Comentario del San Juan 1:1-14
Aquí no hay una mujer encinta junto a su prometido, no hay pastores, ni ángeles. Tampoco hay pañales ni un pesebre. Este es un texto que nos habla del logos, de la vida, la luz, las tinieblas, el kosmos… ¿Qué pretende el Evangelio de Juan? ¿Vamos a hablar de la Navidad o hacer consideraciones filosófico-metafísicas? Es cierto que el evento de Navidad no se agota en ningún relato. Y es esperanzador que, luego de tantas imágenes difíciles de asir, el pasaje cierre con la afirmación teológica más contundente de la fe cristiana: “el logos (el Verbo) se hizo carne.” Tal afirmación nos impulsa a releer y apropiarnos hoy de su mensaje.
Para comenzar a pensar
El Evangelio de Juan no desarrolla una biografía de Jesús ni un resumen de su vida. Es más bien una interpretación de su persona y obra, hecha por una comunidad a través de su experiencia de fe.[1] Seguramente la comunidad en la que fue escrito estaba familiarizada con el lenguaje del texto. Había un entorno judío helenizado donde los términos afines a la cultura griega no eran extraños. Por otra parte, esos términos también remitían a palabras de la Torá y al texto de la traducción griega de la Biblia hebrea (Septuaginta). Entonces, tiene sentido que se hayan usado en el momento en que era necesario dejar en claro que ese hombre—de quien conocían el testimonio de su vida, muerte de cruz y resurrección—era Dios.
De esto trata precisamente en el comienzo de este Evangelio: Juan no incluye una genealogía humana de Jesús; nos entrega su genealogía divina.
El texto que nos ocupa (vv. 1–14) es parte del Prólogo (vv. 1–18), que constituye una unidad introductoria, distinta del resto de la obra.
Los vv. 1–13 tratan del logos eterno.
Aquí se introduce el logos (palabra, verbo) divino, que era y estaba con Dios desde el principio (vv. 1–5). Y no sólo estaba presente en el momento de la creación, sino que fue el medio mismo de su realización. Detrás de este relato se reconoce el comienzo del Génesis y la tradición sapiencial judía.[2]
También se narra el destino del logos divino en la historia (vv. 6–13). Juan da testimonio del logos dentro de la historicidad humana: es la luz verdadera que llega al mundo—el mundo que él mismo había creado y que no le conoció. Detrás de este relato se encuentra la tradición neotestamentaria de Juan el Bautista.
El v. 14 anuncia la encarnación del logos eterno.
Aquí se introduce al logos (palabra, verbo) hecho carne, que ha “puesto su tienda” (eskenosen) para morar en la comunidad humana.[3]
El relato avanza con imágenes abstractas que preparan el momento para la llegada de la materialidad concreta. Y es a partir de esa materialidad de la encarnación que todo lo previo comienza a cobrar densidad.
Algunos temas a tener en cuenta
El uso filosófico del logos es fundamentalmente metafísico. En el contexto del pensamiento helenista se entiende como “la razón” o “la lógica” que sustenta al universo. Pero la lógica de este logos ordena al mundo de manera jerárquica y dualista; entiende al “arriba” como más importante que el “abajo” y al “espíritu” como superior a la “materia.” Para este pensamiento, lo divino pertenece al ámbito de “arriba” y de lo “espiritual.”
El uso teológico del logos en Juan desmantela y desplaza al orden filosófico: el logos se hace carne y acampa en el mundo. La lógica de este logos es ilógica ya que coloca a la encarnación como centro del universo, confundiendo el arriba y el abajo, lo espiritual y lo material.
También el uso del término kosmos es estratégico. Esta palabra aparece 78 veces en el Evangelio de Juan; en el Prólogo se usa en tres oportunidades con contundencia. En el griego bíblico, este término reviste distintos sentidos, principalmente “universo,” “tierra,” “sistema del mundo” y “gente.”[4] Por esta razón, su uso abre muchas posibilidades de significación.
La afirmación de que el logos hecho carne entra al kosmos quiere decir que Dios mismo participa del universo, se instala en la tierra, comparte con la gente y actúa en el sistema del mundo.
El Prólogo de Juan no refiere a un conflicto entre un mundo espiritual y un mundo material. El mundo material es espiritual porque pertenece al logos de Dios encarnado, cuya existencia antes del comienzo le permite abarcar todas las dimensiones del universo y de nuestra historia. Coexiste con todo lo que viene a este mundo, porque era antes de que todo fuese.[5]
Creador y criatura
Podemos narrar la Navidad hablando de María y José, de los pastores y magos, de las estrellas, de pañales y pesebres porque quien creó al universo se hizo carne y lo habitó. Como anota Agustín de Hipona: “Yace en un pesebre, pero contiene al mundo. … Se hizo hombre quien hizo al hombre. … Toma el pecho quien gobierna los astros.”[6]
La Navidad no hace más que atar lo divino y lo humano de Cristo, y afirmar que no puede haber lo uno sin lo otro.
La Navidad nos dice que el creador se hace carne en Jesús, se hace materia, comparte todos los elementos que conforman el universo: desde estrellas, galaxias y planetas hasta el fenómeno de la vida en todas sus manifestaciones.
La Navidad nos confirma el compromiso divino de estar íntimamente conectado tanto con la belleza como con el desorden de la materia.[7]
La Navidad nos muestra cómo es Dios, a quien sólo podemos conocer porque él entró en el mundo y en la historia.[8]
Y en este mundo de Dios—que tanto ama—es donde se nos concede a los seres humanos la posibilidad de ser sus hijas e hijos, de recibir su gracia y su verdad.
La Navidad es también nuestra posibilidad de nacer de Dios y esto no nos exime de nuestras responsabilidades hacia el mundo. Todo lo contrario.
Notas
- Ver Mateos, J. y J. Barreto. El Evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético (Madrid: Cristiandad, 1992), 14.
- Que incluye los libros de Proverbios, Job, Eclesiastés, Sirácida (Eclesiástico) y Sabiduría. Esta tradición asocia la sabiduría (sofía) a la palabra divina (logos).
- “Puso su tienda” es la traducción literal de lo que la versión Reina Valera 1995 traduce como “habitó.”
- Ver Clark, D. J. “The Word Kosmos ‘World’ in John,” The Bible Translator 50:4 (1999), 401–406.
- Ver Guillet, Jacques. Jesus en el Evangelio de Juan (Estella, Navarra: Verbo Divino, 1982), 17.
- Agustín de Hipona. Sermones 190.4; 191.1. En https://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/index2.htm (consultado 5 de diciembre de 2025).
- Ulrich, Dan. “A Life-Giving Word for God’s Green Earth: John 1:1–14,” Brethren Life and Thought Vol. 62, No. 2 (2017/2018): 45–53 [51].
- Pagura, Federico y Homero Perera. Tenemos esperanza. En https://www.reddeliturgia.com/tenemos-esperanza-1890.html. Para escuchar, https://www.youtube.com/watch?v=TEr-lAOLvLA&list=RDTEr-lAOLvLA&start_radio=1 (consultado 8 de diciembre de 2025).



December 25, 2025