< December 24, 2016 >

Comentario del San Lucas 2:1-14, (15-20)

 

A Caminar…

La narración del nacimiento de Jesús, en el evangelio de Lucas, es un movimiento que nos invita a no quedarnos estáticos ante las palabras escritas y que nos provoca a imaginarnos todos los elementos que se presentan en el texto.

María y José, asi como todos los ciudadanos y las ciudadanas de Palestina, se tuvieron que mover a sus lugares de nacimiento.

El autor comienza moviendo a los personajes, ¡a caminar, todos al camino!, y así es como se encuentran las familias, los amigos, las mujeres, los hombres, las pequeñas y los niños.

Los pasos que se encuentran traían consigo experiencias, dolores, alegrías, frustraciones, que seguramente se comentaban en los momentos de descanso y en los momentos del paso a paso.

Los cuerpos cargados de deseos y de sueños guardados respondían a una fuerza opresiva e injusta, que solo los veía como cuerpos que representaban un número para un gobierno.

Y es justo ahí, en ese ir y venir, donde María y José caminan, pero no van solos. En el vientre de María se gestaba la esperanza. En un cuerpo de mujer se movía la vida. 

María, el Grito Solidario

¿Podemos imaginarnos a una mujer embarazada en un evento como este? Las molestias, los dolores y el cansancio hacían presa de María.

Pero no habia opción, aun cuando su cuerpo generara una vida y una esperanza. El sistema no ofrecía espacios de descanso, ni había compasión para una mujer en sus condiciones.

Fueron las personas del camino quienes seguramente tendieron las manos para que María estuviera en buenas condiciones durante el viaje, y María encontró en José un apoyo para seguir adelante.

En el evento del pesebre, aun cuando no había lugar en el mesón, se provoca la acción de compartir el espacio de los animales para que Jesús naciera, y la creación entera se enternece con el nacimiento de Jesús.

Del dolor surge la vida; de las fuentes del pozo de María, nace la esperanza; del cuerpo cansado, sale la fuerza para alentar a un pequeño.

¿Cuántas horas habrá durado el parto? ¿Cuántos gritos se habrán escuchado? ¿Cuánto sudor corrió por el rostro de María? ¿Estaría la mano de José apoyándola?

Es en María donde se gesta el grito solidario y se liberan las palabras silenciadas; el cuerpo de María se abre a nuevos horizontes.

Es María la que se atreve a proponer una vida distinta, la que se atreve a insistir en que los contextos pueden ser distintos.

¿Acaso con el nacimiento de su hijo no se movieron los ángeles, los pastores, las estrellas y los poderes terrenales? 

Meditándolas en Nuestro Corazón

Dice la narración que los pastores que estaban en el campo escucharon a los ángeles que les anunciaron el nacimiento de Jesús. Los pastores deciden ir a conocer al bebé; llegan al pesebre y conviven con María, José y el pequeño Jesús.

Seguramente hablaron; compartieron vidas, sueños, historias, memorias familiares y colectivas.

Podemos pensar que hubo palabras amables, que soñaron en comunidad con una realidad mejor, proyectaron una vida diferente y convivieron en solidaridad.

¿Cuántas cosas más habrán platicado?

Para los pastores, así como para María y José, esta experiencia debió haber sido muy gratificante. Fue un bálsamo para el corazón, fue un alimento para la esperanza, animó a las risas y a las carcajadas.

Su realidad en ese momento no cambió, pero sí cambió la manera de ver la vida y se  animaron las esperanzas y los sueños.

Dice el texto de Lucas que María guardaba todas estas cosas en su corazón, para sacar esta experiencia en los momentos difíciles. Cuando el camino se hiciera arduo, la memoria calentaría el corazón y confortaría los cuerpos.

¿Qué experiencias guardamos en nuestros corazones? ¿Qué memorias meditamos en nuestras cabezas? ¿Qué palabras y sabores repasamos en nuestras mentes y compartimos para alentar el camino diario?

Cuando meditamos, estamos en un espacio de reflexión, de recogimiento, de planeamiento y de sueños. Y el paso siguiente es actuar de acuerdo a nuestra meditación.

¿Cuáles han sido los sueños que hemos concretado en este año? ¿Qué planes se llevaron a cabo con la ayuda de nuestro Dios en nuestra vida personal?

¿Cuáles son los sueños por los que nos organizamos en comunidad que efectivamente pudimos concretar para beneficio de todas y todos?

¿Qué compartieron los pastores a su regreso? ¿Solo hablaron de Jesús, o de las posibilidades de pensar en romper esquemas y estructuras que habían lastimado a su pueblo durante ya demasiado tiempo? 

Celebrar, una Señal de Vida

En medio de la vida, está presente Dios, a través de su comunidad. Y es tiempo de celebrar, ¡si de celebrar aún y cuando los tiempos presentes nos indiquen lo contrario!

Cada paso en el camino se puede celebrar; un paso pequeño, cansado, vigoroso, se tiene que reconocer. Un paso que nos lleve al encuentro de la otra y del otro, un paso que nos anime para seguir en la vida, es un paso que nos debe llevar a celebrar.

Una nueva vida se debe gozar. La esperanza y la ilusión se deberían saborear todos los días. Nuestros cuerpos deben ser sujetos de una constante celebración. Estos cuerpos que constantemente están acotados y sujetos a reglas opresivas, deben ser cuerpos que gocen la vida todos los días.

Podemos celebrar los acuerdos en comunidad. Debemos celebrar los sueños y las acciones concretas. Los pensamientos y las palabras pueden celebran el encuentro diario en nuestras vidas.

Que esta navidad sea un tiempo para reconocernos en el camino, que esta navidad sea un tiempo para provocar la vida, que esta navidad sea un tiempo para meditar, para conspirar en favor de algo bueno, para soñar, para crear…

Que esta navidad sea el tiempo para encontrarnos con nuestros cuerpos, sí, con nuestros cuerpos para que celebren todos los días el hecho de sentir, de tocar, de saborear y de gozar la vida.

Caminemos, vivamos, meditemos, conspiremos, y celebremos la vida en esta navidad.