< May 07, 2017 >

Comentario del San Juan 10:1-10

 

El Liderazgo en Medio del Miedo

El tema de miedo no se toca explícitamente, pero muchos/as piensan que hay dos traumas en el trasfondo del evangelio de San Juan. Uno es la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 y el otro es la expulsión de las sinagogas de las personas que creían en Jesús. El primero causó cambios radicales en la religión y la identidad judías y dio origen al judaísmo rabínico. El segundo significaría una crisis doble para los cristianos y las cristianas de aquella generación. Sin acceso al templo ni a la sinagoga, ¿en qué autoridad se basaba su identidad ante Dios? 

¿Exclusividad? 

Por eso, en el cuarto evangelio hay un alto grado de antagonismo hacia los judíos y unas declaraciones—por la boca del propio Jesús—de exclusividad religiosa que no se encuentran en los evangelios sinópticos. Es común leer la perícopa que ahora analizamos de esta manera. Jesús dice “Yo soy la puerta” (vv. 7 y 9) y “el que no entra por la puerta… es ladrón y salteador” (v. 1). En la superficie, concuerda con las varias declaraciones de “yo soy” en el evangelio de San Juan. Por ejemplo, Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por” él (14:6). Sin embargo, hay que proceder con cuidado en nuestras interpretaciones de esta “exclusividad.” 

El miedo tiene gran poder de unir a la gente, ya sea una comunidad religiosa o una nación. Pero el miedo siempre nos une en contra de un enemigo. Esta dinámica—lo que René Girard llama el “mecanismo del chivo expiatorio”—aparece a lo largo de la historia humana. En tiempos de crisis, se escoge una víctima común—a veces un individuo o un grupo—y se lo sacrifica de una forma u otra. Ya sea que el sacrificio sea literal o simbólico (por ejemplo, por leyes o sistemas doctrinales), siempre resulta en violencia. Según Girard, en la cruz Jesús consintió en convertirse en la víctima perfecta de la violencia sacrificial humana; así expuso la tendencia y señaló otro camino. 

En la perícopa, Jesús declara que “el que no entra por la puerta… es ladrón y salteador” (v. 1), pero también dice “Yo soy la puerta” (vv. 7 y 9). Es decir, Jesús es quien decide. Se encuentra la misma idea en otras enseñanzas de Jesús. Véanse, por ejemplo, la parábola del trigo y la cizaña (Mt 13:24-30), la de la red (Mateo 13:47-50), o la del juicio de las naciones (Mt 25:31-46). En cada uno de estos casos hay un juicio divino, pero éste no es la responsabilidad de los seres humanos. Jesús mismo—a veces por medio de ángeles—es quien toma la decisión final. En los últimos tiempos en los Estados Unidos, hemos visto cómo el miedo y el odio unen fuertemente a la gente contra “el otro.” Nosotros/as los/as cristianos/as no debemos caer en la misma tentación. Lo que Jesús nos llama a hacer es invitar a todos y todas a confiar en que él es “la puerta.” 

¿Quién es el Pastor? 

Si Jesús es la puerta, ¿quién es entonces el pastor? Es importante notar que Jesús está utilizando una “alegoría” (v. 6). En San Juan, a diferencia de los evangelios sinópticos, la enseñanza de Jesús no incluye parábolas sino “señales.” Aunque algunas versiones leen “parábola” en lugar de “alegoría” en este versículo 6, la palabra paroimia utilizada en el original griego es una palabra casi única de San Juan (10:6; 16:25, 29; 2 Pedro 2:22). En las otras instancias tiene el sentido de “proverbio.” Es decir, Jesús habla simbólicamente o metafóricamente. 

En el versículo 11, Jesús declara “yo soy el pastor.” Pero en nuestra perícopa, es claro que Jesús habla de líderes humanos. En el capítulo anterior, el capítulo 9, San Juan presenta una disputa con los fariseos. El capítulo 9 es un solo episodio. Empieza con la curación de “un hombre ciego de nacimiento” y termina con una confrontación entre Jesús y los líderes judíos. En esos mismos líderes está pensando Jesús cuando en el capítulo 10 acusa a líderes que “ladrones son y salteadores” (v. 8). Los líderes han descuidado y olvidado a “las ovejas” que les han sido confiadas por Dios.   

Jesús toma prestado este lenguaje y estas imágenes de una alegoría del profeta Ezequiel. En Ezequiel 34, hay una profecía contra los pastores de Israel. Hay entre los rebaños de Dios ovejas hambrientas (34:3); débiles, enfermas, y perdidas (34:4); y que “andan errantes por falta de pastor y son presa de todas fieras del campo. ¡Se han dispersado!” (34:5). Los pastores de Israel no han cumplido sus responsabilidades. Por eso, Dios está “contra los pastores” (34:10) y dice: “yo mismo, iré a buscar a mis ovejas… y levantaré sobre ellas a un pastor” (34:11, 23). Así, la escritura que Jesús interpreta permite el cambio de tema, de líderes humanos a sí mismo. 

Liderazgo en Medio del Miedo 

Por lo tanto, más allá de la cuestión de la exclusividad, el tema principal de nuestra perícopa es el liderazgo. En tiempos de temor y trauma, las necesidades humanas aumentan y éstas corresponden a la misión de la iglesia. Se necesitan líderes que oigan a la gente y cuyas voces sean reconocidas por la gente. Como en el tiempo de Jesús, hay otras voces que compiten por la atención de las ovejas. Estas son las voces de líderes cuya preocupación es sólo por ellos mismos, que manipulan el miedo del pueblo y lo canalizan hacia el odio. Más que nunca, estos son momentos en que el odio al “otro”—el inmigrante, el musulmán, el homosexual—es peligroso. Algunos líderes estarían dispuestos a castigar a los pobres para equilibrar un presupuesto. Este tipo de líder “no viene sino para hurtar, matar y destruir,” mientras que Jesús viene “para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (v. 10).  Necesitamos líderes que promuevan la “vida en abundancia” como alternativa a la muerte que difunden otros líderes. Ahora necesitamos líderes que cuiden a las ovejas en nombre de aquel que promete 

Yo buscaré a la perdida y haré volver al redil a la descarriada, vendaré la perniquebrada y fortaleceré a la débil; pero a la engordada y a la fuerte destruiré: las apacentaré con justicia. (Ez 34:16)