< October 06, 2019 >

Comentario del San Lucas 17:5-10

 

Auméntanos la fe

El término “apóstoles” (v. 5) aquí se refiere a un grupo de discípulos a los cuales Jesús les había conferido roles de liderazgo en el movimiento, enviándolos a anunciar la buena nueva del reino de Dios y a sanar a los enfermos (ver Lc 9:1-2 y 9:10). Los apóstoles le piden a Jesús que les aumente la fe. Desde nuestros contextos actuales podríamos leer el texto, entonces, como un pequeñísimo manual de instrucciones de Jesús para quienes sentimos que no nos alcanza la fe, especialmente para resolver los problemas que surgen en la iglesia o en el ministerio. 

Jesús les contesta con un dicho y luego con una parábola. Primero, les pide que tomen en serio la importancia de tener -aunque más no fuere- una pequeñísima pizca de confianza en Dios. Si bien el amor, la misericordia y la gracia de Dios nos llegan de manera gratuita e inmerecida, la fe no fructifica sin nuestra cooperación. Por eso, Jesús les pide a los apóstoles que tomen en serio su propio compromiso y su propia subjetividad al responder al evangelio. No es mucho lo que Dios nos pide (no más que un pequeñísimo “granito de arena”), pues su gracia es abundante y generosa, pero hay una parte que sí nos corresponde. En segundo lugar, a través de una parábola, les recuerda que emprender el camino de la fe -sobre todo el papel del liderazgo en el reino de Dios- requiere una actitud de servicio. Al cultivar una vida de servicio estaremos contribuyendo indirectamente a que el granito de mostaza de la fe crezca, se multiplique y nos sostenga en las crisis de la vida.

Tal vez los apóstoles habían caído en una crisis existencial con respecto a la fe, como nos suele pasar a nosotros y nosotras: ¿Por qué a veces cuesta tanto tener confianza en Dios? ¿Por qué la fe que tenemos parece lograr tan poco? Mateo 17:14-21 vincula el mismo dicho de Jesús acerca del grano de mostaza con el intento infructuoso de algunos de los discípulos de sanar a un muchacho epiléptico. El pedido que los apóstoles hacen en nuestro pasaje (v. 5) se puede traducir como “añádenos más fe” – algo así como “auméntanos la fe, pues no nos alcanza con la que tenemos para lidiar con la realidad que nos toca.”

Jesús responde con su característica creatividad y les ofrece una receta para salir de la pasividad: cuando sufran de la impresión de que no les alcanza la fe, agréguenle a cualquier situación una ínfima porción de confianza en Dios - el equivalente a un granito de mostaza. Ya verán: ocurrirán cosas inesperadas y extraordinarias. El ejemplo que ofrece es un tanto alocado: decirle a un sicómoro que se desarraigue, que salga volando y se plante en el mar, esperando que obedezca. Los sicómoros tienen raíces abundantes y profundas, difíciles de desarraigar – y el agua del mar no se presta precisamente a plantar árboles. Con humor, Jesús pinta una situación exagerada y absurda, para sacudirnos de nuestra pasividad e instarnos a imaginar nuevas posibilidades que vayan más allá de la rutina diaria. Como dice Pablo de manera más solemne, citando al profeta Isaías: “Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1 Co 2:9; Is 64:4). El hecho de que Jesús utilice el humor para sacudir el desánimo de sus seguidores y seguidoras demuestra su profundo conocimiento de las vicisitudes de la condición humana: imaginarnos repentinamente un aparente absurdo -sea un árbol volador o cualquier proyecto que por el momento parezca un imposible- puede ayudarnos a salir del círculo vicioso de pensamientos repetitivos y negativos para comenzar a visualizar nuevas posibilidades.

A continuación (vv. 7-10) cambia de tono y pasa de lo fantasioso a lo cotidiano y hasta banal: ofrece una pequeña parábola sobre lo que un amo espera de un siervo. Como siempre en las parábolas, se trata de una metáfora ilustrativa extendida, no -por ejemplo- de una enseñanza acerca de cómo tratar de los empleados en relación de dependencia. Jesús describe el hecho de que la gente que tiene siervos da por sentado su servicio y su trabajo. A su vez, los siervos saben que así es la dinámica y no les sorprende. No se trata de una prescripción acerca de cuáles deberían ser los códigos de amabilidad, sino de una descripción de las expectativas sociales habituales: así funcionaba la dinámica laboral en el ámbito doméstico entre quienes oían a Jesús.1 Jesús da a entender que si los apóstoles (v. 5) pretenden ser líderes a la manera de Jesús, lo que están asumiendo no es la posición social del “amo,” sino el trabajo constante característico del servicio doméstico (vv. 9-10). Este servicio no es algo de lo cual Jesús mismo se distancie, sino precisamente el camino que ha elegido: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc 22:27).

Como respuesta al pedido del v. 5 (“auméntanos la fe”), en su pequeña parábola Jesús ofrece implícitamente la idea de que entre sus seguidores la fe aumentará a través del “hacer.” En otras palabras, es en el servicio al reino de Dios y a la justicia de Dios -tarea de hecho a menudo tan ingrata y desagradable como puede ser el constante trabajo doméstico- que el necesario “granito de mostaza” de fe suele resurgir inesperadamente, paradójicamente, por la gracia de Dios. Con humor (el sicómoro volador) y sin pelos en la lengua (la honestidad acerca del trabajo requerido de los apóstoles) Jesús nos muestra cómo puede ir creciendo una fe capaz de resistir el mal y dedicarse al bien, aun en un entorno injusto y hostil.


Nota:

1. Cf. Luke Timothy Johnson, The Gospel of Luke (Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1991), 259.