< January 05, 2014 >

Comentario del San Juan 1:[1-9], 10-18

 

En San Juan 1, nuestro texto para el segundo domingo de Navidad, nos alejamos de las historias tradicionales de la Navidad para leer un himno de alabanza que nos señala el significado de Jesús como Dios encarnado.

“Más allá del sentimentalismo y el romanticismo de la Navidad, en el bebé nacido en Belén nos encontramos nada menos que con la decisión de Dios de convertirse en ser humano.”1 Es de esperar que el encuentro que hemos experimentado, durante la Navidad, con el niño Jesús, la palabra encarnada de Dios, nos ayude a entender estas palabras escritas de Dios en las Santas Escrituras.

Aquí voy a enfatizar tres temas que se pueden encontrar en los versículos 10-18 de nuestro texto:

  • Ver y conocer a Dios con nosotros y nosotras sin quedar “en las tinieblas.”
  • Aceptar la generosidad y la gracia de Dios.
  • Tomar en serio la tarea de Jesús de interpretar las obras y la voluntad de Dios.

Ahora que hemos entrado en 2014 sería bueno que un sermón nos lleve a cada uno y a cada una a hacernos el propósito para el nuevo año de desarrollar una fe más plena tanto con el estudio de la Palabra de Dios en las Escrituras como con el encuentro con Cristo vivo en la adoración y en la oración.

“En el mundo estaba… pero el mundo no lo conoció” (1:10)

¿Podemos reconocer al Verbo de Dios entre nosotros y nosotras? Juan nos da la imagen muy fuerte de la “luz verdadera, que alumbra a todo hombre” (1:9), o sea, que alumbra a todos y a todas, creyentes o no. Juan va a regresar varias veces a ese tema. “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (8:12). “La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (3:19). ¿Es que preferimos mantenernos en las tinieblas? Durante la Navidad, hemos encontrado al bebé en el pesebre, pero ¿podemos entrar en el año nuevo encontrando no sólo a un bebé sino también al Verbo encarnado, la luz del mundo?

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (1:14). Lo de “habitar” es, en este contexto, algo muy especial. Se usa el verbo griego skenoo, que tiene la misma raíz que skenos, el Tabernáculo donde Jehová hablaba con Moisés (Ex 33:9). Esto implica una intimidad muy fuerte entre Dios y nosotros y nosotras. ¿Estamos listos y listas para experimentar tanta intimidad?

“De su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia” (1:16)

En 1:15 Juan nos muestra los vínculos entre nuestro mundo, representado por Juan el Bautista, y lo eterno: “El que viene después de mí es antes de mí.” Desde lo eterno, Dios nos da “gracia sobre gracia.” “La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (1:17). Como Mateo, Juan no nos está sugiriendo que Jesús quiera abolir la ley. "No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir” (Mt 5:17). Pero Juan nos muestra que la gracia de Dios, lo que recibimos por medio de Jesucristo, es algo que va mucho más allá de la ley. “A los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (1:12). Juan enfatiza aún más que antes la intimidad que hemos visto cuando Dios habita, skenoo, entre nosotros y nosotras. Somos adoptados como familia. El Dios que creó “todas las cosas” (1:3), que ha hecho todo el mundo (kosmos) (1:10), reconoce a los creyentes como parientes amados. Por la gracia de Dios, somos miembros de la familia de Dios.

¿Tenemos, entonces, la voluntad de creer en “el Verbo encarnado,” en Jesús, de recibir la gracia de Dios, y de hacernos familia con todos los miembros de la familia de Dios?

“El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer” (1:18)

A pesar de la belleza de las palabras de Juan en este himno, tal vez pueda ser un poco difícil el concepto de Dios hecho carne (sarx), Dios presente en el unigénito Hijo, Jesucristo. De veras, ¿quién puede entender a Dios? “Dios es grande y nosotros no lo conocemos” (Job 36:26).

Por eso es importante ver cómo Juan el Bautista habla del ministerio de Jesús cuando declara que Jesús ha dado a conocer a Dios (1:18). ¿Estamos dispuestos y dispuestas a recibir toda “la verdad” en Jesucristo? (1.17). La palabra griega que se usa para decir “dar a conocer” es exegeomai, que significa explicar e interpretar a Dios. Esto implica que en Jesucristo recibimos un mejor conocimiento, un mejor entendimiento de la naturaleza y la voluntad de Dios. Pero implica, también, que necesitamos seguir en la tarea de estudiar lo que Jesús nos muestra, y de estudiar el Verbo encarnado y la palabra escrita, en conversación el uno con la otra. Necesitamos comprometernos a encontrar al Dios dado a conocer por Jesús tanto en nuestra lectura de la Biblia como en nuestra oración y adoración.

La Navidad nos dio la oportunidad de pensar a Dios en la forma de un bebé débil y humilde, un Dios que aceptó todo el sufrimiento de la humanidad – persecución, exilio, rechazo, y aún la muerte – para habitar, skenoo, entre nosotros y nosotras. El capítulo 1 de San Juan nos da la oportunidad de ver, a la vez, el esplendor de Dios que creó el cosmos y la generosidad de Dios que nos da su gracia y que nos adopta como hijos e hijas. Vamos a comprometernos, este nuevo año, a tratar de entender la tensión entre la humildad de Dios y la majestad de Dios, y a dar gracias tanto por la humildad como por la majestad de Dios. Demos gracias a Dios.


 

1 Walter Brueggemann, and Charles B. Cousar, Texts for Preaching: A Lectionary Commentary, Based on the NRSV (Louisville, Ky: Westminster/John Knox Press, 1995), 79.