< June 23, 2013 >

Comentario del San Lucas 8:26-39

 

Esta historia, que también se halla en Marcos 5:1-20 y Mateo 8:28-34, es para Lucas el desarrollo y el cumplimiento de la misión de Jesús que él mismo planteó en 4:18-19 —“a pregonar libertad a los cautivos” y “poner en libertad a los oprimidos” (repitiendo palabras de Is 61:1-2, 58:6).

El cumplimiento de estas palabras es la prueba de que Jesús es quien dijo que era.

Comentario

v. 26: Existen variaciones entre manuscritos griegos acerca del nombre del lugar (“gerasenos,” “gergesenos,” “gadarenos”). Las diferentes versiones de la RV traducen “gadarenos,” pero otras traducciones modernas demuestran esta variedad. Es suficiente saber que Jesús y los discípulos entraron en territorio gentil, que ahora es parte de Jordania.

v. 27: Sin ropa y viviendo en los sepulcros fuera de la ciudad (el desierto, v.29), el hombre endemoniado huye, literalmente y simbólicamente hacia la muerte. Socialmente es marginalizado.

v. 28: Lucas otra vez muestra que los demonios reconocen a Jesús (4:34, 41) y su autoridad sobre ellos.

v. 29-33: La liberación del endemoniado contada aquí tiene más de un sentido. Es la historia de un hombre quien es emancipado de poderes malignos, pero las palabras y los símbolos usados en describir el acontecimiento apuntan hacia una interpretación anti-romana, es decir, anti-imperialista.

Previamente Lucas había tocado el mismo tema en su narración acerca del nacimiento de Jesús. Al mencionar a Augusto César en 2:1, lleva a los lectores a recordar el poder romano —la realidad de que el mundo mediterráneo estaba postrado debajo del talón imperial. Era un imperio que dominaba a punta de espada y que explotaba a los pobres para el beneficio económico del emperador y la ciudad de Roma. Los acontecimientos alrededor del nacimiento de Jesús están bordados de imágenes y frases que ponen en contraste el poder de César y el poder del Dios judío. Este niño que habría de nacer de María exaltaría a los humildes y quitaría a los poderosos de sus tronos; llenaría a los hambrientos y enviaría vacíos a los ricos. El niño se llamaría “Hijo de Dios” y “Salvador,” dos títulos que eran atribuidos al César. Su nacimiento en Belén de la raíz de David son claros desafíos contra la autoridad de Roma. Y la proclamación de la paz en la tierra que traería el bebé del pesebre es la respuesta divina en contra de la Pax Romana del César —la paz fundada en la violencia.

De manera semejante, la liberación del hombre endemoniado sirve como polémica contra el poder romano y es un rastro de lo que Jesús significaría para el mundo fuera de Israel.  Lo más obvio es el nombre de los demonios, “Legión,” que no solamente nos indica que son muchos espíritus los que poseen al hombre, sino que nos refiere al poder militar de Roma. Una legión era compuesta de entre 4-5 mil hombres. Eficaces y ordenadas, las legiones eran las unidades básicas del ejército romano y servían como la representación más visible de la presencia imperial. Eran símbolo y garantía de la violencia y explotación sistemática bajo cual la gente vivía. Aquí, ese poder opresor es conectado con la presencia demoníaca.

Jesús tiene autoridad para librar al hombre de los demonios y los manda a entrar a los cerdos. Recordemos que para mucha de la audiencia judía de los evangelios, los cerdos representaban inmundicia y el mundo gentil. Los cerdos se precipitan hacía el lago y mueren. De manera dramática, se nos señalan algunas cosas:

  •  el poder opresor, explotador, y violento (Roma) tiene detrás de si un carácter demoníaco;
  •  esta potestad es incontrolable (v. 29). Solamente el poder de Dios a través de Jesús puede dar

                          auxilio ante esta opresión;

  •  este poder tiránico está destinado a la muerte y al abismo;
  •  Jesús no solamente tratará con Roma, sino que limpiara la inmundicia de la faz de la tierra.

 

vv. 34-37: La reacción de los que eran testigos y de la ciudad es curiosa. Habiendo conocido al hombre, ahora lo ven vestido y en su cabal juicio, y les da miedo. No es el miedo de maravilla que atrae –que  mueve a uno hacia adoración, gratitud, o curiosidad (5:15, 26), sino que es un temor que inspira al rechazo. El texto no nos dice porqué. De acuerdo con Simeón en el Templo, Jesús estaba “puesto para caída y levantamiento de muchos,” y “para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones” (2:34-35). Después, el Señor mismo dice que vino a traer división (12:51-53). En este sentido, es posible que la multitud le rogara a Jesús que se fuera porque representaba una amenaza a la estabilidad en la cual vivían. Ellos quizás pensaban en el ingreso perdido con la muerte de los pobres cerdos. Y tenían razón. Jesús es un peligro para el estatus quo. Su mera presencia entorpece nuestras maneras de pensar y vivir. Si vivimos cómodamente en colaboración con los poderes (económicos, militares, gubernamentales, educativos, sociales, etc.) que se benefician con la explotación u opresión de otros, la solidaridad de Jesús con los dominados representa un peligro. Es por eso que los gobiernos militares de Guatemala y El Salvador perseguían a los ministros y maestros de Biblia que obraban entre los pobres durante sus guerras civiles. Más inmediatamente, es la razón por la que los partidos políticos que sirven los intereses de los poderosos mientras que cortan la ayuda social hacia los necesitados enfatizan que la Iglesia ha de concentrarse en asuntos “espirituales.” Y aún más cerca, es la razón por la que en nuestras iglesias y vidas individuales, muchas veces nos resulta más fácil aguantarnos actitudes de privilegio o de prejuicio y pedirle en cambio a este Jesús, que toma partido a favor del marginalizado, que se vaya. 

 vv. 38-39: A diferencia de otras ocasiones en las cuales Jesús le manda a la persona sanada o liberada que mantenga silencio, aquí le dice al hombre que vuelva a su casa y cuente las obras de Dios. Probablemente es porque siendo territorio gentil, no existía el peligro de que se formara un movimiento popular para levantarse contra Roma de manera violenta en el nombre de Jesús. Este mandato sirve como el precedente para la misión hacia los gentiles que Lucas describe en el Libro de Hechos.

 Síntesis

Ni los demonios ni los cerdos tuvieron oportunidad de salirse con la suya. El poder de Jesús los sometió. El poder de Jesús habría de enfrentarse con los poderes malignos —sean los demonios o sea el imperio. Y no sería a través de la fuerza o la violencia, sino por el simple testimonio del hombre restaurado. Cuando nos sentimos tentados con usar la violencia o la opresión en contra la injusticia o en contra de los que nos resisten, hemos de recordar que la victoria de Jesús no es ganada por los métodos de César, sino por la Palabra y al último, por la cruz.