< June 02, 2013 >

Comentario del San Lucas 7:1-10

 

Esta perícopa, como las otras que forman el ministerio de Jesús en Galilea (Lucas 4:14-9:50), brota de la proclamación del Año de Jubileo (cf. Levítico 25:8-55), el “año agradable” anunciado por el Señor al comienzo de su obra pública después de la tentación en el desierto.

Esta proclamación se halla en Lucas 4:18-21. Forma el espinazo del mensaje y la obra de Jesús según este evangelista y tiene su origen en los textos de Isaías (61:1-2; 58:6) que tratan de la restauración y la vindicación de Israel prometida a luz de su destierro. Jesús, como el Hijo amado de Dios (Lc 3:22) y lleno del Espíritu (Lc 4:1,14) es quien cumple las Escrituras e inaugura el Año de Jubileo. Los relatos que proceden de este anuncio sirven como obra y prueba: los demonios son vencidos (4:31-37,41), los enfermos son sanados (4:38-40), y los que habían quedado alejados de la comunidad por razón de impureza (5:12-16), pecado (5:20-26), o alienación social (5:27-32) son restaurados. Además, Jesús es quien expone y explica la ley a luz de la compasión de Dios hacia los pobres y marginalizados (5:33-6:11; 6:17-49) y reconstituye al Israel escatológico en el llamado de los doce apóstoles (6:12-16).

Comentario

v. 1: Después del llamado “discurso del llano” en 6:17-49, Jesús entró la ciudad de Capernaúm, la cual, según los evangelios sinópticos, servía como la base de su ministerio en Galilea y fue el lugar donde Jesús sanó muchos enfermos y endemoniados (4:31-41; 5:17-26; cf. Mt 8:14-17; 9:1-8).

vv. 2-6a: Un centurión era un oficial romano a cargo de cien soldados. Este centurión probablemente servía bajo el rey de Galilea, Herodes Antipas, o era parte de la seguridad romana. En este caso, también era un “temeroso de Dios.” Durante el primer siglo, la población judía se difundió a través del imperio romano y por un activo proselitismo, ganó convertidos entre los gentiles. Estos se sometieron a las doctrinas judías acerca de Dios y a las leyes y rituales judaicos, incluyendo la circuncisión, el sello del pacto entre Dios y el pueblo escogido. Hubo algunos que, mientras no se sometieron a los requisitos de la conversión, sin embargo, se sintieron atraídos por la creencia en un solo Dios o las leyes morales del judaísmo. Estos asistían a las sinagogas y en casos como el de este centurión, eran respetados por sus contribuciones a la comunidad judía, pero no eran considerados parte del pueblo del pacto.

Esta historia es repetida en Mt 8:5-13, pero se diferencia en que aquí en el evangelio según Lucas, el centurión usa intermediarios para suplicarle a Jesús, mientras que en Mateo, él mismo va al Señor. La presencia de los ancianos de los judíos aquí, y luego de los amigos en v. 6, sirve para aumentar la tensión dramática en la historia y enfatizar el carácter del centurión.

vv. 6b-8: Al mandar a los ancianos y a sus amigos a peticionar a Jesús de su parte, el centurión, quien por su posición tenía el derecho de demandar del judío lo que quisiera bajo la ocupación romana, aquí muestra y proclama que no tiene derecho de reclamo sobre Jesús. Ni siquiera se considera digno de estar en su presencia. Aún más, como una persona bajo autoridad y quien ejerce autoridad, él reconoce el poder y la autoridad de Jesús. Solamente una palabra de Jesús es necesaria para que su siervo sane.

vv. 9-10: Aquí tenemos otro punto en cual la narrativa de Lucas es diferente a la de Mateo. Jesús exclama, “ni aun en Israel he hallado tanta fe.” Mientras que en Mateo la frase forma parte de un contexto de crítica negativa acerca de la falta de fe en Israel (Mt 8:12, “…pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”), en Lucas se enfatiza la calidad excepcional de la fe del gentil.

Síntesis

Como las perícopas anteriores acerca del ministerio galileo de Jesús, esta historia forma parte del cumplimiento del mensaje proclamado en Lucas 4:18-21 que se ha estado desarrollando en las grandes obras y enseñanzas de Jesús. ¿Pero cómo figura esta narrativa en esa visión?

Al inaugurar su ministerio ese día en la sinagoga de Nazaret, Jesús se retrotrajo a las palabras del profeta Isaías, en particular, a esa parte de Isaías donde la vindicación de Israel es prometida—las buenas nuevas anunciadas a los pobres, los ciegos recuperando la visión, los oprimidos siendo liberados, etc. Pero así como la promesa dada a Abraham habría de ser para la bendición de todos los pueblos de la tierra (Gn 12:3), la renovación de Israel después de su derrota y destierro habría de rebosar y extenderse hacia el mundo entero (Is 42:1-9; 49:6; 51:4-6; 56:3-8).

El evangelio según San Lucas pone atención particular sobre los marginalizados de la sociedad de esa época: las mujeres, los pobres, los enfermos, y los excluidos. En esta historia, vemos que la restauración de Israel puesto de pie por el Señor ahora se extiende más allá del pueblo de Israel e incluye al gentil— ¡y en este caso a un representante del poder opresor! El centurión es elogiado por su fe y disfruta de los beneficios de la obra redentora. Los que han estado ajenos del pueblo –sea por enfermedad, por iniquidad, o por nacimiento, ahora son traídos cerca por nada menos ni nada más que el ministerio y la persona del profeta Jesús—un profeta que, como también dice en el evangelio según Lucas, ha de sufrir rechazo (4:24-30).

Esta narrativa prefigura la historia contada en la segunda parte de la gran obra de Lucas, la del centurión Cornelio (Hch 10), otro “temeroso de Dios.” Este, respondiendo con fe hacia el mensaje dado por el apóstol Pedro acerca el Mesías judío crucificado y vindicado, representa las primicias de la cosecha entre los gentiles y el desarrollo de la visión universal de Dios.