Segundo Domingo de Cuaresma

Un modelo de discipulado

photo of a gas station turned religious meeting hall in Potlatch, WA, 1974.
Image: David Falconer, "Holy Spirit Revival Gas Station, Potlatch, WA," 1974 via Wikimedia Commons.

March 1, 2026

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Comentario del San Juan 3:1-17



La lectura de hoy nos presenta a Nicodemo como un modelo especialmente adecuado de discipulado para nuestro camino de Cuaresma. Al igual que nosotros/as en este tiempo litúrgico, Nicodemo es un discípulo en camino, atravesando la oscuridad mientras lidia con las dificultades de la fe. Al escuchar al Hijo del Hombre que “está en el cielo” (v. 13), Nicodemo lucha por comprender lo que realmente significa vivir plenamente el mensaje de Jesús en la tierra.

Sin embargo, a pesar de todas las dificultades de Nicodemo con la fe, el evangelio nos presenta un mensaje alentador: el camino del discipulado—al igual que nuestro camino de Cuaresma actual—depende en última instancia no del esfuerzo humano, sino de la gracia; o, en las palabras de Juan, del don del Espíritu.

A continuación, exploraremos primero cómo Juan describe brillantemente los desafíos del discipulado y la fe mediante su hábil uso de la ambigüedad. Concluiremos explorando cómo esta lectura nos habla particularmente en este tiempo de Cuaresma.

El marco exegético: Entre la luz y la oscuridad

El encuentro de Jesús con Nicodemo ocurre hacia el comienzo del Evangelio y se enmarca literariamente en la narrativa como una de las primeras respuestas a las “señales” (sēmeia en el original griego) que Jesús había comenzado a realizar. Tras presenciar la señal de Jesús en Caná (2:1–12) y la manifestación en el Templo de Jerusalén (2:13–25), los contemporáneos judíos de Jesús comienzan a lidiar con el significado de estas señales. Como admite Nicodemo: “Nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (v. 2).

Sin embargo, no todo es tan sencillo, y los inicios de la fe a menudo están llenos de preguntas y dudas. El evangelista lo presenta vívidamente al describir el acercamiento de Nicodemo a Jesús como algo que ocurre de noche (v. 2). La oscuridad exterior aquí refleja la oscuridad interior de comprensión que dominará el diálogo con Jesús. Sin embargo, al acercarse a Jesús, Nicodemo se convierte en una figura que avanza gradualmente hacia la luz y nos muestra que la fe es, en última instancia, un viaje que dura toda la vida.

En el diálogo entre Jesús y Nicodemo, la destreza literaria de Juan se manifiesta plenamente. Al explotar los dobles sentidos de ciertas palabras griegas clave, nuestro autor describe brillantemente las dificultades de vivir por fe, especialmente cuando hay tanta confusión. La primera ambigüedad surge cuando Jesús afirma que no se puede ver el reino de Dios a menos que se nazca de nuevo/de arriba (anōthen). La palabra griega aquí, anōthen, puede tener dos significados: “de nuevo” como una repetición, o también “de arriba” en el plano espacial. Nicodemo entiende claramente la palabra como “de nuevo” al preguntar cómo se puede volver a entrar al vientre materno. Sin embargo, cuanto más leemos el Evangelio de Juan, más nos damos cuenta de que Jesús se refiere claramente aquí al segundo significado: “de arriba.” Después de todo, Jesús es el Hijo del Hombre que ha descendido del cielo, como más tarde le aclarará a Nicodemo en el versículo 13.

Las ambigüedades continúan mientras Jesús explica que nacer de lo alto significa nacer del agua y del Espíritu (pneuma): “El viento (pneuma) sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu (pneuma)” (v. 8). Aquí Jesús utiliza la ambigüedad de la palabra pneuma, que bien puede significar viento o espíritu. Esto, naturalmente, deja a Nicodemo aún más perplejo: “¿Cómo puede hacerse esto?” (v. 9).

Como respuesta, Jesús aclara que seguir al Espíritu significa creer en aquel que bajó del cielo, y emplea nuestro tercer y último juego de palabras: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (hypsōthēnai), para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (vv. 14–15). Aquí Jesús alude una vez más a varias realidades que requieren un verdadero discernimiento espiritual para comprenderlas.

Por un lado, Jesús presagia su crucifixión, ya que será levantado (hypsoō) físicamente en la cruz como lo fue la serpiente en Números 21:9. Sin embargo, por otro lado, la palabra hypsoō también puede interpretarse como exaltado y glorificado (por ejemplo, en Hechos 2:33; Lucas 1:52). Como resultado, Jesús presenta un principio teológico central en el Evangelio de Juan: la crucifixión de Jesús es, al mismo tiempo, su exaltación. Se requiere un verdadero discernimiento espiritual para comprender cómo la cruz se convierte en el camino de exaltación tanto para el Mesías como para quienes le siguen. Esta es la realidad que la Cuaresma nos invita a contemplar.

Para que tengan vida eterna

Sin embargo, por difícil que sea comprender estos misterios más profundos de la fe, Jesús deja muy en claro que el fin del camino espiritual no es la confusión, sino la salvación y la vida eterna. La clave aquí es que nuestro camino espiritual depende, en última instancia, no de nuestros esfuerzos terrenales, sino del don gratuito del Espíritu enviado por el Hijo. Así, “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (v. 16). En definitiva, el Espíritu es un don que debe recibirse. Si nos encontramos en las dificultades de la fe, la lectura de hoy revela que la postura correcta para caminar hacia la luz es la receptividad espiritual.

Por consiguiente, Nicodemo se convierte en una figura especialmente iluminadora en esta Cuaresma. En nuestro camino hacia la cruz, en medio de las complejidades de vivir la fe en un mundo quebrantado, pasamos de la oscuridad a la luz al fomentar una actitud de apertura espiritual, pues “el pneuma sopla de donde quiere” (v. 8). Aunque no todo sea claro y sigamos buscando respuestas como Nicodemo, nuestra capacidad de recibir y ceder al Espíritu moldeará nuestro camino cuaresmal hacia el Viernes Santo. Solo así veremos el reino de Dios (v. 3) el domingo de Pascua.

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Photo by Jon Tyson on Unsplash; licensed under CC0.

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