< July 17, 2011 >

Comentario del San Mateo 13:24-30, 36-43

 

Cizaña entre el trigo: Discordia en la comunidad

Estructura Literaria
En el capítulo trece, Mateo conserva para sus lectores siete parábolas sobre el Reino de los Cielos (el término preferido por éste evangelista para referirse al Reino de Dios). Cada una de las siete parábolas (ocho si consideramos que el enigmático dicho del escriba instruido para el Reino, vv. 51-52, es en sí mismo una parábola) declaran un aspecto singular del encuentro con el Reino. 

Entretejidas entre estas parábolas, Mateo dos veces explica por que Jesús les hablaba así. Es notable que las dos explicaciones ofrecidas se encuentran inmediatamente antes de la explicación de la parábola de los terrenos (vv. 18-23) y la explicación de la parábola del trigo y la cizaña (vv. 36-43). El bosquejo del capítulo nos ayudaría a notar como Mateo desarrolla su lección.
 
I. La Parábola de los terrenos, (13:1-9)
        El Propósito de las parábolas, (13:10-17)
        La explicación de la Parábola de los terrenos, (13:18-23)
II. La Parábola del trigo y la cizaña, (13:24-30)
III. La Parábola de la semilla de mostaza, (13:31-32)
IV. La Parábola de la levadura, (13:33)
        Comentarios adicionales sobre el propósito de las parábolas, (13:34-35)
        La explicación de la parábola del trigo y la cizaña, (13:36-43)
V. La parábola del tesoro escondido, (13:44)
VI. La parábola de la perla de gran precio, (13:45-46)
VII. La parábola de la red, con explicación,  (13:47-50)
        Conclusión: el escriba instruido para el Reino de los cielos, (13:51-52)

Las primeras tres perícopas (número I, arriba) de este capítulo trazan la estructura establecida por San Marcos 4, aunque con las alteraciones típicas introducidas por Mateo para aliviar la obstinada actitud de los discípulos. La parábola del trigo y la cizaña es única en Mateo y algunos eruditos consideran que nuestra lección es una adaptación de la parábola de la semilla creciendo en secreto (Marcos 4.26-29). Tal consideración no es necesaria y lo semejante entre las dos parábolas (semillas, crecimiento, y el acto de dormir) no son suficientes para defender esta posición. El intérprete moderno ha de considerar la presente lección como una perícopa única de Mateo.

Observamos la siguiente estructura de la perícopa de nuestra lección:
24a Introducción
24b Siembra de la buena semilla (trigo)
25 Un enemigo siembra cizaña y se va
26 Las dos semillas crecen y al fin se nota las diferencias
27-28 Conversación del hombre y sus siervos sobre la cosecha
29-30 Decisión de demorar la separación del trigo y la cizaña hasta el final
36 Los discípulos demandan explicación de la parábola
37-39 Interpretación  alegórica de la parábola
40-43 Interpretación escatológica de la parábola

Notas Exegéticas
La parábola del trigo y la cizaña es la segunda en la serie de parábolas del Reino de los Cielos. Como la primera, vv. 1-9, la escena es típica en el medio oriente, un hombre siembra buena semilla en su campo con la expectativa de cosechar buen fruto (trigo). Mientras que en la parábola de los terrenos (comúnmente conocida como la parábola del sembrador) la semilla es buena y en cada instante la calidad de terreno cambia (camino, pedregales, espinos, buen terreno), ahora la semilla y el terreno son de buena calidad. La diferencia será introducida por una agencia fuera del control del sembrador y del terreno.
 
La frase introductoria «les refirió otra parábola» enlaza nuestra lección con la parábola anterior y la explicación del uso de las parábolas. Al mismo tiempo establece el tema del capítulo ya que las próximas dos parábolas son introducidas con palabras semejantes (vea v. 31, 33). El verbo griego jomoióo (aoristo, voz pasiva) significa literalmente fue hecho semejante (v. 24). Cinco de las parábolas en Mateo 13 (vv. 31, 33, 44, 45 y 47) son introducidas por palabras afines (jomoía). Por tanto, seis de las siete parábolas en este capítulo se introducen con esta fórmula comparativa. Con este uso, Jesús indica que el Reino de los cielos es en algunos aspectos comparables (semejante) a ciertas cosas que sirven para ilustrar la naturaleza del reino.

Repentinamente la escena cambia a la noche cuando un enemigo entra en la propiedad y añade cizaña a la siembra. El plural «dormían los hombres» informa al lector que el hombre del versículo 24 es el propietario del terreno y los hombres son sus siervos o empleados. Fueron ellos quienes sembraron la buena semilla. Este detalle no es alegorizado en la explicación que sigue. Es probable que ellos representan los portadores de la palabra de Dios (la buena semilla), o seas aquellos discípulos que proclaman el evangelio de Jesucristo.

La intrusión de un enemigo en la escena señala que existe un estado de enemistad entre el propietario y éste declarado enemigo. En el sistema legal del mundo greco-romano encontramos leyes que específicamente prohíben la inserción de cizaña en la siembra de otro. Más adelante el enemigo es identificado como el diablo, el enemigo del Reino de los cielos.

