< December 11, 2016 >

Comentario del San Mateo 11:2-11

 

Escuelas Teológicas Diversas

Pareciera que Jesús de Nazaret no puede escapar a este debate permanente sobre la interpretación de las Escrituras. Detrás de esta escena subyacen dos conceptos teológicos y dos formas de comprender y leer las Escrituras. Es un debate netamente hermenéutico donde Juan el Bautista y sus discípulos representan la escuela del antiguo régimen y Jesús de Nazaret la nueva forma de leer las Escrituras y una forma totalmente diferente de predicar y de realizar las consecuentes acciones pastorales. 

Ni Moisés ni el Rey David

A pesar de que Juan confiesa abiertamente que Jesús de Nazaret es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, su mundo ideológico sigue apegado al antiguo esquema. Espera un Mesías poderoso que venga amenazante con un hacha en su mano para cortar todos aquellos árboles que no dan fruto. Es la imagen del Dios tremendo que, para imponer justicia y libertad y devolver la dignidad del pueblo y de los excluidos y excluidas,  castiga, rechaza, divide y condena. “Ni olvido ni perdón” pareciera ser el lema del Dios proclamado por las escuelas seguidoras de Juan el Bautista. Pero Jesús de Nazaret no es Moisés ni el rey David. Con sus hechos y su mensaje en su núcleo más importante, Jesús encarna un concepto de Mesías que escandaliza y les hace dudar a Juan y a sus discípulos. Las dudas de Juan y su escuela no tienen otro motivo que la identidad nueva y diferente a la esperada por ellos de Jesús de Nazaret.  

El Santo Escándalo

Jesús de Nazaret escandaliza en su forma de pensar y actuar aun al mismo Juan y a todos sus seguidores de entonces y ahora. La respuesta de Jesús es clara: "Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (vv. 4-6). Este es el núcleo de toda proclamación y la llave de comprensión de todas las Escrituras. Somos los destinatarios de la buena noticia que afirma que Dios ha retirado el hacha de nuestros pies, que ya no nos mira desde la Ley, sino con los ojos evangélicos de la misericordia. Este es el núcleo tanto de nuestra fe como del escándalo. 

Bienaventurados

¡Bienventurado quien no halle tropiezo en mí! Esta bienaventuranza tiene que guiar nuestra reflexión. Ciegos, paralíticos y leprosos son considerados impuros por el pensamiento teológico de los adversarios de Jesús de Nazaret. En aquel tiempo, todo enfermo era signo del juicio que Dios imponía sobre sus pobres hijos e hijas sometidos a torturas divinas por lo que se entendía que solo podían ser muy buenas razones. Es lo que suele llamarse la teología retributiva. La forma de actuar y proclamar de Jesús de Nazaret es un ataque directo a esa teología. Este es el escándalo que muchos y muchas no pueden soportar. No solo es escándalo lo que dice y hace, sino a quién se lo dice y a quién se lo hace. El escándalo de Jesús de Nazaret no ha terminado y de seguro que nunca terminará. Es la divisoria de aguas que nos ubica en uno u otro costado del debate. 

Pureza y Santidad

Resucitar muertos es también un gesto de dar vida a aquello que la cultura y el pensamiento de entonces consideraban impuro. En aquel tiempo había leyes muy claras y estrictas que impedían tocar un cadáver para no ser contaminado por la impureza ritual. Jesús de Nazaret desafía esos tabúes, y al tocar y sanar y hablar a todos los grupos en situación de vulnerabilidad y expuestos al estigma y la exclusión, se hace él mismo escándalo y nos hace dudar de toda teología y relectura bíblica y confesional que no lleve a anunciar una buena noticia a todos aquellos pobres sociales. 

La Cruz de Liberación

La cárcel de Juan el Bautista prefigura la cruz de Jesús de Nazaret que es consecuencia directa de aquello que se proclama y aquello que se hace con las personas consideradas como objetos de estigma y exclusión por el sistema teológico y hermenéutico del antiguo régimen. Conocemos muy bien estas dos formas de interpretar la naturaleza y voluntad de Dios. Por un lado tenemos a quienes creen que la salvación viene por la condena, las penitencias, los diezmos, los ayunos y muchas otras prácticas piadosas que nos llevan a pensar que la redención se produce sin la mediación activa de Cristo. Piadosamente nos gusta pensar que a través de diversas abstinencias podemos acceder al Reino sin pasar por la puerta de Jesucristo. Es un escándalo que se nos anuncie que esa puerta está abierta incondicionalmente para quienes confiesan que Jesús es el Señor. Esta fe es la carta de ciudadanía y de pertenencia al espacio que busca que aquí y ahora se cumpla la voluntad de Dios tal como acontece en los cielos. 

Esta cruz que nos libera y que nos hace verdaderamente libres constituye un escándalo para las personas biempensantes y teológicamente correctas que pretenden usurpar el derecho divino del juicio.  Dios siempre, y para nuestro escándalo, visita y se hace Emmanuel junto a las personas ciegas de todas las perspectivas, las personas paralizadas por diversos temores y situaciones de opresión e injusticia, las personas impuras de diversas identidades, las personas sordas de muchas ideologías, y las personas muertas sociales y civiles que son hechas ciudadanas del Reino. A todas ellas y a todos los grupos vulnerables a nuestras exclusiones se les anuncia una buena noticia: Dios está con nosotros y nosotras. 

Oración Comunitaria

 Misericordia inclusiva,

            permanece con quienes te buscan,

            en este tiempo de espera y resistencia.

            Concédenos la fortaleza para transformar nuestras vidas,

            y transfórmanos en instrumentos del Reino ahora y aquí.

Fuerza creadora,

            renueva nuestro compromiso de ser ciudadanos y ciudadanas del cielo,

            para que en la tierra se cumpla tu voluntad de dignidad.

Soplo de vida nueva,

            danos la fortaleza para cuestionar todos los sistemas

            que excluyen la diversidad de tu creación

Te lo pedimos por Aquél que se hace nuestro prójimo

            y hace también a Dios nuestro prójimo. Amén.