< January 07, 2018 >

Comentario del San Marcos 1:4-11

 

El evangelio de Marcos fue escrito en un momento de crisis, justo durante el tiempo del gran levantamiento judío contra el imperio romano (años 66-73 EC), que concluyó con la destrucción de Jerusalén y su Templo.

Estas circunstancias dieron forma al contenido de Marcos. De hecho, es muy probable que el evangelista creyera estar viviendo los últimos tiempos, y de aquí vendría el sentido de urgencia que se aprecia a lo largo de todo el evangelio. Por eso el evangelista no se anda con rodeos. Si el fin está cerca y es urgente contar la historia de Jesús, hay que hacerlo de manera directa y sin preámbulos. De entrada nos dice que hay buenas nuevas (evangelio), pero no por parte del imperio y su emperador, el falso hijo de Dios, sino por parte de Jesús, el mesías esperado y el verdadero hijo de Dios. De ahí que la primera historia del evangelio sea el bautismo de Jesús, el momento crucial en el que Jesús es adoptado como hijo de Dios, es decir, como el mesías esperado.

Veamos los detalles de la historia: un hombre, vestido de forma extraña, está en el desierto llamando al pueblo al arrepentimiento y proclamando un bautismo de perdón de pecados. Toda la gente de Jerusalén y los alrededores acude a él para confesar sus pecados y ser bautizada en el río Jordán. Al parecer este mensaje llega también a otras regiones, pues Jesús, un hombre de Nazaret de Galilea (100 km. al norte de Jerusalén), baja al Jordán hasta donde está Juan para ser bautizado. Cuando Jesús sale del agua el cielo se rasga, el Espíritu desciende sobre él en forma de paloma y una voz anuncia que Jesús es el hijo amado de Dios. Jesús es el Mesías que Dios ha elegido.

Por los versículos 2 y 3 sabemos que Juan ha sido enviado por Dios para preparar el camino del Señor, el Mesías. Y aunque no sabemos quién es Juan, sus acciones nos recuerdan a los profetas de la antigüedad que Dios enviaba para llamar al pueblo a volver a su camino. Dada la ocupación romana, no es extraño ver a Juan en el desierto, en las afueras de Jerusalén y lejos del Templo, llamando al pueblo al arrepentimiento. El Templo había perdido su pureza y santidad con la presencia de sacerdotes impuestos por el imperio. Lo interesante es notar cuán sedienta estaba la gente por un cambio y una renovación. El texto dice que toda la gente acudía para ser bautizada por Juan. Aunque en el Antiguo Testamento no hay ninguna historia sobre bautismos masivos, sabemos que había rituales de purificación. Por eso el pueblo responde al llamado de Juan. Hay quienes asocian este bautismo con los rituales de los esenios, pues se dice que Juan pudo haber sido parte de este grupo de ascetas. En todo caso, lo que sobresale en esta historia es que el Mesías es reconocido y llamado a través de una práctica espiritual que se da fuera de los canales religiosos tradicionales. Fuera del Templo y del sacerdocio oficial, el cielo se ha rasgado y un nuevo espacio y una nueva era se han inaugurado. El Mesías es ungido con el Espíritu Santo, y de ahora en adelante el Espíritu estará disponible para toda persona que busque ser bautizada por el Mesías.

Escrito casi 40 años después de la muerte y resurrección de Jesús, el evangelio de Marcos nos presenta al Jesús más humano del Nuevo Testamento. En Marcos, Juan no sabe quién es el Mesías hasta que bautiza a Jesús y el Espíritu y la voz de Dios lo confirman como tal. Al evangelista no le interesa mostrar un aspecto divino del Mesías. Por eso no habla de la dificultad que Juan tiene para bautizar a Jesús como lo hace el evangelio de Mateo. Debemos aprender del Jesús de Marcos la humildad con la que se acerca a buscar perdón y renovación, pues es en ese momento de entrega total que le llega a Jesús el llamado a su misión.

El Texto desde Nuestra Realidad

La historia de este hombre extraño que llama a su pueblo al arrepentimiento y a la renovación es un desafío a nuestra comodidad y rutina. No siempre el llamado a la renovación de la iglesia o de nuestra fe viene por las vías tradicionales. Cuando nos detenemos a pensar en nuestro compromiso personal de fe y en el trabajo que como iglesia estamos realizando en el mundo, ¿qué realidad política o cultural nos está desafiando a renovar nuestra presencia y trabajo en el mundo? ¿Qué cambios sociales exigen que la práctica de nuestra fe sea transformada para responder de manera más efectiva a las necesidades de un mundo que vive sin luz y sin esperanza? ¿Qué formas de ser iglesia se han vuelto obsoletas y no responden a las necesidades espirituales de las nuevas generaciones que se sienten excluidas por las tradiciones eclesiales de siglos pasados? Dado que siempre las buenas nuevas del evangelio ofrecen una alternativa de vida que desafía las buenas nuevas del imperio, ¿qué estamos haciendo para anunciar esas buenas nuevas?  

El Texto para la Predicación

Al iniciar un nuevo año calendario, el evangelio de Marcos nos invita a renovar nuestro compromiso de fe y servicio. Dios nos sigue llamando al arrepentimiento y al perdón de pecados, y aunque sintamos que ya respondimos al llamado por medio del bautismo, siempre quedará más por hacer. Juan advierte que su bautismo era solo con agua, algo simbólico que sellaba el acto de arrepentimiento y perdón del que estaban participando las personas. El desafío entonces es entregarse en humildad a Jesús y dejarnos bautizar con el Espíritu Santo. ¿Qué significa ser bautizados por Jesús con el Espíritu Santo? El texto no explica el significado concreto de ese bautismo. De esta manera, si bien cada iglesia o comunidad de fe posiblemente tenga una comprensión particular de lo que significa el bautismo con el Espíritu, es preferible que este año dejemos que la humildad de Jesús nos desafíe y nos permita rendirnos a una nueva experiencia y un nuevo entendimiento de lo que significa ser bautizados con el Espíritu Santo. No dejemos que las estructuras tradicionales limiten la transformación que Dios tiene para nuestras vidas este año. Abramos nuestras mentes y corazones al llamado a la renovación que habrá de venir por las vías menos esperadas.