< February 14, 2018 >

Comentario del San Mateo 6:1-6, 16-21

 

Jesús: Ceniza, Espiritualidad y Esperanza

El texto de hoy inaugura la celebración cristiana de la cuaresma, y como telón de fondo tenemos el hecho de que el miércoles de ceniza coincide este año con el día de los enamorados, día del amor o día de San Valentín. Este personaje legendario, mártir de la historia de la iglesia cristiana, se considera el santo patrón de las personas enamoradas y el 14 de febrero, su onomástico, se popularizó como fecha para celebrar el amor.

La porción bíblica que nos inspira hoy, atravesada por la “Oración del Señor” que no hace parte de la perícopa propuesta por el leccionario para meditar, es un oportuno llamado a la oración. La meditación como un medio de pacificación de los ruidos que nos rodean o que nos habitan.

Un amigo budista me decía una vez: “Creo que si todas las personas instruyéramos a nuestros hijos e hijas en la meditación [oración], lograríamos erradicar la violencia en tres generaciones.”

La verdad es que muchas personas no sabemos apreciar el valor del silencio. El silencio como parte de la nutrición de nuestras espiritualidades.

Muchas personas habitamos las culturas del sonido. Cuando nos rodea el silencio, nos sentimos con incomodidad. Como si perdiéramos el tiempo porque no se escucha nada. Oramos apresurándonos de inmediato a atropellarnos con palabras… elocuentes en lo posible, pero innecesarias en muchos casos.

En el texto de hoy vemos a Jesús denunciando “el ruido” de la religiosidad. Esa que se ufana de dar limosnas, que grita los ayunos o que recita largas oraciones en medio de las congregaciones. La religiosidad de los escribas, saduceos y fariseos, que en el evangelio son una oposición fundamental a la espiritualidad de Jesús, que se contenta con pequeños gestos y grandes acciones silenciosas.

Jesús hace, inclusive, un paréntesis para enseñar el valor de la oración con la calidad de decir mucho en poco tiempo. Pugnando por la justicia para quienes necesitan misericordia a través del Reino. La oración como acto comunitario de cercanía a Dios, palabra que ruega por pan, que pide por el perdón de las deudas usureras, que pide por sobreponerse a las tentaciones de la injusticia y que aboga por ser guardados/as de las acciones de los malvados.

Frente a todo esto, la gente, en vez de preocuparse por cultivar una espiritualidad de la libertad en Dios, se sumerge en una religiosidad del alarde y la vanagloria.

Jesús alerta desde el principio: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos” (v. 1). La jactancia no va con el proyecto de Jesús. Este maestro no requiere de sinagogas para meditar con alardes. Necesita más del desierto para ser probado y fortalecerse en medio de la elocuencia del silencio. Por ello recomienda orar en sigilo y a puerta cerrada. Recomienda ayunar con “cara lavada” y en secreto.             

Yo crecí en una familia evangélica, y si bien mi entorno nunca fue obtuso en cuanto a las prácticas religiosas distintas, en la comunidad eclesiástica donde me formé era prácticamente imposible escuchar una valoración positiva de la cuaresma o del miércoles de ceniza como momento de inicio de esta estación litúrgica.

Como si este tipo de celebraciones fueran “no cristianas,” a mí me resultaba casi normal abstraerme de un entorno cultural que compartía, en cierto miércoles del año, la frente manchada de negro.

Con el paso del tiempo, de mi formación bíblica y teológica, de investigación y mucha lectura, he aprendido a valorar símbolos de fe que no tienen “copyright,” es decir, que no son propiedad de tal o cual expresión del cristianismo.

La cuaresma como espacio de preparación a la Semana Santa, y el miércoles de ceniza como su punto de arranque, son una oportunidad para valorar positivamente la humildad cristiana que tiene fundamento bíblico. El recogimiento como espacio de silencio y contrición es sumamente oportuno en medio del ruido de este mundo convulsionado por tantos infortunios.

La ceniza es un símbolo bíblico que nos recuerda un principio fundamental de las tres religiones abrahámicas, judaísmo, islam y cristianismo: “polvo eres y al polvo volverás” (Génesis 3:19). Además, nos conecta directamente con lo que podemos llamar una “espiritualidad bíblica del desierto,” los 40 años en el tránsito de Egipto a Israel así como los 40 días de ayuno de Jesús antes de su ministerio.

