< May 15, 2011 >

Comentario del San Juan 10:1-10

 

En un sermón que "hace bajar de las nubes" al mundo bíblico, el predicador habló de su vida en África.

Nos dijo que la gente de un pueblo conocía a las ovejas de sus vecinos igual que conocemos a los niños de nuestros vecinos. Mientras se sentaba en un grupo en el pueblo, una persona pasaría y decir, "¿Han visto a mi oveja?" e identificaría su oveja por nombre. Durante la noche oscura oía los aldeanos  llamando nombres. "Están llamando a sus ovejas," le dijo un vecino. "Todos se encuentran unos a otros."

Esta característica de la vida en un pueblo pequeño e íntimo -- donde la gente sabe cuáles ovejas son suyas y cuáles pertenecen a un vecino, donde las ovejas si mismos saben a quién pertenecen -- era tan conocida a Jesús como es desconocido a nosotros. En esta parte de Juan 10, mientras Jesús intenta describir la relación entre sí mismo y sus seguidores, utiliza imágenes que no tocan nuestros corazones y mentes tan profundamente como tocaron los oyentes originales. Hay buen trabajo para el predicador en este espacio.

Este pasaje se divide en dos partes, cada uno se dirigido a un público generalmente identificado como "los judíos" en Juan 8:57. Sus discípulos están singularizados en 9:2 y los fariseos se mencionan en 9:40.  Vemos en 10:19 que "los judíos" se dividieron por las cosas que Jesús había dicho. Es justo imaginar que el público en 10:1-10 incluye personas locales de todas creencias sobre Jesús y sobre su fe.

Después de todas las preguntas sobre la identidad de Jesús en Juan 9, Jesús intenta de explicar ambos la división que se rodea (9:16 y 10:19) y la diferencia consumada entre lo que trae por sí mismo y lo que trae los demás. Hay una consternación sincera entre las personas alrededor de Jesús. ¿Quién es? ¿Cómo podemos confiar en él? ¿De verdad es de Dios o simplemente un nuevo charlatán en el pueblo? Jesús responde a estas preguntas en forma pragmática y poética. Hace obras que solo Dios o alguien bendito por Dios puede hacer. Describe la bendición que trae de Dios en términos poéticos.  Esta descripción es lo que 10:1-10 ofrece.

Las dos partes del pasaje ocurren porque nadie parece entender la primera "alegoría" de Jesús (vv. 6). En versículos 1-5 Jesús se identifica como el verdadero pastor. En versículo 6 el narrador nos explica que sus oyentes no entendieron la alegoría de Jesús. En versículos 7-10 Jesús ofrece otra manera para entender su relación con la gente: Yo soy la puerta de las ovejas. Ninguna de estas imágenes es completamente convincente a todos, así confirma  la verdad de lo que dice Jesús, que sus propias ovejas oyen su voz. Se supone que otros no.

Vamos a ver brevemente a las dos series de imágenes en este texto. En 10:1-5 Jesús simplemente habla una verdad que sus oyentes habrían sabido y dependido. Al igual que la gente en el pueblo africano, los judíos del primer siglo también valían mucho a sus ovejas y las conocían íntimamente. El primer siglo no podría haber imaginado la agricultura industrial que causa una imagen extraña para nosotros cuando pensamos en Jesús el pastor.

Podemos observar unas cosas interesantes sobre el pastor con quien Jesús se identifica. Primero, este pastor preocupa del bienestar de las ovejas, en vez de su propio bienestar. Este pastor no es ladrón ni bandido que robaría una oveja, una acción profundamente antisocial y en que la oveja no llega a un buen fin.  Jesús enfatiza una diferencia particular entre el bandido y el pastor: el pastor entra justamente, correctamente y abiertamente en el rebaño. Es apropiado que llegue y llame a sus ovejas y hace así, por la puerta coherentemente (note el uso de los participios en tiempo presente en vv. 1 y 2). Todo es sin tapujos, un esfuerzo cooperativo con un guardián servicial y ovejas que responden al sonido de sus nombres.  Hay una relación de confianza entre todos. Note que las ovejas no se representan como completamente tontas. Ellos escuchan, siguen, huyen de pastores falsos, y "saben" en quien se pueden confiar.

En versículo 4, su confianza está validado y enfatizado por otra parte del comportamiento del pastor: lleva las ovejas del rebaño y les guía. Las ovejas no simplemente escapan de una reclusión ni se apresuran en salir del rebaño para afrontar el gran mundo por las suyos. Su pastor los guía y va delante, para guiar. Las ovejas no están abandonadas.

Cuando la gente no entendía esta imagen, Jesús intentó otra vez de comparar si mismo con ladrones líderes. Describe muy explícitamente ellos que vinieron antes como ladrones y bandidos, que ya mencionó in versículo 1 y de quién las ovejas huyeron. En eso, Jesús hace una declaración clara de identidad. Yo soy la puerta. Yo soy el camino correcto, el único camino al rebaño. Los pastos -- es decir, la vida -- son por mí, la puerta. Ellos que entran están salvados, es decir, están llevados a los pastos y la vida en vez de caer a su destrucción.

Este pasaje no nos ofrece un problema de Jesús como pastor y puerta a la vez. En su lugar, Jesús habla de la puerta para clarificar la imagen del pastor. En ambos casos es sobre uno que es digno de confianza -- sea líder o camino -- que lleva sus seguidores a los pastos amplios. Él es el buen pastor de Salmos 23 y Ezequiel 34, el líder cuyo trabajo y vida son por las ovejas y su bienestar. Él es el camino correcto, el camino verdadero para entrar en esa amplitud, esa plenitud de vida. Ambos el pastor y la puerta son participantes en un sistema social cuyo papel es proteger y proveer a las ovejas. Están en contraste con ellos que cazan las ovejas por su propio interés, que disminuye el rebaño y crea ansiedad dentro.

No debe sorprendernos que seguimos ser divididos sobre quien nos cuida mejor, que continuamos preguntarnos con ansiedad quién intenta disminuirnos en cualquiera manera. División y la lucha de entender son los resultados y la motivación para las palabras de Jesús aquí. Luchamos para tener habla clara y deseamos, pero casi nunca atrevemos, a confiar en nuestros líderes.

Una lección aquí es que las ovejas salen mejor juntos, que no están cargados uno por uno. Otra es que hay una promesa de gran pastos, vida abundante para todos que siguen el camino de Jesús. Una tercera es que hay algo público, abierto, honesto, y aun simple sobre cómo vivimos como la gente de Dios por Jesús. Es el pastor, la puerta, el rebaño en vez del solapado y escondido bandido o ladrón. Hay unas indirectas en ese contraste que tal vez nos ayudará identificar el pastor verdadero. Y hay el consuelo que entendimiento viene y va. Oír la voz de Jesús no sucede fácilmente aun para ellos más cerca de él. Pero ni él ni ellos abandonan el uno al otro.

En un mundo donde aún computadoras generan cartas y llamadas de teléfono en que nos dirigen por nombre, siempre tratando conseguir algo de nosotros, hay una promesa aquí que cuando Dios nos llama por Jesús nos atravesamos a confiar que estaremos alimentados con el resto de la gente de Dios.