< March 05, 2014 >

Comentario del San Mateo 6:1-6, 16-21

 

La Auténtica Manera de Mostrar la Fe

El texto nos presenta la manera en que Jesús interpreta para los discípulos y su comunidad las tres prácticas más comunes de la piedad dentro del judaísmo: limosnas, oración y ayuno. Es una invitación a reflexionar sobre el valor actual de esas prácticas en nuestro viaje dentro de la estación de Cuaresma, mientras nos preparamos para la Semana Santa.

El texto empieza con una advertencia: “Guardaos” (v. 1). Es un llamado a poner atención en la enseñanza que se va a explicar a continuación. Se semeja a las advertencias veterotestamentarias de no poner en práctica costumbres religiosas equivocadas y pervertir la ley de Dios (Dt 6:17 y 11:22, Jos 1:8, 1 R 2:3, Pr 3:1), sino practicar una auténtica “justicia” (v. 1) que aquí bien puede entenderse como verdadera piedad, o auténtica manera de vivir la fe. La persona justa o piadosa, para el evangelista, es la que procede de la manera en que Jesús lo describe.

Jesús establece un paralelo entre dos tipos de piedad: la auténtica piedad y la falsa, que es únicamente hipocresía. Los hipócritas son los actores del teatro; ellos actúan para ser vistos y aclamados por la audiencia. Su actuación tiene como meta recibir el reconocimiento de parte del público. La palabra griega hypokritai, o sea, “hipócritas,” que Mateo pone en boca de Jesús en los vv. 2, 5 y 16, viene precisamente del teatro griego. Denota al actor detrás de una máscara. En Mt 23:13-30, Jesús vuelve a usar esa misma palabra e idea en varias descripciones de la piedad de los fariseos. Define a la enseñanza y piedad farisea como “hipócrita” o actuada para ganar el favor de la gente, y no como un genuino acto de adoración a Dios en entrega incondicional.

Jesús enseña que la autenticidad debe ser la marca de la piedad de aquellos y aquellas que se consideran sus discípulos. No se trata simplemente de hacer buenas acciones. Lo importante para Jesús es la razón por la que se hacen todas esas cosas. Para Jesús, las razones de la piedad expresada en las prácticas de dar, orar y ayunar, deben ser únicamente el amor y la entrega total a Dios.

Por eso, aunque los fariseos hagan numerosas obras buenas a la vista de la gente, para Jesús sus obras carecen de valor y autenticidad ante los ojos de Dios, porque no están dirigidas a Dios sino a ganar popularidad y admiración de parte de los que los observan.

Dar Limosna, Orar y Ayunar

Estas tres prácticas para vivir la fe no fueron inventadas por Jesús o por sus discípulos, sino que eran ya parte de la religiosidad de la comunidad judía. Jesús no crea estas prácticas como una novedad, sino que las re-direcciona hacia su auténtico significado. Las libra de la hipocresía y las lleva hacia una auténtica expresión de adoración a Dios.

Dar limosna (v. 2) está en conexión con una larga tradición y práctica de dar dinero para ayudar a los pobres (Dt 14:22-29 y 15:11). También el ayuno es presentado en el Antiguo Testamento como una práctica espiritual de penitencia y búsqueda de Dios. Is 58:1-8 llama a la misma autenticidad que resalta Jesús y conecta el ayuno con la práctica de la justicia. El libro deuterocanónico de Tobías habla mucho sobre la importancia de la limosna en la vida del creyente (Tb 4). La oración aparece como una práctica común en todos los niveles de la sociedad hebrea (1 R 8:33, Sal 32:6). También en el Antiguo Testamento se muestran ejemplos de cómo se combinaban las prácticas de la oración y el ayuno (Neh 1:4).

Jesús insiste en la importancia de hacer las cosas para Dios solamente, y describe la desviación de la auténtica práctica piadosa exagerando algunas situaciones para llamar la atención de los oyentes, como cuando por ejemplo dice: “cuando, pues, des limosna no hagas tocar trompeta delante de ti” (v. 2), lo que no es conocido como una práctica común en el tiempo de Jesús, o cuando rechaza “el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles” (v. 5), o cuando dice que al ayunar no se debe poner “cara triste” (v. 16).

La idea detrás de estas metáforas es que se ora, se ayuda al pobre o se ayuna únicamente como una muestra del compromiso con Dios. Estas prácticas deben salir como un fruto natural de la presencia del reino en la totalidad de la vida del discípulo y de la discípula. Quien haya encontrado el reino, entenderá que el reino se muestra de manera concreta en una vida piadosa y comprometida.

Las prácticas son secretas. La referencia a que la limosna debe ser “en secreto” aparece en el v. 4, la referencia a que la oración debe ser en secreto está en el v. 6 y la referencia al ayuno secreto está en el v. 18. La palabra griega que Mateo pone en boca de Jesús es kruptos y significa algo que debe ser oculto y no visible, encerrado. Pero Jesús a su vez quiere decirnos que estas prácticas, si bien deben ser hechas en “secreto,” tienen una expresión pública en la medida en que plantan la semilla del reino en la vida de otros y de otras por medio de la acción de Dios, que es quien trae la salvación y manifiesta y reconoce los frutos de la piedad de sus seguidores de forma pública. Tenemos las referencias que la recompensa será “en público” en los vv. 4, 6 y 18, respectivamente. La acción de los discípulos debe ser privada, pero la acción de Dios se revelará a plena luz para poner de manifiesto que el reino ha venido actuando en secreto por medio del ministerio de los discípulos.

Aquí se ve el elemento paradójico del misterio del reino, que Jesús expresa también en muchas parábolas: el reino “actúa” sin ser percibido por la gente, pero con poder salvador al mismo tiempo.

En Conclusión:

El evangelista quiere transmitirnos el mensaje de que la verdadera piedad actúa en secreto porque se dirige a Dios, pero la acción salvífica de Dios es siempre visible y pública. Quien revela a los creyentes es Dios, y Dios en su respuesta a la oración, ayuno o limosna, declara justa y verdadera la fe de quienes confiaron en él en secreto.

Esto nos desafía a analizar muchas de las acciones que realizamos como iglesia, y a evaluar si hacemos lo que hacemos para impresionar a la gente y llamar su atención hacia nosotros y nosotras, o si por el contrario buscamos por encima de todo servir y adorar a Dios, procurando que nuestras actividades congregacionales nos ayuden ante todo a crecer en nuestra comunión con Dios. Según Mateo, el verdadero crecimiento de la comunidad en su relación con Dios sólo procede de una búsqueda total de Dios en una relación íntima y personal, y no de un despliegue de espectáculo.