< July 20, 2014 >

Comentario del San Mateo 13:24-30, 36-43

 

La cizaña sin trigo no tiene sentido

El texto de hoy es particularmente complicado. En él encontramos dos géneros literarios o estilos de escritura bastante diferentes entre sí. Por un lado tenemos una parábola (“de la cizaña”) y por el otro, un “mensaje apocalíptico” (la explicación de la parábola).

No quiero seguir adelante sin hacer lo posible para dejar claro lo que representan en la literatura bíblica estos dos modelos de discurso, pues sin hacerlo, corremos el riesgo de leer el texto de forma equivocada. Por otro lado, a razón de ser lo más simple posible y aprovechar al máximo estos comentarios bíblicos, echaré mano de lo que ya he dicho en los domingos previos y que vale la pena rescatar para fijar lo ya aprendido.

Anteriormente he dicho: “En tiempos de Jesús existía una forma de escritura denominada ‘apocalíptica’ que se parecía a la forma de hablar de los profetas de Israel, pero que en el fondo era diferente. Los profetas creían que los poderosos tenían la capacidad intrínseca de cambiar su corazón para luego cambiar lo malo en el mundo. Por el contrario, la perspectiva ‘apocalíptica’ estaba convencida de que el ser humano, cuando se sentía poderoso, se volvía injusto y sin remedio, y que sólo la “mano de Dios” podía cambiar la realidad, destruyendo todo lo malo y reconstruyendo nuevas dinámicas entre las personas para así re-crear el mundo.”

Por otro lado ya mencioné que: “Una de las maneras a través de las cuales Jesús enseñaba fácilmente a la gente sencilla, pero lograba confundir a los doctos, era a través de parábolas. Comparaciones directas entre el proyecto de vida que Jesús propone y situaciones frecuentes y bien conocidas de la vida de la gente común.”

Un especialista en ciencias bíblicas llamado Joachim Jeremías explica que en las parábolas lo importante es el contraste existente entre la cosa a la que se parece el Reino de Dios y los resultados últimos, inesperados y maravillosos en los cuales se convierte aquello que fue pequeño, insignificante o simple al principio. Jeremías dice también que ninguna parábola tendría la intención de explicar cómo se realiza el proceso intermedio de transformación entre el origen y el resultado de la cosa que se toma como ejemplo para comparar el Reino de Dios.

En el caso de la parábola de “la cizaña,” lo contundente de la comparación sería, pues, la semilla que se siembra en un campo en relación con el trigo que se cosecha y que parece ser tanto, que debe depositarse en un granero, o sea que alcanza para guardarse como abastecimiento y reserva alimentaria por un buen tiempo.

Si atendemos la recomendación de Joachim Jeremías, la cizaña no debería ser el centro de atención de la lectura de esta parábola. Tradicionalmente hemos permitido que los títulos de las porciones bíblicas nos sean recomendados por las Sociedades Bíblicas que tienen a su cargo la edición del texto. Sabiendo esto, podemos empezar a desprendernos de esas sugerencias de títulos y subtítulos para leer el texto bíblico sin prejuicios.

El mismo Jesús desestimó la mala acción del “enemigo” que sembró la cizaña y, ante el hecho, provee una respuesta práctica: dejen crecer la cizaña junto con el trigo y llegado el momento, nos deshacemos de ella, pero salvamos la abundante cosecha.

Tan poco significativa es la cizaña para Jesús que luego tiene que explicar su parábola. Pero lo hace con un lenguaje simbólico al que se ha llamado “apocalíptico” y que tampoco debe interpretarse literalmente pues es un estilo literario (que ya expliqué arriba).

Jesús sabe de la inminente vida complicada por la que los creyentes deberán pasar en razón de su fe. Por ello les anticipa las situaciones contundentemente desafiantes que experimentarán y a pesar de las cuales deben mantenerse firmes. Y Mateo: ¡quiere animarlos y animarlas a ello!

Una de esas circunstancias por las que puede estar atravesando la iglesia a la que Mateo escribe es la persecución y muerte de los creyentes por confesar su fe. Ante esta circunstancia, Mateo debe rescatar enseñanzas de Jesús que puedan animar a su comunidad ante la adversidad.

En este contexto, la parábola de Jesús es totalmente adecuada para afrontar esos “últimos tiempos” que la iglesia de Mateo vive. Son “últimos tiempos” porque es la era definitiva que Dios instauró, a través de Jesús, para irrumpir contundentemente con su participación en el mundo.

Pero son “últimos” también debido a que los creyentes en cualquier momento pueden morir en el ejercicio de su testimonio, pues viven en medio de un pueblo judío hostil y del imperio romano que se volvió muy violento contra el cristianismo.

Así pues, la parábola anticipa que habrá detractores del mensaje del Reino de Dios, enemigos acérrimos que buscarán hacer morir la “buena semilla” que son los y las creyentes en Jesucristo. Con todo, la iglesia no debe perder la esperanza. El mundo está en las manos del “Hijo del hombre” y de Dios, así que sea cual sea la violencia que pretenda ser ejercida por “los malos,” “el enemigo” o “el diablo,” la iglesia debe animarse a perseverar en la resistencia de su fidelidad, pues Dios le quitará de en medio la mala hierba.

Dicho sea de paso, este texto bíblico no tiene como finalidad hacer una apología (defensa férrea), ni siquiera dar un fundamento teológico, del así llamado infierno. Esta es una parábola (comparación) y un texto apocalíptico (simbólico). Pretender fundamentar bíblicamente, desde este texto, la existencia del infierno sería retroceder a llamarlo “la parábola de la cizaña,” es decir, volver a fijar la atención en lo que para Jesús resultaba accesorio y no en el mensaje principal que era la esperanza ante la adversidad y los problemas.

Hay que rescatar entonces lo verdaderamente trascendental en este texto: la pequeña semilla se convierte en una gran cosecha.

Así que de hoy en adelante, no más “parábola de la cizaña;” en todo caso permítaseme proponer… bienvenida la: “parábola de trigo rescatado”.