< June 30, 2013 >

Comentario del San Lucas 9:51-62

 

En el camino

Los diversos detalles que los evangelistas colocan en medio de la narración siempre pueden ser interpretados desde una perspectiva teológica y pastoral. Esta escena transcurre en el camino de Jesús de Nazaret hacia la cruz y por lo tanto hay que mirar todas y cada una de las invitaciones y propuestas desde la radicalidad del compromiso de fe. De la misma forma, nuestro caminar desde el discipulado significa una tarea que frecuentemente es contracultural porque no siempre los valores alrededor de los cuales se construye el Reino son los practicados en el contexto en que estamos insertos.  

Es importante tener en cuenta el punto de partida de este camino que tiene como etapa final Jerusalén, centro de todas las ortodoxias políticas y teológicas con las que la proclamación de la buena noticia se enfrenta en un duro debate. Este camino de cruz siempre comienza en los márgenes. Galilea no es Jerusalén. Es una zona sospechada de diversas impurezas y transgresiones. Desde Jerusalén es mirada con cautela por decir lo menos. También el compromiso y comprensión del Evangelio tiene que comenzar desde, con y en los márgenes de toda sociedad y aun de toda comunidad de fe. Solo desde ese punto de partida la buena nueva adquiere toda su radicalidad y se transforma cada día en una buena noticia para personas y grupos oprimidos, estigmatizados y excluidos. Ese es el escándalo del Evangelio que los centros de poder político, económico y teológico no pueden aceptar y por ello permanentemente están preparando cruces para poner fin a nuestras comuniones marginales. La vida cristiana es semejante al increíble viaje emprendido por Ulises en la Odisea de su regreso al hogar. Igualmente nuestra vida de fe enfrenta cada día una increíble oposición si realmente estamos construyendo el Reino con cielos y tierras totalmente nuevos.

Sorpresa y despojo

Jesús de Nazaret siempre se sorprende cuando alguien le dice sin medir las consecuencias “¡Te seguiré adondequiera que vayas!” La vida cristiana no es un plácido viaje de turismo. Siempre es el camino de cruz porque vivimos en la nueva dimensión de la justicia plena para todas y todos, en el plano de todas las equidades y todas las radicales inclusividades que aún escandalizan a tantos centros de poder. El panorama que pinta Jesús en esta propuesta no se corresponde con ninguna de las teologías de la prosperidad. Es justamente una advertencia en contra de esa mágica propuesta de milagros y bienestar económico sin justicia ni equidad.

 “Las zorras tienen guaridas y las aves de los cielos nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.” Jesús de Nazaret se muestra en toda su vulnerabilidad escogida como camino de comunión con quienes viven en situaciones de vulnerabilidad. Su vulnerabilidad y su vida despojada es una herramienta de plena comunión. No está hablando desde la teoría sino desde la existencia junto, con y en situaciones de emergencia para poder decirles a todos y todas que él ya estuvo en todas nuestras situaciones de vulnerabilidad y que las conoce muy bien. Se deja evangelizar por las personas y situaciones de marginalidad, por todas las Galileas del mundo, y enfrenta desde ese compromiso todas las Jerusalén simbólicas de nuestra vida contemporánea.

El bautismo como camino de cruz

Desde antes de nuestro bautismo y en cada encuentro comunitario de fe, Jesús de Nazaret repite una y otra vez su invitación: “Sígueme.” En esta invitación despojada y profunda no hay vuelta atrás. Es importante salir de todos los espacios de exclusión, muerte y estigmatización. En nuestro bautismo hemos renunciado a toda complicidad con dominaciones y potestades que nos puedan atar a viejos criterios o paradigmas. Tenemos que comprender cuáles son las rupturas que se nos están pidiendo a sus discípulos y discípulas. No son recomendaciones ascéticas que obstaculicen los afectos humanos y los lazos familiares. Tenemos que recordar la estructura opresiva de la familia patriarcal con sus criterios excluyentes. Esa estructura es opresiva y la recomendación de Jesús es que dejemos atrás esas opresiones para construir una familia nueva, amplia, inclusiva hasta la locura, donde nadie quede afuera.

Discipulado radical

Las exigencias del discipulado propuestas por Jesús de Nazaret rompen con fuertes tradiciones y costumbres de su contexto cultural y religioso. Rompen por lo pronto con la sagrada tarea de enterrar al padre de la familia. “Deja que los muertos entierren a sus muertos,” dijo Jesús. Esas palabras deben de haber sonado como un escándalo porque este era uno de los deberes religiosos más sagrados de un varón, ya que ninguna mujer estaba calificada para cumplir esos rituales. Pero para Jesús, nada se puede interponer con el compromiso de fe y de discipulado. Toda costumbre, ritual o cultura que se enfrente y oponga a los criterios de inclusividad de la nueva familia del Reino y del evangelio tiene que ser desafiada. Ese es el aspecto contracultural de la propuesta de Jesús de Nazaret.

Romper con estructuras opresivas y excluyentes

“Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.” Estas palabras de Jesús son una afirmación de la profundidad y radicalidad del Evangelio. No podemos negociar sus desafíos con ninguna estructura opresora preexistente. Necesitamos de la libertad evangélica que nos permita construir el nuevo cielo y la nueva tierra donde todas y todos formamos una única y solidaria familia construida alrededor de la universalidad del anuncio y misión. Desde ahora todas las familias son nuestras familias en equidad y justicia, en solidaridad y en todas las comuniones. Esta nueva familia cósmica del evangelio, para que sea una buena noticia, tiene que dejar atrás toda frontera y limite que pueda empobrecer la propuesta de un Reino donde no hay ya nunca más indocumentados, extranjeros, extraños o diferentes. Para construir este reino de los cielos en la tierra, es decir, la utopía de Dios, necesitamos proclamar una y otra vez que en Cristo ya no hay extraños, extranjeros o diferentes porque en él somos todas y todos uno en equidad, justicia y solidaridad fundados en el amor radical de Dios.

Oración comunitaria

Certeza de toda justicia, llave de todas las interpretaciones de las Escrituras, que nos llamas a entrar en diálogo contigo, a escuchar tu  promesa de liberación y santidad:

En tu Palabra Viva, tu Cristo, creemos y escuchamos porque anuncia que tú nos aceptas y nos reconoces tal como somos, sin esconder y sin invisibilizar.

Creemos y aceptamos esa Palabra que quita todo temor y toda vergüenza y que nos llama a vivir en la verdad.

Concédenos la fuerza y la voluntad de vivir esta realidad y proclamar a todas las personas estigmatizadas que tú les aceptas y les amas y que ese amor transforma.

Esa aceptación es el fundamento de la paz y la comunión. Allí está el fuego de tu Espíritu, el fuego de nuestro compromiso de bautismo que nos llama a permanecer en tu Cristo para reconciliar, reconocer la santidad de toda persona, y transformar el mundo con tu amor de justicia para que siempre podamos proclamar: ¡Benditos quienes vienen en el nombre del Señor!