Vigésimo segundo domingo después de Pentecostés

El énfasis de Jesús en el amor

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October 25, 2026

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Comentario del San Mateo 22:34-46



“¡Hay que tener un amante!”1: esta frase circulaba hace unos años en redes sociales. Al comentarla, se decía que convenía conectar con lo que nos apasiona —el arte, el deporte, la naturaleza, las personas cercanas—, descubrirlo y “ponerse de novia/o con la vida.” En fin, que el amante, el que nos ama, el que nos enamora, da un sentido nuevo a nuestro existir. ¿Quién no ha amado o ha sido amado alguna vez?

¿Por qué Jesús habrá puesto tanto énfasis en el amor?

Dos preguntas

El texto de este domingo se estructura a partir de dos preguntas. La primera es realizada por los fariseos y respondida por Jesús y la segunda, realizada por Jesús y respondida por los fariseos. Veamos:

  1. —Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la Ley? (v. 36)

Este parágrafo presenta el tercer conflicto de Jesús con la élite religiosa dominante. El primero lo leímos el domingo pasado (22:15–22): la falsa disyuntiva del tributo al emperador romano o a Dios, en que los líderes quedan maravillados y se retiran. El segundo no está presente en el leccionario, pero puede leerse en 22:23–33: los saduceos le preguntan a Jesús sobre la resurrección; ellos quedan en silencio y la gente queda maravillada. En el tercero, que estamos considerando en esta ocasión, los fariseos vuelven a la carga, ahora ya no por medio de sus discípulos como en 22:15 sino directamente a través de un especialista o “intérprete” de la Ley (nomikós, v. 35). Después de la respuesta de Jesús, el texto cierra: “Y nadie le podía responder palabra; ni se atrevió ninguno a preguntarle más desde aquel día” (v. 46). Nuevamente aparece la idea de peirázō (tentar, poner a prueba)2 a Jesús. Los fariseos realizan la pregunta-trampa a través de un especialista en leyes: entolḗ (mandamiento), megálē (grande), en tṓ nómō (en la Ley, en la Torá). La pregunta es sobre el mandamiento más grande, y Jesús responde que el más grande y el primero es:

“Amarás”: verbo agapáō en segunda-persona singular en futuro de indicativo, pero aquí no señala una acción que sucederá, sino que indica un mandato: “amarás.” Jesús está parafraseando Dt 6:5.

“al Señor tu Dios”: kúrion tón theón. El título de “Señor” volverá a ser retomado en la segunda pregunta.

“con todo tu corazón”: kardía: corazón; mente; alma, espíritu, sentido, pensamiento, inteligencia; deseo, intención.3

“con toda tu alma”: psujḗ: aliento vital, vitalidad, vida; alma.4

“y con toda tu mente”: diánoia: mente, entendimiento; intención, propósito, disposición.5

En los tres casos se repite la palabra “todo” (hólos: todo, completo, totalidad).6

Y agrega un segundo mandamiento tan importante como el primero:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”: Jesús aquí toma la referencia de Lv 19:18. Al afirmar que de estos dos mandamientos dependen “toda la Ley y los profetas”, está transmitiendo la idea de sintetizar las tradiciones; no es una nueva Ley, sino que es una nueva interpretación, la de Jesús.

Sería interesante poder repetir las palabras de Jesús en primera persona del singular: “Yo amaré…”

  1. —¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? (v. 42)

Después de la respuesta poderosa de Jesús, el v. 41 funciona como un nexo entre las dos partes: “Estando reunidos los fariseos, Jesús les preguntó…” En el original son dos preguntas en una: Ti humín dokeí perí toú jristoú tinós huiós estín. El verbo dokéō transmite la idea de pensar, suponer, opinar, parecer, considerar.7 Más allá de la pregunta concreta, ¿por qué le interesaría a Jesús conocer la opinión de los fariseos sobre el Cristo si ya había quedado claro que para él eran unos “hipócritas” (22:18)? ¿Por qué no preguntárselo a sus discípulas/os o a la gente del pueblo? Luego de la respuesta directa de los fariseos, “De David”, se desencadena un juego de palabras que pone en cuestión su respuesta con la frase “Señor a mi Señor.” Jesús cita el Salmo 110:1: «El Señor/Yavé8 dijo a mi Señor: “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”». Esto plantea una tensión. Si David lo llama “Señor,” ¿cómo puede ser solamente su hijo? Un padre no llamaba señor a su hijo. La identidad mesiánica todavía queda poco clara.

Tal vez habría que pensar que la segunda pregunta, con dos preguntas en una, no va dirigida a los fariseos, sino a los destinatarios de este evangelio —a nosotras/os también—. ¿Quién es para vos el Cristo? Desde el primer capítulo y versículo del evangelio, el autor se esmera en dar respuesta a este interrogante.

Entonces, ¿qué es lo que realmente une estas dos preguntas? ¿Cuál es el sentido?

Si quisiéramos resumirlas en dos palabras, podríamos decir: amor y Mesías. Jesús demuestra su conocimiento de la Ley, pero, sobre todo, una gran autoridad para interpretarla con un sentido original. Jesús subraya que el amor es con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente. Esa manera de amar a Dios y al prójimo es la novedad de Jesús porque no se aleja de la Ley, pero la mira en otra clave; pone el amor en el centro. El Cristo es el que ama, el que enseña a amar desde los más pobres y excluidos. Es un amor que no reconoce honores, privilegios ni clases; un amor alejado del poder que oprime y genera muerte, injusticias y maldad. Ese amor convierte en vulnerable al que ama, y en esa vulnerabilidad nos igualamos como humanos sin jerarquías, razas, géneros ni cualquier otra distinción.


Notas

  1. Esta frase provocadora circuló hace unos años en redes sociales a partir del libro de Carlos J. Bianchi, “El amante,” en La pareja, un delicado equilibrio, 2.ª parte (Buenos Aires: Corregidor, 1999), 73 (también fue popularizada por el psicólogo Jorge Bucay).
  2. Inmaculada Delgado Jara, Diccionario griego-español del Nuevo Testamento (Navarra: Verbo Divino, 2006), 276.
  3. Delgado Jara, Diccionario griego-español, 195.
  4. Delgado Jara, Diccionario griego-español, 374.
  5. Delgado Jara, Diccionario griego-español, 95.
  6. Delgado Jara, Diccionario griego-español, 256.
  7. Delgado Jara, Diccionario griego-español, 103.
  8. Dice “Jehová” en la versión Reina Valera 1995.
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