La palabra castellana «cizaña» es una transliteración de la palabra griega zizanion que describe una serie de plantas semejantes al trigo, tanto que suele denominarse «falso trigo.» Aparentemente en las primeras etapas del crecimiento la cizaña y el trigo son muy parecidos, resultando en que ninguno de los obreros nótese la presencia de la cizaña entre el trigo. Cuando ambas brotaban granos las diferencias eran obvias. El grano del trigo es de forma ovalada con color dorado. Contrario al trigo, el grano de cizaña es de color violáceo. El trigo es uno de los granos más ampliamente producidos globalmente y en el medio oriente antiguo era el más consumido. Al contrario el grano de la cizaña era considerado venenoso y por tanto inservible. La diferencia entre los dos granos crea la ilustración una parte que es de gran bendición para la humanidad  y otra que es completamente inútil y despreciada. 

Las diferencias en la forma y color del grano anuncian que en el trigal se encuentra maleza (cizaña) y los obreros no tienen explicación por la mezcla de granos. De inmediato el hombre reconoce la mano de su enemigo. Es notable que la asociación con la parábola de los terrenos implica que el enemigo también es sembrado. Empero, el Hijo del Hombre siembra buena semilla mientras que el enemigo riega mala semilla. 

Pero a esta etapa de crecimiento las raíces de ambas plantas se han entretejido de tal manera que no se puede arrancar una (la cizaña) sin dañar la otra (el trigo). La solución de los siervos es obvia--desarraigar la cizaña--pero es imposible erradicar lo malo sin daño a lo bueno. Por tanto el hombre ordena a sus obreros que permitan que ambas plantas sigan creciendo lado a lado hasta el tiempo de la siega. Es sorprendente que en la cosecha el hombre exige que primero se recoja y se queme la cizaña, luego que se recoja y se almacene el trigo.

Cumplida la narración de nuestra parábola, y dos más en los vv. 31-35, Jesús y sus discípulos despiden a la multitud y entran en la casa e inmediatamente los discípulos demandan explicación de la parábola del trigo y la cizaña. La interpretación expande el significado de la historia más allá del contexto histórico-geográfico para incluir la misión cristiana a través de la historia: el sembrador es el Hijo del Hombre, el campo es el mundo, la buena semilla los hijos/as del Reino de los cielos, la cizaña hijos/as del enemigo de Dios y los segadores los ángeles. 

Los vv. 40-43 contienen la aplicación universal de la parábola y la historia ilustra el fin del mundo (el escatón). En el día del juicio final, el Hijo del hombre enviará sus ángeles (implícitamente esta referencia admite la soberanía del Hijo de Dios en los cielos, donde Dios es soberano) para que recojan para juicio aquellos que sirven para tropiezo y todos los que hacen maldad. La referencia «sirven para tropiezo» identifica los hijos del malo como aquellos que se interesan en tropezar, esto es desanimar los hijos e hijas de Dios de tal forma que son infieles y abandonan su vida discipular. Claramente la frase se refiere a aquellos que están cerca del Reino, básicamente están al tanto del conocimiento cristiano, hasta son religiosos. Pero son piedra de tropiezo para los justos. «Todos los que hacen maldad» son aquellos que se dedican a vivir sin Dios, abiertamente rechazando al Señor Jesús como el Hijo de Dios. En términos modernos, podemos decir que el primer grupo son aquellos que participan en los ritos religiosos asociados con la fe cristiana pero carecen del amor a Dios y al prójimo y viven para sí mismos. El segundo grupo representa aquellos que no participan en la vida de la Iglesia y obran en contra de la justicia de Dios. El fin de ambos grupos es ser quemados, así como la cizaña en la parábola. Pero, los hijos e hijas de Dios, el trigo, resplandecen como el sol.  

Ideas Homiléticas
El reto para la exposición de esta lección para el predicador se encuentra en el hecho que el evangelio provee una explicación de la parábola. Es importante que la predicación se centralice sin violar la explicación ofrecida y sin repetir literalmente lo que el texto bíblico ofrece. 

El sentido escatológico es fuerte en la parábola y la explicación y el predicador ha de mantener ese énfasis al declarar la Palabra al pueblo de Dios hoy día. Pero todo depende de cómo el predicador entiende el termino «Reino de los cielos.» Si aceptamos la idea que el reino es sinónimo con la Iglesia universal, entonces la esencia de la parábola enseña que en la Iglesia co-existen discípulos e incrédulo lado a lado. No hay forma de diferenciar los dos hasta que el fruto los de a conocer, y aun así hemos de tener paciencia y esperar que el Señor del Reino envié a sus emisarios para que cosechen al final del siglo. 

Pero si aceptamos que el Reino no es idéntico con la Iglesia, sino que representa  que el reinado de Dios entre la humanidad esta presente pero persiste la oposición al Reino. En otras palabras, lo bueno co-existe con lo malo en la tierra. Aunque queramos que el Señor de inmediato juzgase los malhechores entre nosotros, tenemos que tolerar la presencia de lo malo con lo bueno así como Dios tolera en su creación (Mateo 5.45), respetando la libertad de cada persona. La idea es que no podemos hacernos jueces y condenar la humanidad que nos rodea pues en el proceso hacemos daño.