Decimotercer domingo después de Pentecostés

La identidad de Jesús

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August 23, 2026

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Comentario del San Mateo 16:13-20



Conocer el contexto cultural de este texto es clave para adentrarnos más allá de la lectura común sobre el origen del papado. Jesús primeramente les pregunta a los discípulos qué dice la gente sobre quién es él y, de inmediato, quién dicen ellos que es, a lo que Pedro responde (en nombre de todos): “Tú eres el Cristo.” Jesús les advierte entonces que ese reconocimiento es una revelación del Padre, no dada por indagación natural, y que no se lo digan a nadie. La consulta es precedida por la petición de los fariseos de una señal de su identidad.

¿Por qué simplemente no les dice quién es? Habría despejado sus dudas y confusión que se ponen de manifiesto en las divagaciones respecto a las señales en Mateo 16:5–12.

Abordaremos el texto desde el sentido contextual de este interrogante, con dos afirmaciones respecto del valor cultural de nombrar o reconocer y dos detalles georreligiosos de la ubicación en que Mateo da cuenta de este reconocimiento.

La antropología cultural nos ayuda a detenernos en algo que nuestras sociedades occidentales olvidan en el acto de nombrar a alguien, debido a la concepción tan individualista de la afirmación de identidad. Una persona en esa época estructuraba su identidad bajo dos percepciones relacionadas e interdependientes.

Desde esta perspectiva antropológica cultural reconocemos dos aproximaciones a la conformación de identidad, esto es, personalidad diádica[1] y personalidad consciente y comprometida. La comprensión de estas concepciones se despeja bajo esta pregunta espiritual: ¿Cuál es el nombre íntimo, propio, con el cual te nombran y te identifican, el nombre que da cuenta de tu vocación o llamado a ser y vivir para los demás?[2]

Identidad diádica

Entiéndese como una relación entre dos personas: en este caso, una persona en sentido colectivo, el grupo íntimo del que Pedro aparece como vocero, y Jesús. Involucra la influencia mutua y la interdependencia, al contrario del individualismo y de la autosuficiencia. Para afirmar mi identidad, la relación con los demás cuenta de manera relevante.

Esta concepción nos habla de una identidad hacia los demás, para los demás, un ser para los otros. Esta es una cosa muy distinta a nuestras concepciones de persona, donde la individualidad es fruto exclusivo del mismo individuo, en un marco muy liberal de la vida. La importancia de ser reconocido por el nombre especial dado por el Padre a Jesús le da identidad y es determinante para la vida—una concepción de humanidad en profunda relación con lo que ven los otros. El reconocimiento del nombre a partir de la relación establecida y la revelación del Padre confirma que el testimonio de sus acciones da cuenta de su misión de vida. Ese nombre que sabe en su interior que le pertenece resuena en su alma y en la aceptación del grupo íntimo.

Identidad consciente y comprometida

Ser consciente de sí mismo esco-nocimiento (con-ciencia) con y a través de los demás. Mateo va cerrando una sección de su evangelio marcada por el reconocimiento del ministerio e identidad de Jesús (11:2–6, 20). Jesús pregunta por lo que dice la gente a partir de sus acciones y las señales de su misión entre ellos. Los discípulos advierten que divaga entre los profetas o Elías, que sería reenviado por Dios según la tradición judía.

Los discípulos toman conciencia de quién es Jesús, y él confirma su identidad en la afirmación de la gente y esencialmente de su grupo más íntimo. Tomar conciencia de quién se es, en este sentido, incluye un compromiso ineludible con su comunidad,  como se verá en Mateo 16:21 al 20:34: enfrentar todas las consecuencias de ser el Cristo liberador de los demás.

