< August 20, 2017 >

Comentario del San Mateo 15:21-28

 

De los Judíos a los Gentiles

La perícopa bajo análisis (vv. 21-28) se inicia con un cambio de itinerario y la retirada de Jesús y sus discípulos a territorio no judío. Jesús emprende dicho camino luego de la confrontación que tiene con fariseos y escribas acerca de asuntos de pureza e impureza (vv. 10-20). La discusión se inicia como parte de la crítica severa que hacen dichos líderes religiosos a los discípulos acusándolos de quebrantar la tradición de los ancianos de no lavarse las manos cuando comen pan (vv.1-2). En los tiempos del Nuevo Testamento esto se había convertido en una especie de ritual y obligación; no hacerlo implicaba impureza. Esta tradición se basaba en una interpretación rigurosa de Levítico 15:11. Este es el contexto en el que debemos entender la perícopa de hoy en relación al cambio de agenda de Jesús. 

Una Mirada al Texto en Cuestión

Los vv. 21-22 representan una introducción a la perícopa. A pesar de todas las demostraciones acerca del origen divino de Jesús (14:13-36), los líderes judíos permanecieron hostiles en relación a su ministerio. Por eso es que Mateo 15:21-16:12 describe el giro de Jesús de los judíos a los gentiles. 

Existe una variada discusión acerca de si el Jesús de Mateo llegó a salir de la zona de Israel. Mateo indica que Jesús se fue a la región de Tiro y de Sidón; ambas ciudades costeras de la antigua tierra de Fenicia. En el Evangelio de Marcos (7:24-30) no aparece claro si Jesús abandonó el territorio de Galilea. Mateo por su parte lo acerca a territorio gentil, pero no lo introduce en él; es la mujer cananea quien viene a Jesús.   

Si consideramos el hecho de que cada evangelista escribe para una comunidad de fe en particular según las circunstancias y problemas de cada de una ellas, me parece que el asunto territorial es toda una intención teológica. No podemos obviar que uno de los propósitos atendidos por Mateo (entre varios) fue el problema que representó la admisión de los gentiles en la iglesia. Dicho énfasis se puede ver en 2:12 donde los magos de oriente (gentiles) son los primeros en reconocer la mesianidad de Jesús; en 2:13-15 con la huida de José y María a Egipto—tierra gentil; y en 8:10 donde se pone en evidencia la fe de un centurión gentil.  

Volviendo a nuestro texto, la mujer cananea llama a Jesús con un título mesiánico: “Señor, Hijo de David.” Resulta improbable en boca de una mujer gentil no instruida, pero ilustra teológicamente la buena disposición de los gentiles para confesar la mesianidad que negaban los judíos. Además sabemos por los evangelios que Jesús no es dado a la búsqueda de tales títulos de poder (Juan 6:15). Esta mujer solicita compasión, lo cual implica que hace del problema de su hija el suyo propio. Su hija es “gravemente atormentada por un demonio.”  

La segunda parte (vv.23-24) señala que Jesús no responde al momento a la solicitud de la mujer, pero tampoco la despide. Los discípulos parecen estar disgustados por la forma en que llamaba la atención pública “gritando detrás de” ellos. Por eso solicitan a Jesús que la despida. La forma verbal “despídela” implica en el texto dejarla ir después de concederle lo que le pide.   

En un tono aparentemente fuerte, Jesús le indica que él sólo ha sido enviado a “las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Dado el tono en que Jesús lo dice, algunos comentaristas afirman que no puede tratarse de un dicho auténtico de Jesús. Es sabido que Galilea es una zona de convergencia multicultural. Por eso es muy probable que Mateo esté intentando suscitar una discusión teológica en cuanto a quiénes son las “ovejas perdidas de la casa de Israel.” ¿A quiénes debe incluir el ministerio de Jesús? ¿El mensaje de salvación es sólo para los judíos? Más aún, ¿hacia dónde debe ir encaminada la misión de la comunidad mateana? Jesús nunca se planteó una misión entre los gentiles durante este viaje o durante su ministerio terrenal (Mt 10:5-6). Entonces, ¿a quién va dirigida está narrativa?    

La última parte de la perícopa (vv. 25-28) nos sorprende con la mujer cananea clamando decididamente por la misericordia de Jesús: “se postró ante él, diciendo: ‘¡Señor, socórreme!’” La respuesta de Jesús, nuevamente, no deja de ser fuerte. Trae a colación un diálogo de sabiduría en el que afirma que a los gentiles (los llama “perros,” que es la traducción del original griego kynariois) no les corresponde lo que por razón del pacto ha sido destinado al pueblo de Israel. Mateo no indica que la mujer se haya ofendido por la implicación de ser un perro gentil. La mujer responde a este dicho de sabiduría con otro. Es decir, opone un insulto a otro insulto, o hace, como en este caso, que el insulto se convierta en un cumplido. Utiliza las palabras de Jesús hábilmente para su propio beneficio: “Sí Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.”  

La narrativa culmina enfatizando la fe de la mujer, que es elogiada por Jesús: “¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres” (v. 28). Ello provocó la sanación de su hija desde aquel momento, del mismo modo que sucedió con el criado del centurión según la narrativa de Mt 8:5-13. 

