Comentario del San Mateo 2:1-12
Este relato es una “precuela” y trata sobre la búsqueda del “niño rey.” Aquí nos enteramos de la razón por la cual María, José y el bebé debieron huir a Egipto y también del porqué de la matanza de los niños. La tradición coloca la celebración de la Epifanía más tarde en el calendario y nos hace conocer los efectos antes de las causas. Sin embargo, en el siglo XXI estamos más que acostumbrados a ver las “precuelas” después de las historias centrales e, incluso, después de sus “secuelas.” Lo importante es saber que el relato del evangelio nos entrega cada vez su mensaje de gracia. El texto de Mateo nos presenta hoy su don epifánico, mostrándonos quién y cómo es el Mesías.
Para comenzar a pensar
La narración de la visita de los magos es particular de Mateo. No aparece en los otros evangelios. La crítica redaccional observa que el lenguaje narrativo es mayormente propio y por eso se presume que es una historia recibida de la tradición oral que aquí se pone por escrito por primera vez.
La sección del texto que ocupa esta “precuela” (Mt 2:1–12) aparece unida a la historia de Mt 2:13–23 por numerosos términos comunes, y sin esta primera sección la segunda sería incomprensible.
En los vv. 1 y 2, el texto provee una información fundamental que está ausente en la descripción del nacimiento en el capítulo previo (1:18–25): el hecho de que el lugar donde acontece el nacimiento de Jesús es Belén de Judea. Luego, introduce la pregunta de los magos a partir de la cual se desencadena la narración: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?” El relato que continúa se divide en dos partes presentando situaciones en conflicto.1
Los vv. 3–9a narran el encuentro de los magos y el “falso” rey de los judíos: Herodes en Jerusalén.
Aquí, la preocupación de Herodes es manifiesta; él pregunta a los sacerdotes y escribas por el lugar de nacimiento del Xristós (v. 4). Herodes identifica al niño rey que buscan los magos con el Ungido, el Mesías de Israel. En la respuesta de los instruidos (vv. 5–6), el texto introduce el cumplimiento de las Escrituras (ver Mq 5:2), validando así a Belén de Judá como la ciudad donde se cumple la promesa sobre el pastor mesiánico de Israel. Herodes provee esa información a los magos e intenta utilizarlos, a su vez, como informantes (vv. 7–8).
Los vv. 9b–12 narran el encuentro de los magos y el “verdadero” niño rey: Jesús en Belén.
Con la información recibida, los magos salen de Jerusalén y siguen a la estrella que los guía a Belén, al lugar exacto donde el niño y su madre se encuentran (vv. 9–11a). Con alegría los magos se postran en reverencia / adoración y ofrecen sus regalos al niño (vv. 11b). Luego, siendo advertidos en sueños, emprenden su camino de regreso evitando el encuentro con Herodes (v. 12).
Algunos temas a tener en cuenta
Sin duda, el acento central de nuestro texto está puesto en la figura de los magos. Mucho se especula sobre ellos, pero el relato nos dice poco y nada. Si bien la existencia de sabios astrónomos en el oriente es conocida, como también lo es la asociación de astros a la figura de gobernantes y monarcas en la antigüedad, la crítica bíblica no puede afirmar ni negar un núcleo de historicidad en el relato de Mateo.
Sin embargo, es importante prestar atención a las situaciones en conflicto que muestra el relato.
Herodes y toda Jerusalén se sorprenden ante la pregunta de los magos. Entienden que no puede aparecer un nuevo rey de los judíos estando ya Herodes y, sin dudas, no en un lugar que no sea Jerusalén.
Un grupo de extranjeros parece saber más que Herodes. Por eso necesita información inmediata, especialmente porque hablan de la posibilidad de otro rey que no era él. Herodes, quien detenta el poder en Judea como rey súbdito del Imperio Romano, consulta al establecimiento religioso.
Herodes entiende que el niño rey a quien buscan los magos es el Mesías (Xristós). En la tradición judía reyes y sacerdotes eran ungidos, pero aquí se trata de “el Ungido” que va a nacer en un lugar en particular. De allí su consulta a sacerdotes y escribas (Herodes tenía sus propias ambiciones; ya era rey, pero también quería retener para sí el título de Mesías).2
La noción de autoridad y poder de Herodes no acepta relaciones que no estén mediadas por el acto de someter o ser sometido. Ante la posibilidad de un rival, su estrategia es atacar primero. Así se pone en marcha su juego de poder que, ante una primera frustración, va a desencadenar el relato de la huida a Egipto y la matanza de los niños en Mateo 2:13–23.
Descubrir al “niño rey”
El relato de Mateo busca confirmar al verdadero Mesías de Israel, aquel en quien su comunidad pueda depositar su confianza. Por eso, toda la violencia y la crueldad desatadas en su relato denuncian la ceguera humana. Queda claro que el “niño rey,” el Mesías, no ambiciona el trono de un rey súbdito de Roma ni el trono del emperador.
Los magos que buscaban al “niño rey” de los judíos difícilmente conocían las expectativas mesiánicas de Israel. Ellos vieron su estrella en oriente y fueron a Jerusalén, el asiento de la autoridad. Sólo emprenden su camino cuando declinan sus expectativas y escuchan el dato profético del nacimiento mesiánico y la estrella los guía exactamente allí donde está el niño, en Belén. Allí se postran y le entregan sus dones en reconocimiento, y entienden que no deben plegarse a los deseos de Herodes.
El “niño rey” de los judíos no era tal. En realidad, no respondía a las expectativas del contexto. Ese error de los magos, de Herodes y de muchos, lo corona en la burla de su muerte con la inscripción “INRI—Iesus Nazarenus Rex Iudaiorum” (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Una burla que subraya aún más su verdadera identidad mesiánica.
Al leer el relato de Mateo ingenuamente no vemos la diferencia central. Jesús nunca fue un rey; es más, se sometió a la crueldad de los poderes terrenales de turno. Y esto, no como una estrategia temporaria, sino por el tipo de Mesías que era. Sabemos que su corta vida fue una negación constante de la autoridad comprendida como lógica jerárquica de dominio. Este modelo de Mesías decepciona para siempre muchas versiones y expectativas de cristos y de dioses.
Permitamos entonces que la Epifanía desmantele nuestras expectativas acerca de la autoridad, porque es allí donde se juega cada vez quién es Dios en Jesucristo.
Bibliografía consultada
Pikaza, Xavier. El evangelio de Mateo. De Jesús a la Iglesia. Estella, Navarra: Verbo Divino, 2017.
Notas
- En este esquema sigo a Luz, Ulrich. El Evangelio según San Mateo: Mt. 1–7. (Salamanca: Sígueme, 1993), 156.
- Al menos lo era en el imaginario de los herodianos. Ver Martínez, Aquiles Ernesto. “Jesus, the Immigrant Child: A Diasporic Reading of Matthew 2:1–23.” Apuntes 26, no. 3 (2006): 84–114 [94].



January 6, 2026