Vigésimo cuarto domingo después de Pentecostés

Tenemos otra parábola en este pasaje.

Matthew 25:25

Comentario del San Mateo 25:14-30

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Tenemos otra parábola en este pasaje.

En lugar de ser llamados/as como discípulos/as a estar preparados/as y listos/as porque no sabemos cuándo regresa Jesús, en esta parábola somos llamados/as a cuidar y a mantener bien lo que Jesús nos da. En lugar del día de una boda, la metáfora principal aquí es el día cuando Jesús regrese para arreglar cuentas.

En varios niveles de paralelismo, tenemos aquí tres servidores: uno a quien su señor le da cinco talentos, otro a quien le da dos talentos, y un tercero a quien le da un talento. Parece que el valor monetario de un talento era significativo, pero lo que importa más en esta parábola es que hay una correspondencia entre la cantidad de talentos dados y la capacidad de cada servidor. Los talentos son distribuidos en función de la capacidad de cada siervo (v. 15). Y como hay diferencias de capacidad, hay también diferencias de responsabilidad. ¿Qué ocurre en cada caso cuando el señor viene para arreglar cuentas?

Los primeros dos siervos duplican sus cantidades: el siervo con cinco talentos llegó a tener diez, y el siervo con dos llegó a tener cuatro. Pero el tercer siervo, a quien le fue dado un talento, decidió hacer “un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor” (v. 18). ¿Por qué hace esto? No tenemos mencionada una razón en la primera parte de la parábola que describa el porqué de las acciones de los siervos. Más tarde en el pasaje tenemos las indicaciones de que este siervo es “malo y negligente” (v. 26). Este siervo obviamente menosprecia el tiempo y la oportunidad de hacer algo durante el tiempo en que el señor está lejos. Cuando llega el señor para arreglar cuentas, el tercer siervo se atreve incluso a insultar a su señor: “Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo” (vv. 24-25). ¿Cómo podemos entender esta respuesta de parte del tercer siervo?

A lo mejor, el siervo es sincero respecto de su miedo: no quiso sufrir el riesgo de perder el dinero en inversiones que luego fallaran. El temor de perder dinero es válido; pero también el tercer siervo debió tener el temor de menospreciar el tiempo con el que contó. Algo legítimo puede volverse ilegítimo cuando se lleva a los extremos. Una frase importante aquí es: “Una herejía es una verdad llevada al extremo en la forma en que se la entiende y practica.”

En su respuesta, el tercer siervo enfoca sobre el carácter del señor, el hecho de que es un hombre “duro.” No tenemos otra indicación de que el señor fuera duro, pero sí sabemos que el señor estaba fuera por “mucho tiempo” (v. 19). También, implícito en todo esto está la necesidad de que los siervos hicieran algo con los talentos que pertenecían al señor. En contra de la caracterización de ser “duro,” el señor esperaba como mínimo que el tercer siervo hubiera dado el talento a los banqueros para que pudiera generar intereses (v. 27). Una acción de algún tipo era preferible a la resignación.

¿Cómo podemos entender esta parábola en nuestros contextos?

En primer lugar, todo lo que tenemos viene de Dios. Todo es don, es gracia. No merecemos las bendiciones que tenemos. Debemos entendernos, entonces, como seres bendecidos por la gracia de Dios. Pero Dios nos da lo que tenemos con una expectativa: que seamos buenos administradores de lo que Dios nos da. Es decir, la acción de Dios requiere una respuesta de nuestra parte en la forma de una utilización responsable de los dones de Dios. La condenación final del tercer siervo en este pasaje es que este siervo es “inútil” (v. 30). No queremos ni debemos ser inútiles en el reino de Dios.

En segundo lugar, es claro que no importa cuánto tiempo tarda nuestro Señor, porque cuando llegue habrá indefectiblemente un arreglo de cuentas. Este es un enfoque escatológico: cuando llegue el día, habrá juicio, no solo a los pecadores, pero también a los siervos de Dios. Por un lado, esto suena difícil y nos hace pensar que Jesús es “duro,” pero por otro lado, está la dinámica del tiempo. Si la oportunidad se presenta para hacer el bien, ¿puede ser que negarse a aprovechar la oportunidad sea un tipo de mal? Todo esto para decir que los/as siervos/as de Dios tienen responsabilidades y negarse a cumplirlas merecerá un tipo de juicio por parte de nuestro Señor.

Finalmente, hay que aprender algo muy importante de esta parábola. El tercer siervo nunca toma responsabilidad por sus acciones; al contrario, trata de justificar su miedo (y como consecuencia, su inacción) en su caracterización negativa del señor. Pero en el proceso, este siervo se muestra como el quien tiene un carácter pobre. Este siervo no duplica los talentos, pero sí duplica las ofensas: no solamente no hace nada con el talento que tiene, sino que también niega su responsabilidad cuando llega el día de presentarse delante del señor. Inacción añadida a negación es inaceptable; a fin de cuentas, esto requiere condenación (v. 30). Como servidores/as de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la responsabilidad de ser buenos/as administradores/as de lo que él nos da. Y si fallamos, cuando llega el momento del arreglo de cuentas, hay que confesar nuestra negligencia y tratar de mejorar.

No se requiere la perfección ni la madurez completa para alcanzar la salvación. Como seres humanos, siempre podemos crecer más y más en conformidad con nuestro Señor. Sería mejor tratar y fracasar que no tratar y menospreciar, porque al tratar por lo menos demostramos que tenemos la intención de cumplir con la carga. Y cuando fallamos, debemos arrepentirnos y pedir el perdón de Dios, porque a fin de cuentas, nuestro Señor no es “duro,” sino que es justo y misericordioso.