Consideraciones para la Predicación

La narrativa en cuestión no es un relato de milagros. El clímax de la historia no es el milagro ni la sentencia de Jesús, sino las palabras de la mujer. Ante la pregunta de a quién va dirigida está narrativa, podemos responder lo que ya hemos ido sugiriendo. Según algunos eruditos, el relato fue compuesto de frente a los problemas suscitados por la entrada de “paganos” a la Iglesia. Sin embargo, no puede afirmarse categóricamente que haya sido redactado por esa única razón. El relato va dirigido a la iglesia naciente. Matthias Konrad afirma que en la eclesiología de Mateo la iglesia no sólo es vista como el recipiente de la salvación lograda por Jesús, sino que la comunidad cristiana es llamada a una vida de servicio a través de la misión.1 Esta comunidad es llamada a verse como preparada por Dios para una tarea misional entre el resto de la gente de Dios y más allá.2 El acto de sanidad de la hija de la mujer cananea es el anticipo de lo que habría de ocurrir y debe ocurrir en la acción misionera de la iglesia entre los gentiles. La misión cristiana es la extensión o el reflejo de la misión de Jesús: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). 

Si bien es cierto que el relato no presenta a Jesús recomendando una misión entre los gentiles, tampoco rechazó la fe de aquellos y aquellas que se le acercaban. Uno de los propósitos de Jesús consistía en ir llevando a sus discípulos a una comprensión más profunda de quién era él (Mt 16:13-14).3 Por tanto, el presente relato debe entenderse como misional y post-pascual (después de los eventos de la resurrección)4 dirigido a una comunidad llamada a predicar a todas las naciones (Mt 28:19-20). Ello implica que la dimensión básica de la tarea de la iglesia evidenciada en Pentecostés (por la capacitación del Espíritu Santo a quienes allí estaban) es dinámica y no estática.5

¿Qué significa esto? Ivan Illich lo explica de la siguiente manera: “La misión es el crecimiento de la iglesia… La misión es el florecimiento social de la Palabra en un presente cada vez más cambiante. Aquí tratamos con la Palabra de Dios como la iglesia en su desarrollo; la Palabra como la iglesia en su situación fronteriza; la iglesia como sorpresa y rompecabezas… La iglesia cuando su apariencia histórica es tan novedosa que tiene que forzar a sí misma para reconocer sus partes en el espejo del presente; la iglesia donde queda preñada de nuevas revelaciones para un pueblo en el que amanece.”6

El mensaje y la obra de Cristo no son sólo para Israel, sino para toda la humanidad. En un mundo marcado por la globalización y los valores que ello conlleva, el discipulado también tiene por mandato un referente global—sólo que desde los valores del Reino de Dios. En este sentido, la misión de la Iglesia es holística; va dirigida a la persona total y la totalidad de la vida es inseparable del plan de salvación manifestado en la persona de Jesús. Es local porque atiende las necesidades de las personas en su propio lugar y contexto. Es universal en cuanto va dirigida a todas las personas más allá de las fronteras de raza, clase social, género, cultura, religión y nación (Hechos 1:8). 

Finalizo con estos puntos:

  1. El texto de hoy nos enseña y nos llama a romper con nuestros propios prejuicios en relación a quienes no son parte de la iglesia. 
  1. La fe de la mujer cananea quien atrevidamente se acerca a Jesús nos invita a acercarnos a las personas a quienes hemos excluido desde la religión, es decir, a quienes hemos declarado “impuros/as” por criterios religiosos. 
  1. La fe de esta mujer nos muestra la necesidad de cruzar no sólo las fronteras culturales, sino aquellos territorios que por “etiquetas” y “estereotipos” nos separan de otros. ¿Cómo atendemos pastoralmente a los/as inmigrantes que llegan a los Estados Unidos? ¿Cómo nos posicionamos, por ejemplo, frente a proyectos de ley que allanan el camino para que los inmigrantes indocumentados accedan a un estatus legal, pero no a la ciudadanía? ¿Abandonaremos la posibilidad de pastorear a personas de comunidades LGTB por el simple hecho de su orientación sexual? ¿Qué hacemos con alguien que sale de la prisión después de 20 años? 
  1. Las palabras de Jesús (vv. 24 y 26) a esta mujer muestran algo de su patriotismo judío. Sin embargo, el corazón de Jesús fue tocado, y esto muestra su sensibilidad por “la otra persona” no importando su origen y territorio. La iglesia deberá reconocer que los/as pecadores/as no sólo están fuera del redil, sino dentro. La iglesia es una comunidad de personas pecadoras sacadas de su marginalidad e injertadas a un nuevo orden de vida marcado por el derecho de la igualdad. En este sentido, Jesús es para todos y todas. ¡Vayamos a esos territorios!  

Notas:

1. Konrad, Matthias, Israel Church and the Gentiles in the Gospel of Matthew (Waco, TX: Baylor University Press, 2014), 328, 336.

2. Ibid., 335.

3. Stein, Robert H., Jesús, el Mesías: un estudio de la vida de Cristo (USA: Editorial CLIE, 2006), 188-189.

4. Konrad, Matthias, Op. Cit., 336.

5. Ibid., 336.

6. Como se cita en: Orlando Costas, Nuevas alternativas de educación teológica (Buenos Aires/Grand Rapids: Nueva Creación/William B. Eerdmans Pub. Co., 1986), 10.