< July 21, 2013 >

Comentario del San Lucas 10:38-42

 

Sólo una cosa es necesaria

La primera frase de este episodio ya nos ubica en la dimensión teológica desde la cual debemos comprender la escena. “Aconteció que, yendo de camino”… hacia Jerusalén y hacia la cruz. Este caminar, con sus encuentros y desencuentros, con las casas amigas y los enfrentamientos con quienes tienen el control ideológico de las Escrituras y se sienten dueños de la voluntad de Dios, nos proporciona la clave desde la cual debemos escuchar el relato. En ese caminar Jesús de Nazaret va revelando su identidad y su posición de vida, su perspectiva teológica y el proyecto del Reino. Al revelarnos su identidad también nos va revelando la identidad de Aquel que le da una misión.

Camino de cruz e identidad

En ese camino hacia la cruz iremos también nosotros y nosotras construyendo nuestra reflexión teológica. La teología de la cruz coloca el centro de nuestra atención en el sufrimiento de Dios por gestar una nueva creación. Sufrimiento que se nutre en su plena comunión con todo ser humano. Esa identidad de cruz que nos revela Dios siempre será un escándalo para quienes son seguidores de la teología de la gloria. Esa cruz es el gran milagro a través del cual se nos revela Aquel que se hace vulnerable por nuestra liberación. El momento de mayor humillación de Dios es la mayor y más importante revelación de su gloria. Revelación paradójica, porque nos compele a ver y actuar allí donde la teología de la gloria tiene horror de mirar. La gloria de Dios se manifiesta en asumir nuestras muchas debilidades.

Este caminar de Jesús de Nazaret hacia Jerusalén y hacia la cruz es siempre una realidad que ofende nuestra comprensión de la gloria y pone en tela de juicio todo aquello que consideramos correcto, y enjuicia todo sistema de méritos y purezas religiosos. Esta cruz cuestiona todo aquello que consideramos que nos hace merecedores del amor de Dios porque pensamos que hemos hecho algo digno. La cruz destruye todo aquello que queremos poner delante de Dios para comprar y negociar su amor y su aceptación. Hacemos nuestra la tesis de Lutero que afirma: “El amor de Dios no encuentra, sino crea, aquello que le place.1

La diaconía de Marta

Teniendo en mente esta ubicación en la geografía teológica, podemos comprender que este no es el relato de Marta y María, sino que el personaje principal sobre el cual todos los focos de atención están puestos es Marta. Este es el relato de Marta. Recordemos que en la escena anterior un intérprete de la Ley ha puesto a Jesús de Nazaret a prueba. El encuentro es ahora con “una mujer llamada Marta;” ella es la protagonista y todo lo demás es un comentario a su actitud. Es en su casa que se desarrolla la escena y podemos pensar que en esa casa se reunía la primera comunidad doméstica de fe y que Marta presidía las celebraciones litúrgicas que allí se realizaban. Además la palabra “diaconía” aparece en el v. 40 en la descripción de las tareas domésticas que Marta está realizando sin la cooperación de su hermana. El original griego que la versión Reina Valera 1995 traduce como “quehaceres” es el sustantivo diakonia y el original griego que Reina Valera 1995 traduce como “servir” es el verbo diakoneo.

Marta representa en el contexto cristiano a quienes aún comprenden el mensaje de Jesús de Nazaret desde la Ley. Su presencia produce una preocupación por todo aquello que se impone por tradición para atender a un invitado y la pregunta que hace: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?” pone de manifiesto que esa diaconía y ese servicio se hace por cumplir un mandato y no por amor y alegría.

Marta quiere agradar y complacer a Jesús de Nazaret por el camino equivocado. El centro de su preocupación es el activismo por el activismo mismo. Creer que se llega a Dios por aquello que hacemos al cumplir reglamentos y leyes. Al cuestionar la diaconía de Marta vivida como una imposición y no como una gracia, también se cuestionan nuestras diaconías. La pobre Marta ha transformado su diaconía en un nuevo ídolo que ha desplazado a Jesús de Nazaret. Este nuevo ídolo de la acción es la mediación para agradar a Dios y no es ya la escucha de la promesa que nos pone en acción.

Marta le atribuye a esa “su” diaconía que nace de “su” cumplimiento del Mandato el poder para alcanzar aquella única realidad que necesitamos. Nosotros y nosotras también nos agitamos por muchas cosas y cantidad de actividades que nos llevan de un lado al otro en el cumplimiento de deberes y obligaciones. Somos esclavos del deber y de la eficacia técnica, pero sin espíritu, sin colocar esa acción a los pies de la cruz de Jesús que es el único lugar posible para contemplar los alcances de nuestra acción de servicio. Si nuestros afanes y preocupaciones no nacen de la sangre de Jesús derramada en la cruz y de las muchas sangres derramadas en esa cruz por mártires, confesores y discípulos, en nada nos hemos de diferenciar de las eficaces iniciativas de la sociedad civil. Esta cruz y esta sangre de comunión y compromiso le agregan a nuestra acción un plus que ninguna organización de la sociedad civil o gubernamental le puede otorgar.

María empoderada

María, la hermana de Marta, es el personaje secundario ubicado en los márgenes del relato, aun cuando podamos rescatar su empoderamiento para ocupar a los pies de Jesús de Nazaret un lugar de discipulado reservado a varones. Al sentarse como discípula a los pies de Jesús para escuchar su palabra, María se convierte en una transgresora en cuestiones de género. Esa trasgresión es alentada sin ser cuestionada por Jesús y nos indica el carácter inclusivo y nada patriarcal de la tradición primera del cristianismo. Muchas veces tenemos miedo a las transgresiones en cuestiones de género y de identidades. Sólo estamos dispuestos a realizar acciones como las de Marta, que no cuestiona nada ni a nadie.

Conclusión

Todo lo que hace Marta es tan lógico, tan razonable, tan esperable, que frente al proyecto paradójico y trasgresor de Jesús de Nazaret se transforma en locura. Sabemos que quienes hemos contemplado a Jesús de Nazaret desde el pie de su cruz hemos contemplado a Dios mismo y que no podemos pedir ver a Dios fuera de aquello que nos revela Jesús de Dios en esa cruz de la coherencia. María eligió la parte buena y nosotros y nosotras estamos llamados también a escoger esta mejor parte: la escucha en fe del proyecto del Reino que se hace presente ahora y aquí.

Oración comunitaria

Llámanos una vez más, Señor, a ser servidores y servidoras de tu hospitalidad. Porque tú nos acogiste primero y te hiciste prójimo de nosotros y nosotras. Concédenos la gracia y la fortaleza para extender tu acogida a todas y todos, y concédenos la sabiduría de colocarnos a tus pies, escuchar tu voz una y otra vez, y renovarnos en tu presencia. Para que tu Reino venga una vez más y se establezca en medio de todos los pueblos, de todas las personas y de todos los grupos en situación de vulnerabilidad. Amén.

 


1Tesis 28 de “La Disputación de Heidelberg” que puede encontrarse en el Volumen 1 de las Obras de Martín Lutero, Versión castellana directa de Carlos Witthaus (Buenos Aires: Editorial Paidos, 1967), 31.