< June 30, 2019 >

Comentario del San Lucas 9:51-62

 

La Otra Cara de la Misión Profética: la Inclusión y la Misericordia

El comentario de la semana pasada recalcó cómo la misión profética atormenta a la maldad. Atormentar al mal es (1) denunciar la injusticia y la opresión, (2) anunciar las buenas nuevas de liberación, y (3) testificar, encarnar y participar en la misericordia de Dios al liberarnos de las circunstancias y sistemas de opresión y maldad. No obstante, atormentar al mal no es ejecutar el “ojo por ojo y diente por diente.” El evangelio no concuerda con esa declaración. Al contrario, el evangelio es claro. Tanto en Lucas como en Mateo, Jesús pone de manifiesto un nuevo orden de relaciones (Mt 5:38-48 y Lc 6:27-36). El evangelio demanda atormentar al orden opresivo y amar a nuestros enemigos, que es la otra cara de la misión profética. Es una paradoja que ofrece caminos no transitados.

La Inclusión y la Misericordia aun para Quienes Rechazan

El pasaje para hoy ilustra cuán difícil es vivir en esta paradoja. Jesús, en su camino a Jerusalén, quiere transitar por Samaria, una región entre Galilea y Judea cuyos habitantes están en profunda riña con los judíos. Jacobo y Juan no son recibidos con hospitalidad en Samaria. Su reacción es típica de un judío de su tiempo: “¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” (v. 54b). Jesús reprende a sus discípulos—nótese que son dos de los discípulos que participan de experiencias y lecciones críticas sobre el evangelio en narrativas anteriores—señalando su ignorancia y declarando que el propósito del Hijo del Hombre es salvar y no a destruir a quienes están perdidos/as. La reacción de los discípulos al rechazo de los samaritanos y la corrección y afirmación de Jesús es coherente con lo que sucede según Lucas 4 después de que Jesús declarara en la sinagoga que se había cumplido la Escritura que les había leído (Lc 4:21b) y después de que la gente diera buen testimonio de él y se maravillara de “las palabras de gracia que salían de su boca” (Lc 4:22): quieren despeñarlo por ampliar las promesas del Reino de Dios a los gentiles (Lc 4:23-30).

La narrativa de los vv. 51-56 contrasta con las tres personas que indican el deseo de seguir a Jesús, una de forma voluntaria y las otras dos recibiendo el llamado de Jesús (vv. 57-62). La inclusión sucede por orden de Jesús y no es una inclusión ingenua. En los intercambios se llega al fondo de la identidad de las personas. Una posible interpretación es que todas quieren seguir a Jesús, pero sin dejar de ocuparse de lo que consideran importante; en este caso, la certeza del abrigo y las relaciones familiares. Nótese que en la antigüedad la certeza del abrigo y las relaciones familiares eran el fundamento de la identidad personal y constituían también el espacio social donde se enseñaban y socializaban las fronteras humanas de exclusión. Para Jesús, el evangelio demanda una nueva identidad, la identidad del reino de Dios.

La Identidad del Reino de Dios: Inclusión para Todas las Personas en Función del Reino

Indiqué anteriormente que la inclusión de Jesús no es ingenua; es la inclusión del Reino. Hoy en día hablamos de inclusión como una categoría con esencia invariable. En no pocas ocasiones, la inclusión se percibe como una sutil hipocresía sin consecuencias concretas. Por ejemplo, en muchos círculos del cristianismo anglo-americano se exalta la presencia de minorías raciales y étnicas. No obstante, cuando viene la distribución de poder y de recursos financieros a congregaciones minoritarias, lo que queda evidente es una exclusión concreta de las necesidades y del futuro de las comunidades de fe de los grupos minoritarios. La supuesta inclusión que se practica es falsa y no está en función del reino de Dios.

Proyectos misionales originados en Occidente, tanto de congregaciones como de organizaciones de fe no gubernamentales, promueven la misión cristiana en las regiones del hemisferio sur (África, Asia y América Latina) donde el cristianismo tiene gran vitalidad. Hay interés por “ayudar” a comunidades en estas regiones, siempre y cuando los receptores de la misión no cuestionen la benevolencia de las congregaciones y agencias misionales. Tal inclusión es en función del control y el dominio de estas comunidades cristianas consideradas “deficientes” y no está en función del Reino.

Es esperanzador, sin embargo, saber que no toda inclusión es ingenua y falsa, y para el propósito de este comentario, un ejemplo basta. Luego de la Revolución Cultural (1966-1976) en la China bajo Mao Zedong, hubo comunidades cristianas en áreas rurales que quedaron profundamente afectadas por la violencia, persecución y opresión. Desarraigadas y privadas de recursos cristianos, terminaron practicando un cristianismo influenciado por formas y contenido de las tradiciones religiosas tribales chinas. Consecuentemente, lo que habría visto una persona cristiana de otra parte del mundo si hubiera podido visitar estas comunidades cristianas en las áreas rurales de la China, no habría tenido parecido ni continuidad con un cristianismo tradicional.

A finales de los años 1990, le fue asignada al Consejo Cristiano de la China (CCC), un organismo protestante reconocido por el gobierno de la China, la responsabilidad de identificar a las congregaciones cristianas rurales “legítimas.” Tal responsabilidad implicó que las congregaciones que no fueran incluidas bajo la CCC estarían a merced del gobierno con la usual consecuencia de más persecución y opresión. El presidente del CCC para ese entonces, el obispo K. H. Ting, persuadió al CCC para que aceptara e incluyera a muchas de las congregaciones rurales con el propósito de proteger a la feligresía y a sus líderes de sanciones y persecución por parte del gobierno chino. Esta inclusión protegió a miles de vidas y al testimonio de mujeres y hombres que frente al desarraigo religioso y la carencia de formación cristiana, trataron de ser fieles a la fe de Jesucristo, aunque su expresión de fe fuera marcadamente distinta a lo que usualmente se considera ortodoxo. Esta inclusión salvó vidas. Esta gestión nació de una inclusión en función al Reino de Dios.