< December 02, 2012 >

Comentario del San Lucas 21:25-36

 

25Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas. 26Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces verán al Hijo del Hombre que vendrá en una nube, con poder y gran gloria. 28Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención (griego: apolutrosis -- a veces utilizado para expresar "redimido de esclavitud") está cerca.

Lucas presenta a Jesús hablando de lo que vendrá, profetizando. No sabemos si esto fue escrito después o durante los sucesos relatados y si es un agregado del mismo Lucas o una profecía, de su autoría o no, tomada en gran parte del AT y puesta en boca de Jesús para describir lo que estaba pasando.

Efectivamente sucedió que en el año 70 D.C. tuvo lugar el primer asedio de Jerusalén, por las tropas comandadas por Tito, el futuro emperador, hijo de Vespasiano, y realmente fue el comienzo de la dispersión y la muerte de muchos habitantes de una provincia que le había resultado muy díscola al Imperio. Palestina no producía gran cosa, era una provincia pobre. Sólo era importante para el tráfico caravanero y el comercial en general, pero siempre fue una provincia de segunda para los intereses económicos del Imperio y además problemática.

Después de la toma de Jerusalén, recordada en el Arco de Tito que todavía hoy vemos en el Foro de Roma, la provincia deja de ser independiente y se convierte en un lugar ocupado por el ejército. Incluso en un área del Templo se erige una estatua al emperador y hay tropas que se instalan allí.

Es el comienzo del fin. La prédica profética se cumplirá totalmente. En el año 135, la guerra de Bar Kochba (el Hijo de la Estrella) terminará en la destrucción completa de Jerusalén y en la diáspora de los habitantes de toda la provincia. Ningún judío podrá ya vivir en su tierra... y así fue hasta 1948, año en que se proclama el nuevo Estado de Israel.

Pero el pasaje no habla solamente de destrucción; habla también de esperanza. Todas estas son señales del comienzo del fin.

El día del Juicio era esperado con ansias por el pueblo, creyendo que ese día todos los goim (no judíos) serían castigados... Ya no recordaban a Amós y Oseas que con justeza señalaban que el día de Juicio no sería de gozo, sino de llanto para el pueblo de Israel...Pero el Maestro añade algo a la profecía: ese día no será sólo para beneficiar a este pueblo, sino para todos los pueblos, y además ese día comenzará la liberación de la humanidad.

Jesús viene, según Lucas, y también Pablo, a liberar a todos y a todas por igual. Recordemos Gálatas 3:28: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús." Eso equivale a decir: el monstruoso e injusto sistema que crearon los seres humanos será redimido y el mensaje del Jesús y sus actos, cambiarán la historia. La esperanza es un final/comienzo, una redención mundial; casi podríamos hablar, en términos modernos, de una redención globalizada... Al Hijo del Hombre, como dirá Daniel en 7:13-14, se le concederá el dominio, gloria y reino de una casi segunda creación (u oportunidad) de los seres humanos, para que todos y todas sean libres y solidarios. Un nuevo comienzo de paz y justicia.

Debemos enfatizar que justamente el pasaje es para todos los seres humanos. Especialmente para los creyentes, pero también para aquellos que no creyeron, un nuevo mundo se aproxima.

Las primeras comunidades cristianas tomaron esta profecía al pie de la letra y muchas, como la de Corinto, tuvieron que revisar sus expectativas escatológicas, debido al requerimiento de sus jóvenes, que imprecaban a los ancianos con su ¿cuándo sucederá esto? (Epístola de Clemente Romano, c. 90 D.C.)

Pero debemos reflexionar sobre nuestras expectativas y sobre lo que hacemos en el entretanto. Porque desgraciadamente la historia del cristianismo está llena de intolerancias y de divisiones, debido a creer que las profecías eran solamente para los cristianos, así como antes los judíos creían que eran solamente para los judíos.

29También les dijo una parábola: "Mirad la higuera y todos los árboles. 30Cuando veis que ya brotan, sabéis por vosotros mismos que el verano está cerca. 31Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 32"De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."

Aquí el mensaje es más concreto, a pesar de que está dicho a través de una parábola. La venida del Reino de Dios es algo que debemos anticipar con alegría. Jesús nos enseñó a orar diciendo, "Venga tu Reino" (11:2). La venida del Reino será como cuando llega la primavera o el verano, y todos nos alegramos por ello. Será el tiempo de la redención de todos los seres humanos. Será el gozo; no el llanto. Será el momento en que la humanidad entera será redimida. Aquí Jesús aparece modificando las antiguas profecías.

"De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (v. 32).

Estas palabras hicieron surgir muchas comunidades que hacían hincapié en la escatología. Así los Montanistas en Asia Menor en el s. II; así ahora algunas comunidades, entre ellas las pentecostales. Pensamos que Lucas creía fuertemente en que la Segunda Venida estaba cerca... De a poco las congregaciones comenzaron a posponer sus expectativas, y a tratar de transformar el presente, como anticipo del Reino. ¿Pero estamos ahora también tratando de transformar el presente? ¿Hemos hecho nuestra opción por los pobres y estamos junto a ellos y para ellos? ¿Qué pasa con los enfermos, los necesitados, los que se cayeron del sistema (o los empujaron)? ¿Estamos haciendo algo por ellos? Entendemos que la redención está cerca, pero no bajemos los brazos pues y tratemos de gritar proféticamente, y de hacer proféticamente.

"El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán" (v. 33).

Es decir, podremos posponer nuestras expectativas, pero no se pierde la esperanza: la promesa se cumplirá. La promesa es fuerte. La expectativa se expresa también en acciones que adelantan lo que será el Reino, que paradójicamente ha comenzado con la venida del Hijo del Hombre.

34"Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y de embriaguez y de las preocupaciones de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día, 35porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de la tierra. 36Velad, pues, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre".

Jesús nos había instruido en cuanto a las señales que debemos esperar, y nos había explicado el significado de esas señales. Ahora, nos advierte que debemos estar preparados. Resuenan los ecos de la parábola de las vírgenes que deben esperar con las velas encendidas. Va a tardar... pero no sabemos cuánto. Lo que sí sabemos es que va a suceder y que debemos esperar en espíritu de oración y con corazones llenos de amor, comenzando la obra que culminará con su venida.

Seguramente no todos tienen problemas con glotonería y/o embriaguez, pero sí muchos tienen problemas con "las preocupaciones de esta vida." Éste es un tema que surge para un sermón sobre este texto. Gente sentada en los bancos de la iglesia se sorprenderá al saber que Jesús pone las preocupaciones que nos sacan demasiado tiempo de nuestras vidas, en el mismo grupo junto con la glotonería y la embriaguez. Pero lo que se nos dice, es que esas preocupaciones, debemos cambiarlas por expectativas de fe. Fe en que no caminamos solos y en que para "las preocupaciones de la vida" tenemos la ayuda del mejor de los amigos: Jesucristo mismo.

"Velad, pues, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre" (v. 36).

Que el Señor nos dé la fe necesaria para entender su mensaje y ponerlo por obra.