< August 06, 2017 >

Comentario del San Mateo 14:13-21

 

La perícopa que nos ocupa es una de las más conocidas por la cristiandad.

Es muy usada en la escuela dominical, en los estudios bíblicos y en las predicaciones. Al momento de rescatar su mensaje, generalmente se resalta el milagro de la multiplicación y se pone toda la atención en Jesús, dejándose a un lado otros aspectos claves de la narración. Muchas veces ha sido abordada de una forma más “espiritualista” que humana, como si no hubiese habido ninguna participación humana.

Es necesario tomar en cuenta algunas claves antes de leer cualquier pasaje de Mateo. En primer lugar, Mateo presenta a Jesús en continuidad con la historia de Israel. En Jesús y en la iglesia se cumple todo lo predicho en las profecías del Antiguo Testamento. Esto es evidenciado especialmente en los primeros capítulos (Mt 1:1-4:16), en los que aparecen siete citas del Antiguo Testamento.1

En segundo lugar, se debe considerar el aspecto eclesiológico del evangelio.2 Su fin es marcar una dirección a la iglesia, y orientar su marcha en el cumplimiento de su misión. De esa manera, cada pasaje apela a su rol en este mundo, el cual debe ser una imitación del papel del Señor al que sirve.

Por otro lado, el contexto nos da cuenta de la mentalidad mesiánica que tiene la población de aquella época. Mateo concentra en la persona de Jesús todos los atributos mesiánicos que le dan autoridad como guía y maestro. Es de esperarse entonces que los/as oyentes vean en Jesús al mesías capaz de obrar hechos portentosos en cualquier momento. Por eso, el pasaje en cuestión lo presenta como el sanador (v. 14) y obrador de milagros. A pesar de lo que la gente espera, ante la preocupación de los discípulos, Jesús no usa su autoridad inmediatamente para dar de comer a la multitud. Hay un problema que se le plantea. Pero Jesús se rehúsa a solucionarlo por sí mismo. Interpela a sus discípulos para que lo solucionen ellos (v. 16). Ante tal exigencia, éstos echan mano de los pocos recursos que tienen (v. 17). Con ello, Jesús logra la colaboración de sus seguidores para suplir la necesidad del momento.  

¿Puede Jesús darle de comer a toda esa multitud? Sí, antes del milagro de la multiplicación, él había estado sanando a quienes estaban enfermos/as. Son harto conocidos su poder y autoridad. Pero Jesús decide que sus discípulos intervengan. De nuevo el autor se remite al propósito eclesiológico del evangelio para recordarle a la iglesia la misión de identificarse con las necesidades de las personas, internalizarlas y proveer a las mismas. Deja sentado que, aunque la divinidad pueda actuar por sí misma, prefiere usar las manos y los pies de su iglesia para llevar a cabo su proyecto de vida. Con ello el pasaje reclama el trabajo social de la iglesia para facilitar la solución de las necesidades en la comunidad.

Hay otros aspectos a considerar en el trasfondo del pasaje. La persona de Jesús tiene algo que ofrecer a las personas. Se dice que la gente lo sigue a pie desde las ciudades y lo buscan por todos lados (v. 13). Permanecen con él, muchas horas sin comer, hasta el anochecer...

Las preguntas que surgen al contemplar este panorama son: ¿No tiene nada que hacer la gente que sigue a Jesús? ¿No tiene compromisos? ¿Dejaron abandonados sus empleos? Es probable que un buen número esté desempleado (Mt 20:3). Hay muchos enfermos (v. 14). Quizás otras personas simplemente se sienten muy a gusto con él. Pero la imagen que aflora por todas partes es la de la gran “necesidad.” Las personas están ávidas de una respuesta. Jesús representa algo mucho más grande. Jesús es la respuesta a las circunstancias más difíciles. Para profundizar la dificultad del momento, se plantea la necesidad de comer. Una de las principales actividades del ser humano, insustituible. La más importante.

Al interpretar el pasaje, siempre se han puntualizado las necesidades que pueden ser percibidas, pero ¿qué de aquellas que no? Seguramente algunas personas están con problemas emocionales, de orientación, de empatía, de reconocimiento, de afecto... Están en busca del sustento pleno para su vida, que no solamente puede ser satisfecho por la salud y la comida.

A diferencia de lo que enseña la visión tradicional del pasaje, el milagro no sólo tiene como autor a Jesús, sino también a sus discípulos. Es el milagro de la solidaridad, que empieza por alguien que identifica una necesidad y logra socializarla (v. 15: “Despide a la multitud para que vayan por las aldeas y compren algo de comer.”) Establece acuerdos y busca recursos. Ve la necesidad y aporta lo poco que tiene. No se queda con los brazos cruzados; actúa, aunque no haya abundancia ni un excedente para aportar. De esta forma se logra satisfacer necesidades. Es que la solidaridad es un valor práctico, que no se queda en el nivel del entendimiento y el discurso, sino que se materializa; solo de esta manera se convierte en solidaridad. Es cuando se toman como propios los sufrimientos, carestías, pero también alegrías de las demás personas.

Jesús se pasea entre la multitud mostrado su capacidad de comprensión. Se identifica con ellos, en sus sufrimientos físicos (sana), piensa en su cansancio (manda a recostarse), satisface sus necesidades más apremiantes (da de comer). Se aprecian en el pasaje las actividades vitales que le dan sustento al ser, tales como: relacionarse, acompañar, compartir, servir, sanar (salud), partir el pan (peces), comer y mostrar afecto. ¡Atención! No sólo Jesús las realiza, sino también sus discípulos. Según la narración, tanto Jesús como sus discípulos están en contacto con la gente, hablando, aproximándose, compadeciéndose, mostrando su afecto y sirviendo.

Por esta riqueza de actividades y valores, la perícopa se podría titular: “el gran milagro de la solidaridad,” pues para que sea posible se requieren todos los valores y acciones señalados.

Se resalta el poder que tiene la solidaridad, como el milagro divino-humano más sorprendente, para transformar situaciones difíciles en favorables.

Así, la comunidad retoma la memoria histórica de Jesús, en la que vive el significado de la vida y ministerio de su fundador. Se apropia de su proyecto de identificación total con el prójimo. Es ella la que hace presente el proyecto de Jesús, aquí y ahora.

El recurso literario de la narración es contundente, al cerrar con broche de oro, dejando un sentido de plenitud impregnado en la mente de los/as lectores/as: “Comieron todos y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños” (vv. 20-21).

¿Qué acciones tengo que realizar en mi comunidad para hacer presente el proyecto de Jesús?


1. Pablo Richard, “El evangelio de Mateo: Una visión global y liberadora,” en RIBLA 27, (1997), 12.

2. Ibid., 9.