All Saints Sunday

Cómo vivir la santidad

Matthew 5:4
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November 6, 2022

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Comentario del San Lucas 6:20-31



La lectura de Lucas nos presenta a Jesús hablándoles a sus discípulos sobre cómo será su reino. Para quienes vivimos en las islas del Caribe es una forma de entender que Dios nos suple lo que necesitamos y que la verdadera riqueza no está en poseer sino en la posibilidad de compartir lo que tenemos. Desde el Huracán María y ahora el Fiona, hemos descubierto que en nuestra pobreza somos los vecinos quienes nos ayudamos los unos a los otros. Sacando lo que tienes en tu casa, compartes para darle al otro que está en necesidad. Cada vez que alguien visita a quien lo perdió todo y le lleva comida o algo que necesita, también le está llevando la palabra de esperanza y la oración de bendición. Y así se cumplen las bienaventuranzas o bendiciones de Jesús.

El mejor ejemplo es que en todas las ocasiones en que hemos sido abatidos por los desastres, el pueblo se ha movido a resolver antes que el gobierno. Los políticos generalmente aparecen tarde para prometer un dinero que nunca llega al pueblo porque están más preocupados por ayudar a quienes tienen grandes corporaciones a hacerse más ricos. Es aquí donde la segunda parte de la lectura nos da la gran alegría. “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre” (v. 25). No es que los estemos maldiciendo; es que sabemos que más adelante se van a encontrar con su condición humana.

El verdadero mensaje de Jesús para nosotros/as hoy y siempre está en la última parte del texto (vv. 27-31), que nos presenta el estilo de vida que debemos seguir. No es fácil amar y perdonar a quien te hace daño, ni orar por quien te margina y por los gobernantes que no cumplen con su deber. Jesús nos ofrece un estilo de vida para el ser humano. Que amemos a los enemigos y que a quienes nos insulten y nos engañen les contestemos con buenas palabras de edificación. Que pongamos la mejilla para que nos den la próxima bofetada. Que lo que nos han quitado, lo entreguemos sin molestarnos.

Aunque muchos piensen que no es la forma correcta de actuar, es la que le corresponde al pueblo de Dios, al pueblo de los santos, porque cuando actuamos de esta manera manifestamos el amor que Dios tiene por todos/as. Cuando actuamos de esta manera, se manifiesta la gloria de Dios con nuestras acciones, nuestro trabajo y nuestra fe.

Se nos hizo a todos/as iguales y por eso participamos de la santidad de Dios. Nuestro gran pecado es querer hacernos dioses en el aquí y ahora y pensar que Dios va a hacer exactamente lo que le pedimos. No podemos tratar al otro ser humano como alguien inferior, indigno o malhechor. La santidad viene por el amor maravilloso que Dios manifiesta en nuestras vidas. Un amor que nos permite tener vida para vivir en comunión con los demás. Un estilo de vida que no nos permite menospreciar ni clasificar las capacidades del otro ser humano.

Yo aprendí unas lecciones de vida muy hermosas hace mucho tiempo al escuchar las historias de las personas que visitaba cuando trabajé en la parte rural de Puerto Rico. Así aprendí que no importa si la persona tenía una casa grande o pequeña, si era de madera o cemento, si tenía escolaridad o no, dinero o no, trabajo o no. Cada ser humano que conocí tenía un proceso de ver la vida de forma espiritual que les permitía ayudar, aunque no fuera con dinero. Se compartía lo que se tenía, fuera poco o mucho. Era conmovedor ver cómo se acompañaban los unos a los otros cuando uno le llevaba la comida al vecino encamado que no podía trabajar y compartía lo que tenía sin esperar nada a cambio.

Hoy, al celebrar la vida de los santos, es necesario recordar a quienes nos pasaron la fe y nos acompañaron en los momentos difíciles, a quienes nos abrieron los caminos de la espiritualidad, a quienes nos dieron vida y vida en abundancia.

El Santo mayor es para nosotros/as el Dios Trino y uno, que muestra su gran amor perdonando nuestros pecados y dándonos cada día una nueva oportunidad de vivir la santidad de forma sencilla y maravillosa.

Hoy tú y yo tenemos la oportunidad de manifestar nuestra santidad amando a quien es diferente de nosotros/as, a pesar de que eventualmente nos haya hecho daño. Que así nos ayude Dios.