros nombres han sido inscriptos en el libro del Reino que anunciamos y que queremos vivir, despojados de todo signo de poder, dominio y vanagloria. Sabemos que ese Reino se revela a los sencillos y humildes, se revela a los estigmatizados y excluidos, y se vive en su verdadera dimensión cuando podemos comprender el núcleo del evangelio desde esos márgenes. ¡Qué fuerte y sorprendente suena anunciar: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios" a cuanta persona o grupo que se encuentra en situación de estigma y discriminación!

Sabemos que un anuncio sin barreras y sin excluidos que afirme y viva que "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios" debe ser hecho en medio de los muchos lobos de nuestro tiempo, pero sabemos también que el Espíritu de Dios nos brinda las herramientas de la simplicidad y la fortaleza del carisma de saber que esa es la coherencia de nuestro compromiso bautismal que renovamos cada día. Salgamos entonces a proclamar esa verdad en los márgenes de las muchas ortodoxias ideológicas y teológicas. Salgamos ya porque la mies es mucha y son muchas y muchos los que claman por escuchar ese consuelo, esperanza y desafío: "Se ha acercado a vosotros el reino de Dios."