< April 21, 2013 >

Comentario del San Juan 10:22-30

 

A raíz del alboroto ocasionado por la sanidad operada en el ciego de nacimiento que se nos narra en Juan 9, Jesús enuncia las cualidades del buen pastor y establece la diferencia con aquellos que son simples asalariados o ladrones.

Sus palabras son motivo de división entre los judíos; unos lo acusan de estar endemoniado y fuera de sí, y otros rebaten eso al asegurar que un endemoniado no podría dar la vista a los ciegos.

En el marco de la fiesta de la Dedicación o Hanukkah,1 Jesús al igual que cualquier judío de Jerusalén, está en el templo. En Hanukkah se celebra la liberación y el milagro del aceite, y por eso se llama la fiesta de las luces. Debemos tener presente que al morir Alejandro Magno, el imperio griego fue dividido entre sus cuatro Generales (Seleuco, Ptolomeo, Lisimaco y Casandro), obteniendo con el tiempo mayor relevancia las dinastías Seléucidas y Ptolomeas. Uno de los reyes seléucidas, Antíoco Epifanes, gobernó cruelmente Israel, a tal grado que les faltó el respeto a las tradiciones de los judíos. Cuando el templo fue recuperado, lavado y posteriormente dedicado, se notó que había aceite únicamente para que las velas permanecieran encendidas un solo día, pero Dios hizo un milagro y el aceite duró ocho días hasta que el nuevo estuvo listo.

Mientras todos hacían memoria histórica sobre lo sucedido varios siglos atrás,2 el Dios Encarnado camina entre aquellos que están en el atrio de los gentiles. Es interesante el lugar donde el evangelista nos presenta a Jesús: en uno de los pórticos con que contaba el atrio de los gentiles, el Pórtico de Salomón. Hasta aquí llegan los judíos, entiéndase los líderes religiosos, para exigirle una respuesta definitiva sobre su mesianismo, pues desean escuchar la confesión de sus propios labios: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24).

El concepto de Cristo, Ungido o Mesías que se maneja en esa época tiene un ropaje político; el pueblo anhela al libertador, guerrero, que expulsará de sus tierras a los extranjeros que los oprimen y traerá paz, prosperidad y armonía a toda la nación. La pregunta de los líderes religiosos es confrontativa. No se formula con el fin de buscar una respuesta aclaratoria, sino para tener evidencias contundentes que permitan condenarlo. Aunque ellos esperan una respuesta directa, Jesús responde retomando la imagen del pastor y las ovejas, y esto exaspera a sus detractores.

Es interesante la analogía que Jesús utiliza para hacer ver a los líderes religiosos que ellos no son parte de su redil. En primer lugar les deja en claro que ellos no son sus ovejas. Eso lo saben porque ellos no obedecen ni reconocen su voz. Pero sus ovejas, aquellas que reconocen su voz, reciben de su mano vida eterna y están protegidas. Y en segundo lugar, las ovejas del Mesías le ha sido dadas por el Padre, y el Padre es el dueño de todo, así que nadie se atreverá a quitárselas. Jesús concluye reconociendo que él y el Padre son uno.

La característica más importante de las ovejas de Jesús es que ellas “oyen” la voz de su pastor. El oír va más allá del simple acto de percibir un sonido; es acatar, cumplir, poner en obra lo escuchado. Dios se ha comunicado a través de las edades, utilizando diferentes formas. Pero su creación no ha comprendido el lenguaje usado por el Señor (Heb1:1-2); ahora les habla a través de Jesús. El lenguaje que Jesús utiliza es el de las acciones: sanando, alimentando, protegiendo, restaurando, rescatando la dignidad humana, además de otros hechos portentosos. Todo esto refuerza las palabras que él ha expuesto en sus sermones y en conversaciones privadas con sus discípulos y otros personajes.

Nosotros y nosotras, al igual que Jesús, estamos llamados a hablar a través de nuestros actos. Estos deben ser actos de misericordia, de bondad, de justicia, etc., en consonancia con la demanda de Lucas 4:18-19.

Lucas, citando al profeta, menciona al menos seis actos de misericordia que debemos realizar, pero dado el contexto en el cual se encuentra Jesús en ese momento, creemos propicio resaltar el mandato de “poner en libertad a los oprimidos”. Esto fue lo que Jesús hizo con el ciego de nacimiento. Este era un varón oprimido, dependiente, inseguro; pero abrió sus oídos, escuchó la voz y creyó; por lo tanto, Jesús no solo le devolvió la vista, sino que también lo colocó en una nueva posición en la que podría valerse por sí mismo, participar por primera vez de los rituales, tener entrada libre al templo, es decir, hizo de él una nueva persona, una persona por fin visible para la sociedad de ese momento. Este varón dejó de ser un paria social, un portador de maldición; ahora los que antes lo esquivaban, ya no lo ven como un mendigo, sino como una persona. Lo ven, no como un ser rechazado, sino como un familiar o amigo y no solamente lo ven sino que también lo acompañan, le preguntan y se gozan con él.

¿Cuántas personas invisibles hay en nuestra sociedad por una situación de la cual no son directamente responsables? Las causas de su invisibilidad son la pobreza, una enfermedad, una deficiencia física o mental, el estatus social o académico, el género, etc. Ellos y ellas son invisibles hacia lo externo, y hacia lo interno se sienten sumamente oprimidos porque no pueden disfrutar de los simples placeres de la vida. Al igual que el ciego de nuestra historia, temen caminar por una calle, allegarse a un sitio en particular, dirigirle la palabra a cierta persona. Se creen sin ningún derecho y por lo tanto no alzan su voz.

El tiempo de Pascua es el mejor momento para declarar la libertad obtenida a través del sacrificio expiatorio de Jesucristo. Hoy somos portadores de buenas nuevas y les decimos a todos y a todas que el día de su liberación ha llegado, que escuchen la voz del buen pastor y lo sigan, porque solo en él tendrán vida eterna, y nunca perecerán ni podrán ser arrebatados ni arrebatadas de la mano del Señor.



1La celebración de la fiesta de Hannukah no tiene una fecha exacta, pues varía según el calendario judío. En el año 2013 la fiesta se inicia el 28 de noviembre; y dura ocho días.

2Antioco IV Epifanes, había abolido la práctica de las tradiciones judías, y en respuesta a su actitud esclavizante se levantó un grupo conocido como los Macabeos o Hasmoneos. Ellos expulsaron a los griegos de Israel en el año 164 AC y gobernaron hasta que fueron vencidos por los romanos en el año 63 AC.