Una comunidad inclusiva y reconciliadora

El núcleo más cercano afirma, en la iniciativa de Pedro, que Jesús es el Mesías, el Cristo, y agrega, “el Hijo del Dios viviente.” Tal reconocimiento debemos situarlo en la preocupación pastoral de Mateo por las discriminaciones entre los miembros de la iglesia de Antioquía de los años 60 d. C. Por un lado, estaban quienes venían del judaísmo y ponían el acento en la tradición judía para llegar al encuentro del Mesías. Ellos se veían más representados por el liderazgo de Santiago de la iglesia de Jerusalén, más arraigado en la religión judía. Por otro lado, estaban quienes venían de la cultura griega que relativizaban la ley judía y sus imposiciones morales, más representados por Pablo, quien era visto como relativizador del cumplimiento de varias normas de la tradición judía.[3]

Pedro representaba un término medio. Él asumió una posición menos rígida que la judaizante y no tan relativista respecto de la moral de los paganos. Después de sus lecciones de inclusión de los no judíos en el Reino de Dios en la visita a Cornelio (Hechos 10), Mateo espera que esa reconciliación intercultural sea la identidad de la iglesia. En otras palabras, el reconocimiento de Simón a Jesús, a quien Jesús llama Pedro (relación diádica) después de que este le dice, “Tú eres el Cristo”, se constituye en la piedra de la Iglesia y tendrá directa relación con la identidad de la comunidad de discípulos.

Jesús pregunta. ¿Acaso no lo sabe? Verificar su nombre con los demás, partiendo por el círculo externo y luego el más importante, el íntimo, se constituye en una confirmación para dar el anuncio del camino de la cruz al enfrentar Jerusalén. Como indica a continuación el evangelista, acontecerían señales más críticas en conflicto agudizado con la institución religiosa de su época y su crucifixión. Si los que aún no lo reconocen supieran por boca de los discípulos quién es Jesús, no entenderían las consecuencias del camino a Jerusalén.

Identidad y contexto

Esta afirmación revelada no es dicha en cualquier lugar, sino en la región de Cesárea de Filipo (v. 13), controlada por esa ciudad. Y hay dos factores significativos para sus vecinos que no siempre se tienen en cuenta.[4] Primero, era el lugar donde Pan-dios—un rústico semidiós de la mitología griega, cuidador de las ovejas, cuyos rugidos al despertar de sus siestas infundían pánico—habría muerto según el relato mitológico. Con el trasfondo de esa tradición pagana se asoma la identidad del auténtico pastor que cuida y apacienta con misericordia el rebaño del pueblo de Dios. Por otro lado, en esta ciudad existía un templo de mármol en honor al emperador a quien se le decía que era el hijo de dios.

Un claro mensaje a la tradición política y religiosa de los habitantes de esa región: Aquel a quien reconocen como Jesús es el auténtico Hijo del Dios. Ningún emperador ni semidiós está a la altura ni puede ser reconocido como el Mesías.

Una invitación a reconciliarnos con quienes somos a la luz del evangelio: Jesús expuso desde su acción el sustento de su identidad. “No olviden quién soy en medio de las turbulencias y polarizaciones, la idolatría de sistemas o las autoafirmaciones de Mesías salvadores del mundo,” podrían haber sido sus palabras también. La solicitud de no decirles a los demás significaba dejar que sus señales y acciones pudieran dar cuenta de su identidad.

“¿Quién soy yo?” Es una pregunta que en nuestros tiempos se ha diluido en el peso del individualismo como si uno pudiera nombrarse como quisiera o determinara por sí mismo/a su propia identidad. Jesús, como era común en su época, se ve a sí mismo enraizado con los otros; su existencia humana significativa está relacionada  con lo que Dios piensa de él, afirmado a través del reconocimiento de su grupo.

Hay un antes y un después de la pregunta en esta particular región, preparando lo que vendrá a continuación.


Notas

  1. Bruce J. Manila, El Mundo del Nuevo Testamento, perspectiva desde la antropología cultural, ed. Verbo Divino: Navarra, 2009.
  2. Josep María Esquirol, Humano, más humano, una antropología de la herida infinita, ed. Acantilado: Barcelona, 2021, 19–30.
  3. José Luis Sicre, El Evangelio de Mateo, un drama con final feliz, ed. Verbo Divino: Navarra, 2019.
  4. Cartes Warren, Mateo y los márgenes, una lectura sociopolítica y religiosa, Ed. Verbo Divino: Navarra, 2007.
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Ceiling, Salzburg Cathedral. Image by Marco Sacchi via Flickr; licensed under CC BY-SA 2.0.

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