En medio del polvo del desierto, que es lo que evoca el símbolo litúrgico de la ceniza, tanto el pueblo de Israel como el propio Jesús son obligados a preguntarse por el sentido que Dios puede dar a sus vidas. Las preguntas espirituales del desierto son: ¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos acá? En estas preguntas Dios cobra sentido… Dios se vuelve experiencia de vida… ¡Dios acontece! Es entonces cuando el pueblo, y cuando Jesús mismo, pueden afrontar la vida con una vocación y, sobre todo, con la esperanza de que Dios estará ahí aconteciendo.

El mundo en general, y América Latina en particular, viven hoy, en la segunda década del siglo XXI, uno de los momentos más desoladores de su historia: feminicidios, migrantes a quienes se obliga a hacer trabajo esclavo en plantíos de marihuana o de procesamiento de amapola, secuestros, crimen organizado, “estados” desorganizados y corruptos y un largo etcétera.

La gente común en América Latina, sin embargo, es gente buena y trabajadora que en la mayoría de los casos no saben cómo afrontar este infortunio social. Padres y madres de desaparecidos/as marchan por las calles pidiendo la aparición con vida de sus hijos e hijas, o buscan sus cuerpos en fosas clandestinas. El empleado promedio sale cada mañana dispuesto a traer alimento a casa con el riesgo de perder, en un robo, sus pocos pesos para pagar el colectivo; muchas mujeres siguen recluidas en su casa siendo presas de la enfermedad crónica del machismo de sus propios maridos, a quienes en la mayoría de los casos además seguramente aman.

En medio de todas esas circunstancias, que parecen ser moneda corriente, está la necesidad apremiante de encontrar paz. Lamentablemente quienes habitamos en las zonas urbanas estamos tan acostumbrados y acostumbradas al ruido que nos volvemos intolerantes al silencio. Por otro lado, los conglomerados rurales también tienen muchos sonidos ruidosos a su alrededor, provocados por las balas o por sus tripas, que no han comido en días o bebido agua limpia por generaciones.

Ahí es donde el miércoles de ceniza toma sentido, sobre todo si es un llamado a la búsqueda humilde de la voz de Dios en medio de tanto ruido. La ceniza debe tornarse una oportunidad para revalorar el silencio y hacer de la oración, no un rosario de peticiones y necesidades, sino un tiempo de reflexión en el que aprendamos a escuchar la voz de Dios.

Tal vez esta oportunidad de “tomar ceniza” no sea el momento para pintarnos una cruz en la frente solamente, pues nuestro compromiso de tomar la cruz cada día (Lucas 9:23) no tiene que ver con anunciar al mundo que somos muy religiosos sólo porque nos manchamos de negro la cara. Tal vez podríamos pintarnos de ceniza las letras “DACA”1 o un número “43”2 o un “NUNCA MAS.”3

Ahora bien, sea que nos pintemos una cruz de ceniza en la frente, o que nos pintemos alguno de los otros símbolos propuestos, o que elijamos no pintarnos de ceniza la frente, hagámoslo con el compromiso de seguir el camino fiel de la cruz de Cristo, como gracia redentora de Dios, para recordarles al mundo y a nuestro pueblo que aguardamos con esperanza, no en las autoridades corruptas de nuestros países, sino en el “Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo” (Hebreos 13:20) la justicia y la paz con dignidad para nuestros pueblos.

Uno de los tres posibles candidatos a ser el “San Valentín” conmemorado por el santoral fue, según la tradición, un médico romano que se hizo sacerdote y que casaba a los soldados romanos, a pesar de que había sido prohibido por el emperador Claudio "El Gótico," que consideraba el matrimonio incompatible con la carrera de las armas. San Valentín “se pintó su propia cruz” con ceniza de martirio.

Que la cuaresma (40 días) que se inicia hoy, miércoles de ceniza, sea una invitación a orar y ayunar por nuestro mundo, que necesita que Dios acontezca en él.


Notas:

1. Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).

2. El número de estudiantes de educación desaparecidos por el Estado en Iguala, México, que hoy son un símbolo de la resistencia contra la violencia del estado y el crimen organizado en el país.

3. Representativo de la resistencia contra las dictaduras militares en el sur de América Latina.