< January 27, 2013 >

Comentario del San Lucas 4:14-21

 
Este pasaje asombra por su atención en los más mínimos detalles.

Muestra cada movimiento de Jesús: cómo toma, desenrolla, lee y vuelve a enrollar el libro. También sobre lo que hacen quienes le rodean y lo que sucede en su entorno. No son notas fortuitas. El sumo cuidado del relator refleja una descripción atenta sobre un hecho que ciertamente le llama la atención, que considera sumamente importante, y por ello requiere ser descrito con cuidado, detalle y percepción. Esta actitud apela, sin duda, a la atención del mismo lector/a, quien puede sentirse inmerso en esa sinagoga, expectante y curioso por lo que sucede.

Jesús se encuentra en Galilea. En la mención constante de este lugar principal campo del ministerio de Jesús, a veces olvidamos la importancia social, histórica y teológica que posee. Es una región que está “fuera” de los centros de poder, tanto políticos como religiosos (especialmente de Jerusalén). Es allí donde Jesús es impulsado por la fuerza del Espíritu y donde su fama crece (v. 14): por fuera de los “lugares comunes” que son manejados por quienes tienen poder, donde habitan los segregados, los campesinos, los enfermos, los oprimidos y pobres de las ciudades del momento. Eran lugares de “impuros”, de mezclas raciales, sociales, históricas y de mixturas religiosas de todo tipo, que reflejaban expresiones locales por fuera de las prácticas oficiales. El lugar donde sucede este hecho en particular es en Nazaret, una pequeña ciudad de la región. Recordemos, nuevamente, las palabras de Jn 1:46: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”

Todo relato bíblico no sólo pretende ser la descripción objetiva de un suceso histórico sino también cumple una función interpretativa, narrativa y de construcción de sentido para quienes la leen. Estas historias fueron construyéndose desde cartas enviadas de comunidad en comunidad, con el objetivo de ir descubriendo poco a poco las características de la fe en el Mesías. Por ello, la presencia del libro de Isaías no es algo fortuito. Dicho profeta representaba una de las principales fuentes para la comprensión de la historia del pueblo y de las expectativas mesiánicas. Nuevamente, este gesto transforma a la historia en cuestión en un espacio de profunda significación.

Vayamos reteniendo las imágenes del texto, que se van tejiendo poco a poco en una misma textura de sentido: Galilea, Nazaret, Jesús, Isaías…

Los versículos a continuación (vv. 18-19) han sido víctimas de todo tipo de interpretación licuada. ¿Por qué este vicio de tomar literalmente ciertas palabras y alegorizar con otras? Es muy común escuchar que este pasaje habla de los “pobres de espíritu”, los “cautivos por el pecado”, los “ciegos de la fe”, los “oprimidos por el mal”. Pero estas palabras distan de tal significado suprahistórico y espiritualizado. Por el contrario, los términos originales –tanto en el texto hebreo de Isaías como en el griego de Lucas– refieren a significados bien concretos y materiales. Habla de los pobres económica, material y socialmente; de las prácticas de cautiverio tan comunes en la época, las cuales eran utilizadas abusivamente por los señores de las tierras y los líderes políticos para acallar voces disidentes y cobrar deudas; de los ciegos, que en su discapacidad se sellaba una supuesta maldición que los segregaba social y religiosamente de por vida; de los oprimidos, como una categoría que evidencia la realidad de sectores y personas que se encuentran en claros contextos de desigualdad, y no por razones de maldición familiar o condena divina, sino por la acción injusta de grupos que detentan el poder.

El v. 19 es sumamente importante. Habla de “predicar el año agradable del Señor,” lo cual refiere al año del jubileo (Lv 25). Este suceso es una columna vertebral de las prácticas sociales de Israel. Se funda en el principio de que las tierras y las personas son posesión de Dios; no de los seres humanos. Pretende proteger de los abusos de los acreedores y prestamistas a quienes se veían obligados a entregar sus parcelas o a venderse a sí mismos como esclavos para pagar sus deudas. De aquí que el año del jubileo significaba la devolución de las tierras a quienes no tuvieron más remedio que utilizarlas para saldar cuentas, ya que era un derecho básico que cada familia tenga su espacio de sustento y producción, y la liberación de los esclavos, que podían elegir seguir o no bajo el mando del señor de familia. Era el año de la liberación de toda atadura social y económica. Era el año de la redistribución de las riquezas. Lo que caracterizaba a Israel y lo constituía como pueblo era la libertad y la igualdad. Dios es el Señor de la tierra y de la comunidad. Ningún poder podía arrogarse tal lugar.

Los gestos descritos en los versículos 20 y 21 llaman mucho la atención. Uno podría preguntarse: ¿por qué no emitió esas palabras estando al frente en el momento de la lectura? Por el contrario, sigue el ritual de cerrar el rollo y entregarlo para ser guardado. Las palabras habían sido leídas y la comunidad había escuchado. Vuelve a su lugar, en medio de ellos, y desde allí lapida: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Este gesto es sumamente significativo. Jesús vuelve al grupo, para hablar desde ese lugar, en medio de ellos.

De aquí que algunos comentaristas hablan de la teología de la palabra que se da en este pasaje, donde se construye un espacio de significación e interpretación profunda desde el lugar mismo de la comunidad, no desde el “frente”. Más aún si consideramos las palabras de Jesús. El término en griego para “se ha cumplido” es peplerotai, que se traduce como “se cumplió” pero también “se sigue cumpliendo”. Esto cumple una triple apelación. En primer lugar, hay una historización del contenido del texto leído. Esas promesas se aplican a la historia actual, al presente, a las experiencias concretas de los nazarenos, a la historia de Galilea. No hace falta esperar a un futuro lejano; la liberación comienza hoy. Segundo, hay una apelación mesiánica, no sólo porque Jesús se atribuye dichas palabras sino porque les da sentido desde su propia vida y ministerio. Y tercero, hay una apelación a los presentes. La teología de lo mesiánico siempre implicó una responsabilidad ética. El seguimiento de la historia del Mesías conlleva un compromiso con su sendero. Este era el Jesús del pueblo, de los oprimidos, de los cautivos, lo cual implicaba un llamado a la fe de los creyentes presentes a asumir el mismo compromiso.

Finalmente, para que reflexionemos en medio de este contexto: ¿cómo comprendemos la acción del Espíritu desde la fe en y el seguimiento al Jesús nazareno que nos presenta el relato? El Espíritu se manifiesta como esa fuerza que moviliza y sensibiliza hacia el sufrimiento del prójimo y a la construcción de la justicia. El relato también es un llamado a la comunidad de creyentes a hacer presente el poder inclusivo, redentor de todas las relaciones (sociales, políticas, económicas, culturales) y constructor de solidaridad a través de sus vínculos como grupo y con la sociedad toda.

Que este sea nuestro compromiso: seguir a Jesús en los márgenes de nuestras sociedades –tanto dentro como fuera, comprometiéndonos con los/las pobres, los/las cautivos/as, los/las excluidos/as, porque el Evangelio es un llamado al amor por y a la construcción de la justicia. Que nuestras vidas y comunidades reflejen la verdad del jubileo, denunciando las injusticias de la apropiación desmedida de las personas y de las instituciones, en pos de la proclamación y construcción del señorío de Dios.