< June 09, 2013 >

Comentario del San Lucas 7:11-17

 

Esta historia, que solamente cuenta el evangelista Lucas, sigue la cuerda del ministerio galileo como la realización y la promesa del Reino de Dios —anunciado, presente, y por venir.

La historia es parte de la pintura que construye Lucas de Jesús como el que inaugura el Año de Jubileo, dando libertad y sanidad al pueblo de Israel, resumiendo en sí mismo la Ley y los Profetas, como el Hijo amado lleno del Espíritu, que trae cerca a los que han sido alejados de la comunidad.

 Comentario

 v. 11: No se da la razón de porqué Jesús iba a Naín, un pueblo localizado casi 9 mi (14 km) al sur de Nazaret. Sin embargo, el autor del evangelio usa esta historia para enfocar en algunos aspectos del carácter de Jesús y seguir desenredando la identidad de este profeta de Galilea.

 v. 12: Una viuda en las sociedades antiguas (y en algunas de nuestros tiempos) era especialmente vulnerable.  En una sociedad patriarcal, la identidad y la protección de una mujer siempre estaban sujetas a su relación con un hombre —primero su padre y sus hermanos, su esposo después de casarse, y en la vejez, sus hijos. La mujer de nuestra historia era viuda y no vivía bajo la protección social o económica de su marido. No hay mención de su padre o hermanos. Por el enfoque que se le da al único hijo, se puede presumir que no tenía padres ni hermanos o que ya habían muerto. Sea como sea no es importante, dado que Lucas enfatiza la relación entre la mujer y su hijo. La muerte del hijo la había dejado en un estado desesperado. El estatus vulnerable de las viudas en Israel y en el mundo del Medio Oriente se ve a través de la Biblia en varios aspectos. Era el deber de un hombre casarse con la viuda de su hermano para perpetuar su nombre y darle a la mujer un medio de protección y acceso a propiedad (Dt 25:5-10; Rt 4). En las leyes de Israel se mandaba un cuidado particular hacia los más vulnerables, entre ellos, las viudas (Dt 24:17, 27:19; cf. 2 S 14:4-11). Dios mismo era quien las defendería (Dt 10:18; Sal 146:9) y los que explotaban a las viudas eran especialmente condenados (Job 24:1-4; Sal 94:4-7; Is 10:1-4).

 vv. 13-14: Jesús se compadeció de la viuda; responde a la tragedia social y personal con compasión. En español y otros idiomas que vienen del latín las palabras “compadecerse” y “compasión” significan “sufrir junto”—sentir con pasión. De manera semejante, la palabra que Lucas usa para denotar esta compasión lleva en sí el significado de ser movido en las entrañas—en lo más profundo. Cuando esta palabra es usada en el Nuevo Testamento, se refiere a un sentimiento que mueve a la acción (Mt 18:27; Mc 6:34, 9:22; Lc 10:33, 15:20; Fil 2:1; Col 3:12). En otras palabras, la compasión no es un sentimiento simple o solitario, sino que es acompañada con hechos que buscan aliviar el sufrimiento y hacer bien hacia el prójimo.1 La compasión sin acción es emoción gastada.

v. 15: La resucitación del hijo muerto evoca la revivificación del hijo de la viuda de Sarepta a través del profeta Elías (1 R 17:17-24). Por razón de su ministerio, sus milagros y su ascensión al cielo sin sufrir la muerte (2 R 2:11-12), Elías se transformó en una figura importante en el judaísmo desde el fin de la era del Antiguo Testamento hasta el primer siglo. Vemos esta transformación en el libro de Malaquías 4:5-6, donde se espera el regreso de Elías antes del Día de Jehová. Escritos judíos de la época de Jesús y de la Iglesia Primitiva miraban hacia el regreso de Elías como el de quien habría de restaurar, juzgar, y reconciliar a las doce tribus de Israel. Su estatus escatológico todavía es evidente en la costumbre de reservar un asiento y una copa para Elías durante la celebración de la Pascua judía. En los evangelios, la figura del profeta es conectada con el ministerio de Juan el Bautista y su rol como predecesor de Jesús (Mt 11:14; Mc 9:13; Lc 9:8). Como arquetipo, representa a los profetas en el Monte de Transfiguración junto con Moisés, que aparece allí como el representante de la Ley (Mt 17:1-9; Mc 9:2-8; Lc 9:28-36).

Sin embargo, en Lucas tenemos otra imagen más de Elías. En 4:25, Jesús compara el carácter de su ministerio con el del profeta Elías, citando el mismo episodio de la mujer de Sarepta y prefigurando este milagro que se nos cuenta en la perícopa de Lc 7:11-17. Jesús conduciría su ministerio en el espíritu de Elías —trayendo sanidad y reconciliación a los más vulnerables de la sociedad y, de acuerdo con las esperanzas de su época,  inaugurando el Día de Jehová.

vv. 16-17: El “miedo” es la reacción de asombro hacia la presencia de lo milagroso. Este miedo no es el tipo de emoción que asusta y aleja, sino que es el asombro que inspira a la adoración. Todos los que estaban alrededor “glorificaban a Dios.” Esta es una frase que Lucas usa para señalar las reacciones a las obras de Jesús (2:20, 13:13, 23:47). El pueblo clama que “Dios ha visitado a su pueblo.” El mismo verbo es usado por Zacarías en Lc 1:68 (“Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo”) para describir la redención de Israel anunciada por su hijo, Juan, y llevada a cabo por el Salvador. A través de la compasión de Jesús y sus acciones en favor de esta mujer marginalizada por la pérdida de su hijo, el pueblo reconoce la presencia de Dios en medio suyo. Y en el espíritu de Elías, Dios ha comenzado a redimir a la gente.



1 Nuevo Diccionario Bíblico editado por J.D. Douglas y N. Hillyer (Buenos Aires: Ediciones Certeza, 1991) s.v. “Compasión”