< January 06, 2018 >

Comentario del San Mateo 2:1-12

 

Revelación y Adoración

De los cuatro evangelios, sólo el de Mateo nos habla de los sabios (magoi) que “llegaron del oriente a Jerusalén” (v. 1), siguiendo aquella “estrella” (v. 2). Camino a Belén, los sabios siguieron esa estrella hasta que “se detuvo sobre donde estaba el niño” (v. 9). ¿Y cuál fue su reacción después de tan largo viaje? Los sabios “se regocijaron con muy grande gozo” (v. 10), “vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron,” y “abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes” (v. 11). Los sabios ven la estrella como instrumento de revelación. No se trata de una estrella cualquiera, sino de “su estrella” (autou ton astera), es decir, la estrella que lleva a estos gentiles del oriente al “rey de los judíos” para que así puedan “adorarlo”: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, pues su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarlo” (v. 2). El verbo “adorar” (proskuneó) aparece en varios lugares del evangelio y resalta una posición de humildad ante la figura divina de Jesús como el enviado de Dios (p.ej. Mt. 14:33; 28:9). Esta adoración, que incluye también los presentes que los sabios regalan, es la respuesta propicia a la revelación o epifanía del niño rey.

Dos Reyes, dos Reinos

El texto nos presenta la oposición entre el reino de Dios y el anti-reino. El reino de Dios se inaugura con el nacimiento del “rey de los judíos” (v. 2) en Belén en cumplimiento de la profecía de Miqueas (vv. 5-6; Miq 5:2). El reino de Dios se opone al anti-reino que representa el otro rey, a saber, “el rey Herodes” (v. 1). Se trata de una pugna, un conflicto entre dos reyes, dos reinos. Al escuchar de los sabios acerca de la venida del niño rey, Herodes “se turbó” (v. 3). Cuando “los principales sacerdotes y escribas” confirman que el Cristo vendría de Belén (vv. 4-6), Herodes “llamó en secreto a los sabios” (v. 7)—señal que anticipa sus oscuras y malévolas intenciones—y les pidió que después de encontrar al niño le revelaran su lugar de estadía “para que yo también vaya a adorarlo” (v. 8). Por revelación divina, los sabios no acatan las instrucciones de Herodes y vuelven a sus tierras de oriente “por otro camino” (v. 12). Las intenciones secretas de Herodes son reveladas a José por un ángel: “Acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo” (v. 13). Se nos da aquí un adelanto de lo que le espera al niño rey, a saber, la oposición del anti-reino al reino de Dios que finalmente llevará al Cristo a la cruz. El texto nos da a saber también lo mucho que sufrirán aquellos/as a quienes Dios ha llamado al reino de su Cristo. El texto nos presenta el primer martirio de la iglesia en el Nuevo Testamento, a saber, la matanza de los inocentes que mueren a manos del rey Herodes por causa del reino del niño (vv. 16-18).

Exilio y Retorno

Otro tema prominente en el texto es el del exilio y el retorno. José y María tienen que salir huyendo de Belén a Egipto, buscando el exilio para salvar la vida de su niño (vv. 13-14). Allá se quedan hasta que muere Herodes (vv. 15, 19) y con él “los que procuraban la muerte del niño” (v. 20). La salida del niño de Egipto y su retorno a Israel se nos presenta como el cumplimiento de la salida de Israel (el “Hijo” de Dios, v. 15) de Egipto en el Éxodo. Con esta imagen Dios asegura que nada podrá detener el establecimiento de su reino por medio de Cristo, aquel “guiador, que apacentará a mi pueblo Israel” (v. 6). Moisés guió al rebaño de Israel fuera de Egipto, pero Cristo es mayor que Moisés. Con el retorno del exilio, de Egipto a Judea y luego a Galilea, se despierta una nueva esperanza (vv. 19-23). Será desde Galilea que, al finalizar su misión, Jesús enviará a sus galileos al mundo con autoridad para hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos y enseñándoles (Mt 28:16-20). El reino de Dios sigue en marcha. En Mateo 2, el avance del reino es notable, no sólo porque Dios protege a su rey por medio de anuncios de su ángel y sueños (vv. 12-13, 19-20), sino también porque su palabra dada a conocer a través de los profetas se va cumpliendo a pesar de toda oposición diabólica (vv. 6, 15, 23).

Predicando el Sermón

El texto se presta para contrastes. Una estrategia sería presentar en primer lugar el contraste entre los sabios y Herodes, o mejor aún, entre los reyes magos y el rey Herodes. Ambos reaccionan de forma diferente a la buena nueva del nacimiento del niño. Los reyes de oriente siguen la estrella y al ver al niño bajo la misma se regocijan inmensamente, se postran para adorarlo y le dan regalos. El rey Herodes, por otro lado, se turba al oír acerca del niño y trama un plan secreto, no para adorarlo sino para matarlo. Al fin de cuentas, tenemos un contraste entre la fe en Jesús y la rebelión contra él. Sólo los reyes magos de oriente responden apropiadamente a la revelación o epifanía de Jesús, y por ende son espiritualmente “sabios,” es decir, su sabiduría consiste en la fe que ponen en Cristo.

Otro contraste en la narrativa es el de los dos reyes, el niño y Herodes, y el conflicto entre los dos reinos que ellos representan. Aquí tenemos un contraste cósmico entre el plan de Dios en Cristo y la oposición diabólica al mismo. Las artimañas del diablo en contra del reino son muchas, ya sea la matanza de los inocentes o el exilio del niño con sus padres a Egipto, pero al fin Dios protege a su Hijo y hace posible su retorno a Galilea. Una y otra vez, Dios cumple su palabra. Dios es fiel. Desde Galilea, el niño empezará su misión como el guiador del rebaño de Israel, y desde allí también enviará a su iglesia a establecer su reino a todas las naciones. La revelación o epifanía de Jesús no sólo alcanza a Israel, sino que llegará a todos los gentiles, cuyas primicias son precisamente los reyes de oriente. Son ellos los primeros gentiles que creen y adoran al Cristo del Señor, preparando el camino para nosotros y nosotras. 

Dependiendo de la congregación, es posible que algunos/as oyentes sean inmigrantes o refugiados/as que experimentaron el exilio o persecución religiosa. Se identificarán de algún modo con la temática del exilio y el retorno, y en algunos casos con la de los santos inocentes. El predicador podría usar la ocasión para recordar a los/as oyentes que los reinos del mundo no pueden compararse con el cuidado que Dios promete y da a sus hijos e hijas sufrientes en el reino de su Hijo.

La celebración del Día de Reyes en algunas comunidades hispanas o latinas presenta una bonita oportunidad para reforzar la temática de la epifanía de Cristo a todas las naciones, y de la fe como respuesta a la epifanía de Cristo en nuestras vidas. En este contexto, el Día de Reyes es una celebración de la epifanía que dramatiza el gozo con el que los sabios de oriente recibieron a Jesús y le ofrecieron sus presentes. El predicador deberá recordar a todos/as que los presentes son ocasión para dar gracias a Dios por el gran presente que Dios nos ha dado en su Hijo Jesucristo, nuestro Rey.