< October 08, 2017 >

Comentario del San Mateo 21:33-46

 

Viñedos, edificios, piedras… Jesús usa una variedad de imágenes para representar el reino de los cielos y las actitudes de sus habitantes.

En esta lectura une dos tipos de imagen: el viñedo, relacionado con la vida rural, y el de una piedra angular, que forma parte de un edificio (quizás el templo en Jerusalén), en un ambiente urbano o semi-urbano. En sus parábolas, el reino de Dios a menudo es concreto, táctil y arraigado en la vida diaria de sus oyentes. Pero lo que atrae la atención es el dinamismo de los personajes en su escenario. Las acciones y actitudes de los labradores y edificadores que habitan estos escenarios definen su ciudadanía en el reino de Dios.

La Comunidad de Mateo: ¿Quién Escucha este Evangelio?

La parábola de los labradores malvados aparece en los tres evangelios sinópticos—Mateo, Marcos y Lucas—con leves variantes. También aparece una versión de la parábola en el evangelio apócrifo de Thomas. Finalmente, existen parábolas en la literatura rabínica que comparten muchos elementos de la parábola de los labradores malvados.1 Así pues, la parábola de los labradores malvados parece tener raíces profundas en la cultura del primer siglo de nuestra era.

¿Quiénes son los personajes en esta lectura? En el evangelio de Mateo, Jesús dirige la parábola de los georgous (v. 34), los inquilinos o labradores malvados, directamente a los principales sacerdotes y fariseos. Estos oficiales cuestionan la autoridad de Jesús para enseñar al pueblo, pero Jesús cuestiona la motivación de sus enemigos. ¿Les interesa administrar los bienes del reino--el templo, la enseñanza, el diezmo—para Dios, o para ellos mismos?

La biblia Reina Valera traduce la palabra griega oikodespotes (v. 33), que significa cabeza de familia, amo, propietario de vivienda, con la expresión “padre de familia.”

Reflexión

Esta parábola es la segunda en una serie de tres que Jesús comparte con los sacerdotes y fariseos del templo. La primera es la parábola de los dos hijos—los que “no quieren” trabajar en la viña del padre de familia (véase mi comentario sobre el evangelio del domingo próximo pasado). La parábola en esta lectura también toma lugar en un viñedo; hay labradores y un padre de familia o propietario. Sin embargo, el enfoque es un poco diferente. Los labradores “alquilan” el viñedo en el que había invertido el propietario. Reciben todo—viñas, cerca, lagar, torre—para cultivar y recibir el beneficio de los frutos y compartirlo con el dueño. Pero no es suficiente; quieren poseer y manejarlo todo.

La resistencia de los hijos en la parábola de Mateo 21:28-32 se convierte en la violencia abierta y el rechazo hacia el padre de familia y su hijo de parte de los inquilinos: “Este es el heredero; venid, matémoslo y apoderémonos de su heredad” (v. 38). La parábola nos muestra un endurecimiento progresivo de los corazones de quienes alquilaban el viñedo para cultivarlo. Golpean, apedrean, matan a los servidores y finalmente matan al hijo único del dueño. ¿Cómo reaccionan los/as oyentes de Jesús? ¿Se identifican con el padre, sus servidores, o su hijo? ¿O pueden identificarse con los labradores violentos? No sabemos…

Lo curioso es que Jesús no obliga a los sacerdotes y fariseos a escuchar la parábola como “los malos del cuento,” como los inquilinos violentos. Más bien pregunta: “Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?” (v. 40). Con esta pregunta, Jesús los invita a interpretar los eventos desde el punto de vista del padre de familia, el generoso y paciente dueño del viñedo. Los sacerdotes y fariseos dan un juicio: ha llegado el momento en que la misericordia sea reemplazada por la justicia. Los labradores violentos merecen su castigo: “A los malos destruirá sin misericordia” (v. 41). ¿Se identifican los oficiales del templo con los labradores violentos?

Jesús introduce otra imagen para el reino de Dios en su dialogo con los oficiales para ayudarlos a aplicar la historia a sí mismos. La piedra angular, que sostiene las otras, es la piedra rechazada por los edificadores, y Dios la escoge para edificar su reino. ¿Por qué añade Jesús esta imagen a la de la parábola? La imagen de la piedra rechazada se encuentra en los vv. 23-23 del salmo 118, que probablemente era recitado en la liturgia del templo con la que se conmemoraba no se sabe con certeza si el comienzo de la edificación del segundo templo después del exilio de Israel en Babilonia o la terminación y consagración del segundo templo en la época de los persas.2 Sea cual fuera el uso que se diera al salmo 118, la verdad es que los oficiales del templo conocían la referencia a la piedra devenida en cabeza de ángulo y su significado; el Señor es quien decide cómo y con qué materiales se edifica el templo, y por lo tanto, su reino. La imagen de la piedra es mucho más próxima a la vida cotidiana de un oficial del templo y, por lo tanto, es más agudo su significado.

Al final del dialogo, Jesús une las dos imágenes y obliga a los sacerdotes y fariseos a identificarse con los personajes que rechazan el reino de Dios: “el reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a gente que produzca los frutos de él” (v. 43); “el que caiga sobre esta piedra será quebrantado” (v. 44).

Nuestra Comunidad: ¿Cómo Recibimos esta Lectura?

¿Para quién y por quién obramos en el reino de Dios? Cada labrador debe recibir un pago justo por su trabajo. Pero nuestro corazón, como les sucedió a los labradores de esta parábola y a los oficiales del templo a quienes Jesús les contó la parábola, puede “adueñarse” del reino de Dios. Jesús nos invita a abrir las manos, a dejar de controlar lo que pertenece a Dios en nuestras comunidades.


Notas:

1. David Stern, “Jesus' parables from the perspective of rabbinic literature: the example of the wicked husbandmen,” en Parable and Story in Judaism and Christianity, editado por Clemens Thoma y Michael Wyschogrod (New York: Paulist Press, 1989), 63.

2. J. J. Stewart Perowne, Commentary on the Psalms (Grand Rapids: Kregel Publications, 1989), 338.