< December 24, 2017 >

Comentario del San Lucas 1:26-38

 

El anuncio del nacimiento de Jesús en el evangelio de Lucas está incrustado en un relato familiar y contextual que demuestra la opción preferencial de Dios por los/as marginados/as.

El tiempo de la anunciación está ligado al embarazo de Elisabet (1:26, 36), una mujer anciana, y quizá descartada por no tener hijos, y que es pariente de María, una joven desconocida. El ángel Gabriel visita el insignificante pueblito de Nazaret de la igual intranscendente provincia de Galilea, y si pudiéramos añadir, la habitación ordinaria de un hogar humilde. Este fue el domicilio modesto donde el Salvador del mundo fue concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre de una virgen de linaje común. Tal descripción de la anunciación del Mesías deliberadamente apunta a la identificación que Dios quiere mostrar con aquellos/as que normalmente no son el enfoque de la historia. Con ellos/as Dios echa su suerte.

La historia terrenal del Mesías liberador comienza pues en completa oscuridad y hasta con un tinte de escándalo. La muy favorecida virgen María tendría que cargar con el estigma de ser considerada una mujer que quedó embarazada antes de contraer matrimonio. Bajo esta cuestionable situación familiar nacería el Hijo de Dios. Nadie sabría a ciencia cierta la verdad de su encuentro secreto con el ángel Gabriel y la concepción milagrosa que ocurrió en su vientre. Después de un encuentro sobrenatural tendría que presentarse ante una sociedad incrédula que pronto se daría cuenta de sus cambios físicos, y ella sólo tendría un relato quizá algo dudoso de su embarazo. ¿Le creerían sus padres? ¿Su prometido? ¡Qué manera más extraña de salvar al mundo!

Imaginemos el oprobio que esta jovencita hubiese sufrido en nuestros tiempos al ser juzgada por la sociedad e incluso la iglesia. Aunque podamos criticar la cultura patriarcal de los tiempos bíblicos apuntando un dedo acusador hacia las realidades sociales que continuamente oprimían entonces a la mujer de cualquier edad, estatus social y nivel económico, la verdad es que dos mil años después no nos quedamos muy atrás.

Sólo tenemos que señalar las acciones de cierto candidato presidencial y una supuesta nación cristiana que lo eligió presidente para recordar la falta de respeto y dignidad con que se trata a la mujer en la sociedad presente. El abuso verbal en contra de mujeres de diversos estatus fue patente y repugnante en los labios del candidato presidencial y aun así fue electo gracias al voto del 81% de una iglesia evangélica que optó por ignorar las voces de las marginadas por motivos políticos. Se le premió por hacer uso de misoginia para ganar votos, y aunque hubo voces minoritarias denunciando dichas acciones, la verdad es que colectivamente un sector de la iglesia convalidó la discriminación y denigración de la mujer con su silencio y voto.

Regresando al relato de la anunciación, un cruel escritor romano del segundo siglo llamado Celso crearía un relato alternativo explicando que el padre de Jesús fue un soldado romano llamado Pantera que supuestamente violó a la virgen María y desmintiendo así el nacimiento virginal de Jesús. No sé si en nuestros tiempos la virgen María hubiese sido deshonrada de la misma manera. Lo que sí sé es que hoy en día no siempre se le cree a la mujer cuando dice la verdad. La leyenda ficticia de Celso es fácil de desmentir debido a los prejuicios anti-cristianos del autor, pero ¿qué credibilidad tendría hoy una jovencita como María si nuestra sociedad e iglesia parecen darle preferencia a la palabra de hombres con poder monetario, político y social?

Me sorprende el valor de la virgen María al aceptar el riesgo de llevar la simiente divina en su vientre a pesar de no recibir una explicación teológica concreta acerca de cómo sería esto. En el relato previo, Zacarías quedó mudo debido a su incredulidad ante mensaje del ángel que anunciaba el nacimiento de Juan el Bautista (Lucas 1:5-25). En contraste con el fracaso de un sacerdote con conocimiento bíblico y experiencia ministerial, esta muchachita lo deja en vergüenza al creerle al mensajero de Dios. Su edad, falta de educación, género, y pobreza no fueron obstáculo. Al contrario, quizás estaba en un mejor lugar para creerle a Dios debido a su completa dependencia y esperanza en Dios.

“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia” (v. 38).

Estas palabras de la virgen expresan el clamor de una mujer comprometida con la voluntad de Dios a pesar de las consecuencias y dificultades que podría experimentar en esta muy afortunada pero riesgosa aventura. La determinación de María previa al “qué dirán” de sus padres, su prometido y su pueblo manifiesta un compromiso genuino con los designios divinos que no repara en lo que podría costarle. Lo asume “cueste lo que cueste.” ¡Verdaderamente ejemplar e impresionante!

Un ejemplo contemporáneo de esta valentía lo encuentro en las mujeres que optaron romper su silencio con la etiqueta #metoo (Yo también). Después de años de humillación, soledad, oprobio y falta de apoyo decidieron decir basta y expresar su dolor, frustración y enojo. Pero a pesar de ser entendidas y aplaudidas por algunos sectores como por ejemplo la revista TIME que las nombró “persona del año,” muchos dentro de la sociedad estadounidense e incluso ciertos sectores de la iglesia continúan menospreciándolas al darles preferencia y credibilidad a los hombres que abusaron de ellas. Culparlas a ellas insinuando que se lo buscaron es un acto vergonzoso de cobardía que no debería ser tolerado en ningún sector de la sociedad y mucho menos en la iglesia.

En esta temporada de adviento debemos recuperar la solidaridad divina que caracteriza a la anunciación del nacimiento de Jesús. El relato apunta poderosamente a la opción preferencial que Dios hace de las/los marginadas/os. Jesús no nace en un palacio como hijo de una princesa judía. Desde su nacimiento virginal, Jesús se asocia con las personas de abajo, las personas oprimidas y despreciadas de este mundo, con aquellos/as que constantemente han sido atropellados/as por los poderosos de la historia. La virgen María surge como la heroína improbable en la historia de la salvación recordándonos el lugar prominente que Dios da a la mujer en su plan divino.