< December 16, 2018 >

Comentario del San Lucas 3:7-18

 

“¡Dad frutos dignos de conversión!” (v. 8 en mi traducción del original griego).

Este tercer domingo de adviento da continuidad a la predicación de Juan del domingo anterior. Si en el texto para el domingo pasado se resumía su mensaje, aquí el énfasis está en cómo responde la gente (vv. 7, 10, 15) a la predicación de la “buena nueva” (v. 18).

Frutos Buenos, Dignos de Conversión

Las respuestas a la predicación de Juan son disímiles. Hay quienes se acercan a Juan y parece que sus frutos no revelan la conversión predicada (vv. 7-9). Por otro lado, encontramos un interés concreto de encarnar la predicación escuchada (vv. 10-14).

En ambos casos, el público es llamado gente/pueblo/multitudes (oxlos, en el original griego de los vv. 7 y 10) y el texto deja así una cierta ambigüedad sobre quiénes son estas personas que rechazan encarnar el llamado de Juan. Sin embargo, la primera pista aparece por la excusa que este grupo barbotea entre sí: “Tenemos a Abraham por padre” (v. 8). Más adelante, en Lucas 7:30, se puntualizará que son los fariseos y escribas quienes resisten a Juan. Estos estarán también entre quienes rechazarán el mensaje de Jesús.

El bautismo en el Jordán tiene sin duda un sabor de rito de pasaje. Los ritos de pasaje marcan un nuevo tiempo, una nueva forma de vida; “se refieren a momentos decisivos en que el individuo no sólo nace, sino que también renace o se inicia en una nueva forma de ser o de actuar.”1  Este sentido del rito de pasaje es reforzado además por el hecho de que el Jordán evoca la experiencia del pueblo de Israel que fue liberado de la esclavitud (que es algo además presente en el cántico de Zacarías, 1:74) y luego de un largo pasaje en el desierto, se dispone a un nuevo tiempo, a la construcción de un espacio de vida.

Sin conversión, no hay rito de pasaje sino una mera puesta en escena vacía que encaja en la acusación de hipócritas con la que Jesús cargará una y otra vez sobre escribas y fariseos (6:42; 12:56; 13:15). El argumento esbozado para la no-conversión es considerarse parte de la descendencia abrahámica (v. 8). Esto no es suficiente; es más, termina siendo irrelevante (13:28).

Juan exige que el mensaje aceptado se encarne en acciones concretas. Estas reflejan la conversión y al mismo tiempo la nutren. Fe y obras se retroalimentan sinérgicamente. Se trata por lo tanto de dar frutos dignos de conversión (v. 8), buenos frutos (v. 9). Quien no los da, rechaza el mensaje proclamado y por lo tanto, con su propia negativa niega la posibilidad de salvación.

Más adelante, en Lucas 7:24ss, Jesús se vuelve a dirigir al pueblo preguntándose qué salieron a ver en el desierto. Y esta podría ser una buena pregunta para aproximarse a este texto. Hay un desconcierto de quienes esperan un mensaje distinto, acorde a sus propias expectativas, y se niegan a escuchar el anuncio de la buena nueva, que es necesariamente una conversión que da buenos frutos.

Conversión Cotidiana

A partir del v. 10, tenemos un público que sí se interesa por hacer cotidiano y concreto el llamado a la conversión. El primer grupo apunta a un público general (oxlos, v. 10); en el segundo caso se trata de cobradores de impuestos (v. 12); en el tercero, de soldados (v. 14).

En el caso del primer grupo, Juan los exhorta a que compartan lo que tienen. El evangelio de Lucas dedicará mucho espacio para volver una y otra vez al uso de las posesiones como señal concreta de la fe (por ejemplo, 14:28-33; 16:1-15, 19-31; 18:18-30; 19:1-10). La misma cuestión es tratada en Santiago 2. Lucas señala además con antagonismo categórico la imposibilidad de servir a Dios y a mamón (16:13)2 y lo personifica gráficamente en el caso del joven rico (18:18-23). Lo interesante, sin embargo, es que esta temática no es tradicionalmente la que se privilegia en la predicación de la ética cristiana. De manera provocativa diría que esta predicación suele fijarse en las entrepiernas en lugar de correrse hacia los bolsillos. Tal vez, justamente, para “rascar donde no pica.”

En el caso de los otros dos grupos (cobradores de impuestos y soldados), Juan se focaliza en las relaciones de asimetría en las que los coloca su profesión. Aunque se trata de profesiones distintas, ambos grupos comparten su lugar de poder en relación al pueblo y por lo tanto, la posibilidad de utilizar esa relación asimétrica en beneficio propio y en perjuicio del pueblo.

En el caso de los cobradores de impuestos, la práctica denunciada es la de cobrar más de lo debido, quedándose con la diferencia. Esto, además del hecho de que cobraban impuestos para una fuerza imperial, está detrás del rechazo que despertaban en los sectores religiosos y populares (15:1-2; 19:1-10). Sin embargo, este es también uno de los grupos que escucharán con atención a Jesús y darán frutos dignos de conversión, como es el caso de Zaqueo (19:1-10). En el caso de los soldados, se denuncian dos acciones que no son desconocidas en la actualidad, como son el uso de la fuerza y lugar en la sociedad para extorsionar y realizar denuncias falsas. Para dejar atrás estas prácticas, se los llama a conformarse con el salario recibido (v. 14). Entonces, en ambos casos se exige no sacar provecho de la “ventaja” en la que están.

Más adelante, el mismo Jesús enfatizará a sus discípulos sobre el no actuar de la misma manera en que lo hacen los reyes de las naciones, que utilizan su poder para oprimir a quienes deberían servir. Para mí, en esta enseñanza está una de las bases fundamentales de la conversión a la que invita la buena nueva (Lucas 22:24-27).

Así, las orientaciones concretas que Juan da a los tres grupos invitan a salir de sí mismos y descubrir al otro/a que es víctima de la inacción y apatía de quien no comparte lo que posee o abusa de su poder para sacar provecho en beneficio propio.  

En resumen, el llamado a la conversión no es una carga impuesta sino una oportunidad de salvación. Es una invitación a dejar a atrás aquello que (nos) mata y (nos) lastima. Dar frutos dignos de conversión, buenos frutos, es anticipar el porvenir y vivir la promesa que me sustenta ahora y hoy. El llamado a la conversión es gracia de Dios.


Notas:

1. Severino Croatto, Los lenguajes de la experiencia religiosa. Estudio de fenomenología de la religión (Buenos Aires: Editorial Docencia, 1994), 246.

2. Ver René Krüger, Dios o el Mamón. Análisis semiótico del proyecto económico y relacional del Evangelio de Lucas, (Buenos Aires: Lumen, 2009).